Tribuna de Santiago Cervera

Ayete en la táctica de ETA

Lo de la Conferencia Internacional de Paz podría parecer un sainete si sólo nos fijáramos en esos desahogados invitados que se descolgaron por San Sebastián, en su escuetísima duración o incluso en el cutre encaje que tenían las mesas en la sala donde se desarrolló. Sin embargo, el sarao ha adquirido un valor táctico para Eta muy superior al que denotan las reviradas expresiones del comunicado difundido a modo de conclusiones. Incluso, más valor que el que ha supuesto la humillación explícita de sus víctimas –al parecer, efectos colaterales de esa “confrontación armada” que se cita en el primer párrafo del papelito- o el patente desprecio a nuestro propio sistema democrático. En esencia, Eta consigue en Ayete excusar su responsabilidad criminal y encauzar su acción a través de una mesa vinculada a la negociación política de sus propios intereses.

A lo largo de su historia, Eta ha concedido la mayor importancia a su papel como condicionante de las actuaciones del gobierno español. En Argel se desarrolló un modelo de negociación donde la banda se decía representante legitimado del pueblo vasco, y trataba asuntos relativos a la autodeterminación (“plano político”) pero también otros que se referían a su propio ser como banda criminal, como la amnistía o la impunidad ante los tribunales (ellos lo llamaban “plano militar”). Esto mutó sibilinamente a partir de Loyola. Eta optó por un cambio táctico por el cual encomendaba las cuestiones políticas a una “mesa de agentes sociales y políticos”, y aceptaba relegar las medidas de beneplácito jurídico a las que se creía acreedora a un momento posterior, en el que pudiera tratarlas directamente con el Gobierno de turno.

Ese nuevo escenario –dos mesas paralelas e implicación en el mejunje de partidos políticos de variada estirpe- debutó conceptualmente en el llamado acuerdo de Estella, pero tuvo su expresión máxima en la mesa de Loyola. Mesa propia de aquellos tiempos del Zapatero optimista antropológico, y en la que compartieron asientos, ignominia y actas el PSE, el PNV y Batasuna.

Lo de Ayete es esto mismo, pero aderezado con dos elementos nuevos, tremendamente relevantes para los terroristas. Uno, el haber introducido el concepto de “verificadores internacionales”, supuestamente cualificados para decirnos a los españoles si los pistoleros aparentan querer dejar de serlo. Y dos, la sacralización también internacional del concepto de "conflicto político", otorgado por la presencia de esos santones del pacifismo que este lunes copaban la escalinata del palacio que antes usó Franco para sus veraneos. El golpe escenográfico home and abroad es rotundo, como rotunda es la humillación a los españoles que nos creemos dueños de nuestras propias decisiones, articuladas en un Estado de Derecho digno de tal nombre. Lograr esa pretendida internacionalización del conflicto adquiere poder ante la opinión pública local y foránea, pero sobre todo garantiza que Eta ni pedirá perdón ni se desarmará de modo fehaciente, diga lo que diga en su próximo comunicado. A partir de aquí, nos va a tocar vivir tiempos complejos en los que convendría no acabar intoxicados por el humo de la mendacidad, el que ahora sustituye al humo de pistolas y bombas.


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