Tribuna de Santiago Cervera

Vuelta a los básicos

En marzo del año 2002, la revista “The Economist” publicó un artículo del británico Tim Hindle dirigido a los directivos de las empresas mundiales que habían quedado dañados –algunos, incluso arruinados- tras la ruptura de la burbuja de las punto-com. Se recordará que aquella fue la crisis previa a la actual, aunque a diez años de distancia parece como un mero orzuelo en comparación con el estado catatónico de gran parte de la economía mundial en este momento. Pues bien, en ese escrito Hindle se remite a unas virtudes clásicas que, según él, se abandonaron, y tras ello llegó el desastre. La solución para fortalecer economía y sociedad tras todo lo ocurrido –incluyendo el 11-S- debía ser volver a unos principios básicos, elementales, que en toda época han servido para progresar. Su consejo era tan sencillo de enunciar como transgresor en aquel momento: hay que ser honrado, hay que ser frugal, y hay que estar preparado. Y añadía, perdón por transcribirlo en inglés, lo siguiente: “At times of crisis, having the right people in the right place is vital. In a boom there is enough fat to absorb some bad judgment; in a recession good management becomes a survival issue.”

La historia desde aquel artículo hasta ahora demuestra que se hizo todo lo contrario. En gran parte del mundo, pero especialmente en España. La magnitud del colapso financiero en el que hemos acabado es el fruto de una pérdida de sentido común, plasmada en los desvaríos económicos y políticos que hasta aquí nos han traído, pero especialmente en la desatención a principios tan lógicos como los citados. La izquierda achaca todo a los excesos del mercado, pero lo cierto es que lo que ha fallado es el sentido mismo del mercado, pervertido a base de eliminar su carácter libre, transparente y abierto. Lo de la burbuja inmobiliaria, sin ir más lejos, no es nada distinto a tantas y tantas burbujas en la historia de la economía, caracterizadas todas porque no había nadie que no quisiera beneficiarse de cada una de ellas, especialmente los reguladores del cotarro. Así España ha llegado a un punto límite, en el que los siete años de socialismo han sido siete años en los que se ha dejado de tratar con honradez los problemas, se ha proscrito la frugalidad, y hemos sufrido los gobiernos menos preparados de nuestra historia.

Ahora toca volver a los básicos. No sólo porque sea lo ortodoxo, sino porque también es una cuestión de supervivencia. Atosigados en el marasmo europeo de estos días, muchos se cuestionen si hay alguna salida distinta al colapso final, o si la política es capaz de aportar algo nuevo. Justamente lo revolucionario ahora es retomar lo que nunca se debió perder. Y de ahí que la solución sólo pueda llegar haciendo aquello que siempre produjo buenos resultados, aquello que nos aleja de la exuberancia irracional en lo político o en lo económico. La honradez es decir la verdad y aportar el esfuerzo necesario. La frugalidad consiste en volver a vivir de acuerdo con nuestras posibilidades, especialmente la administración pública. Y estar preparado significa otorgar la confianza a quienes tengan algo coherente que decir y hacer.


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