Tribuna de Juan Zamora

El juicio del Prestige o la tragedia del “se hizo lo que se pudo”

A punto de agotarse este terrible 2012, urge hacer un repaso de los acontecimientos más descollantes ocurridos en las últimas semanas en la vista oral del proceso penal contra los tripulantes del Prestige y el ex director general de la marina mercante López Sors. En su vertiente mediática, el juicio decae a ojos vistas, pues los testigos, cuyo turno se inició el pasado día 11, resultan desconocidos del gran público y sus declaraciones aportan muy poco a lo que los medios han venido publicando. Para los profesionales interesados, los interrogatorios mantienen el interés por saber qué postura adoptará éste o aquel testigo, y si tendrán el valor de mantener ante el tribunal lo que muchos les han oído comentar de manera informal, en conversaciones incluso grabadas, o si por el contrario mostrarán en público su apoyo a las tesis oficiales, aún a sabiendas de que son insostenibles. Detalles, en suma.

El ex jefe del centro de coordinación de salvamento de Finisterre, José Pose, con título de capitán de la marina mercante y años de mando a sus espaldas, hoy jubilado, no tuvo empacho alguno en afirmar que hubiera sido necesario refugiar el Prestige en Corcubión, por ejemplo; que el capitán Mangouras fue maltratado por las autoridades, y que la gestión del accidente fue una tragedia. Su homólogo en el centro nacional, en Madrid naturalmente, Pedro Sánchez, afirmó ante el tribunal, por contra, que se hizo lo que se pudo, que Mangouras no obedeció y que la decisión de “sacar” el buque fue acertada.

Ángel del Real, ex capitán marítimo de La Coruña, ahora presidente de la Autoridad Portuaria de Ferrol, se apuntó al sostenella y no enmendalla. El cargo obliga. Cierto es que contradijo en varios puntos claves la declaración de López Sors (por ejemplo, sobre el fuel derramado por el petrolero en las 21 horas que transcurrieron desde que sufrió la primera avería hasta que quedó enganchado al remolcador Ría de Vigo), detalles relevantes pero alejados del interés del público, que sólo conservará en su memoria la facundia del testigo al afirmar que volvería a repetir lo que se hizo, que fue lo mejor, afirmación que a estas alturas supone un insulto a la inteligencia: la peor marea negra en aguas europeas; más de 2.000 kilómetros de costa contaminados; miles de toneladas en los fondos marinos de la plataforma continental; más de 100.000 aves muertas; miles de personas directamente afectadas, y más de 4.000 millones en daños… ¿Cómo es posible sostener todavía que ésta era la única y la mejor solución al problema? ¿Cuál sería, entonces, la peor? Abrigar el buque en la ría de Corcubión, tradicional lugar de refugio ante los temporales de aquella zona, hubiera costado menos de 50 millones, incluyendo la operación de salvamento, la limpieza de la costa y los gastos de compensación por daños, tal como estimó el entonces presidente de la International Salvage Union, Joop Timmermans, en un congreso celebrado en Bremen en 2004. 

Una actuación que dejó pasmados a los presentes, incluidos los miembros del tribunal, fue la de Serafín Díaz, ex subinspector de seguridad marítima, el elegido por la autoridad para abordar al Prestige en la mañana del día 14 de noviembre de 2002, un personaje que dejó tras de sí la evidencia de su asombroso “concepto de las cosas”, por decirlo en sus propias palabras. Afirmó el señor Díaz, cual indigno prestidigitador, que los tripulantes del barco boicotearon las máquinas del buque a base de “detalles para fracasar la misión en que iba yo” y de paso embarrancar el buque con intención, perversa y maligna sin duda, pero que no pudo o no quiso explicar. Ningún hecho documentado, ninguna declaración testifical o pericial, ningún análisis de lo acontecido sostiene semejante delirio. “Yo no miento; yo soy sincero”, repitió, inasequible al desaliento, una y otra vez.

La estulticia, premiada en la Coruña

Este hombre ha estado diez años explicando, con gravísimo daño de su credibilidad, que él puso en marcha las máquinas del petrolero utilizando su inmensa profesionalidad y sus infinitos conocimientos, en lucha titánica contra los malvados tripulantes y las complejísimas instalaciones y enrevesados equipos del buque. Y eso mismo, bien es verdad que con algunas contradicciones y múltiples incoherencias, confirmó ante el tribunal, cuyos miembros le escucharon estupefactos. Recordar que este pintoresco personaje vio premiados sus disparates con el nombramiento como capitán marítimo de La Coruña produce más miedo que vergüenza.

También han pasado por el estrado, entre otros, testigos puntuales que iban a bordo de los helicópteros que rescataron a los tripulantes del buque, el patrón de uno de los remolcadores que fueron enviados para auxiliar al petrolero herido y algunos funcionarios de segunda fila, cuyos testimonios sobre aspectos puntuales no añaden ni restan nada a los hechos probados que constan en autos. Algunos de ellos, imbuidos de que el juicio les brinda su penúltima oportunidad de acceder al minuto de gloria de que hablaba Andy Warhol, se sacan de la manga visiones curiosas y percepciones de los hechos que extraen de los presentes una sonrisa por el ingenio. Detalles, ya digo.

Cada día está más claro que el tremendo error de criminalizar a los marinos que sufrieron el accidente nos está costando mucho dinero y no menos prestigio. A quienes participaron en la decisión de presentar ante la Guardia Civil una denuncia contra la dotación del Prestige, a saber, el ya citado ex director general de la Marina Mercante, López Sors, y el ex capitán marítimo de La Coruña, Ángel del Real, deberíamos haberles castigado a escribir un millón de veces la frase “pensar antes de actuar, y consultar antes de ejecutar”. Todavía nos quedan, si nadie lo remedia, varios meses de calvario judicial antes de que el tribunal dicte sentencia, y ello once años después de la comisión de los supuestos delitos. Como escribió el poeta, también yo me pregunto “¿cuándo se pierde el juicio, cuándo se pierde, cuándo, si no es ahora que la justicia vale menos que el orín de los perros?”. La gestión del accidente del PRESTIGE fue un desastre y el proceso penal, una locura.


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