Tribuna de Jesús Santaella

Las consecuencias del conflicto

Sí. Es un día histórico. Por fin se ha conseguido. Para unos, han entrado en razón. Para otros, han tirado la toalla. Lo importante es que se ha acabado. El horror y el terror de cuarenta años ha finalizado. Y lo ha hecho, en una suerte de paralelismo con aquella dictadura en cuyo enfrentamiento  tal vez pretendió obtener su legitimidad  de origen, al amparo de una reunión en el Palacio de Ayete. Donde el autócrata -¿se dice así ahora?- reunía a sus Ministros para clausurar las vacaciones veraniegas cada año. O de donde surgieron los famosos “40 de Ayete”.

La historia nos suele proporcionar estas sorpresas. Y, se quiera o no, ETA ha vuelto a situarse en el centro de una campaña electoral. Que, computados los plazos en términos civiles, esto es, de fecha a fecha, se inaugura con su comunicado hoy 20 de octubre y finalizará el 20 de noviembre. ¡Más casualidades en términos de aniversarios históricos! ¿Fue esa la razón de la elección de la fecha de las elecciones por el Presidente del Gobierno? ¿Asociar a la memoria de Franco el fin de ETA?

Me da igual. Como español me alegro de que se acabe la preocupación de tantos miles y miles de compatriotas amenazados en sus vidas y haciendas. Y me congratulo porque otros tantos miles puedan volver sin preocupaciones allí desde donde emigraron a la fuerza. Sobre todo pienso en que ojalá nunca más, nunca más ninguna persona próxima a las víctimas reales de aquella barbarie tenga que volver a reproducirla al hilo de nuevos atentados. Nunca más ETA, nunca más la violencia en nombre de ninguna idea. 

 Pero estos cuarenta años han dejado consecuencias, sí. El comunicado de ETA –por cierto, ¿por qué no tuvieron el valor, la sensibilidad estética y la afirmación firme en protesta de  su propia credibilidad, de comparecer sin capuchas?-, invita al diálogo sobre las “consecuencias del conflicto” a los gobiernos español y francés. No dice con quién. Ni condiciona al buen fin de ese diálogo el fin definitivo de la lucha armada. Esas “consecuencias” –bendito eufemismo- son los presos y los miembros de la organización responsables de delitos no habidos por la Justicia. También son los familiares de las víctimas. ETA no exige negociar. La negociación se plantea entre iguales y conduce a una transacción. ETA viene a pedir, a rogar, en definitiva, lo que puede permitir solucionar “las consecuencias del conflicto”.

ETA pide gracia. Porque la amnistía y el indulto, que ambas medidas son legal y constitucionalmente posibles en el caso, son medidas de “gracia”. Y como medidas de gracia deberán implicar a  las víctimas, cuya opinión será fundamental, siquiera sea por respetar los trámites imprescindibles en los expedientes de indulto. Las medidas de amnistía, necesitadas del rango de ley orgánica, son otra cosa. La sociedad española es generosa. Ya se hizo en 1.977, se repitió en 1.982 –soy testigo directo de aquella operación-, se intentó en 1.989, se insistió años después y ahora no podrá ser de forma diferente. Pero sólo si nadie pretende sacar ventaja. Felicitémonos todos. Enhorabuena, España.

Jesús Santaella es abogado. Fue Secretario General Técnico de Justicia cuando se indultó a los miembros de ETA PM VII Asamblea en 1.982.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba