Tribuna de Juan Zamora

¿Quién puso a López - Sors?

Las conversaciones que mantuvieron los técnicos de salvamento marítimo al día siguiente de la avería del petrolero Prestige demuestran sin lugar a duda que las decisiones del entonces director general de la Marina Mercante, la autoridad marítima española, José Luis López-Sors, sobre la gestión de la emergencia, no estaban avaladas por los técnicos.

Simplemente López-Sors decidió alejar el buque y hundirlo basándose únicamente en un prejuicio que decidió convertir en dogma: nosotros salvamos a la gente, los buques que se hundan mar adentro. Armado con semejante simpleza, un auténtico disparate, el responsable de nuestra marina mercante convirtió un accidente en una catástrofe.

A ese error de principio siguió una catarata de mentiras y nuevos errores que han costado al Tesoro público centenares de millones de euros y al Gobierno de España una pérdida de credibilidad muy difícil de recuperar. Las mentiras para justificar la ignominiosa detención del capitán del petrolero, Apóstolos Mangouras, que van desde atribuirle un desafío al Estado hasta inventarse una “falta de colaboración con las autoridades”, todavía hoy nos abochornan y avergüenzan.

Una vez transformado un accidente en una catástrofe ecológica y económica, se obligó a todos los servicios de la Administración a trabajar para ocultar la verdad. A cualquier precio. Así, las acusaciones al capitán del petrolero, un profesional excelente a quien se quiso colgar la responsabilidad de la catástrofe; se promocionó a puestos de responsabilidad a quienes demostraron mayor celo y convicción en la tarea de mentir y condenar al capitán Mangouras; se falsearon documentos públicos y se persiguió con saña al jefe de la Inspección de Buques de La Coruña, Fernando Balbás, convertido en un símbolo de esos funcionarios honestos que no confunden la lealtad con el servilismo ni la prudencia con la cobardía. Un ejemplo que no acaba de cundir.

¿Quién convirtió a López-Sors en la primera autoridad marítima española? Una de las decisiones más importantes de los políticos que ocupan el poder es la de elegir a sus colaboradores y mandos dependientes. Para meter a López-Sors, el ministro del ramo, un recién nombrado Alvarez Cascos como ministro de Fomento, cesó a Fernando Casas, un profesional inteligente y conocedor de la marina mercante. Probablemente sea cierto que el oscuro López-Sors deba su nombramiento a las intrigas del entonces ministro Federico Trillo, la mano que mecía la cuna del Opus Dei político en aquellos años, combinadas con la soberbia testicular de un Cascos (“Quiero un director general nombrado por mí, no por el anterior”) que tiempo después sentiría el llamado divino para “salvar Asturias” de sus antiguos conmilitones del PP.

Sabido es que los políticos y burócratas que no son penalizados por sus errores, no aprenden. Se acostumbran a la impunidad y redoblan sus fallos. Pasa en otros sectores y magistraturas, pero particularmente en la Administración marítima. Sería, por eso, muy provechoso para la imprescindible regeneración democrática del país que exigiéramos la responsabilidad in eligendo a los ministros y autoridades que despreciando el mandato constitucional de primar el mérito y la capacidad colocan en puestos de responsabilidad a personajes como López-Sors.

Artículo aparecido en www.naucher.com/


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