Tribuna de Jesús Santaella

Excusatios y oficiosidades manifiestas

Confieso que por la familia Conde Pumpido tengo un especial afecto. De antiguo. A la Presidente del Consello Consultivo Gallego, Teruca, compañera de Facultad. A su padre, Cándido Conde Pumpido Ferreiro, con quien mantuve tantas horas de trabajo entre 1.976 y 1.982, en asuntos variopintos desde puestos funcionariales diversos en materia de vivienda, información y justicia.

Hasta compartir incluso banco de defensa como abogados de parte los dos, luego de su jubilación como fiscal. Y por Cándido hijo, actual Fiscal general, siempre he tenido una particular admiración. Desde la Facultad común y a lo largo de su trayectoria profesional en Orense, San Sebastián, Segovia y Madrid. A todos nos une un peculiar y particular vínculo con la tierra gallega. Y ese cariño, o quizá por culpa de la simpatía que siento por esos apellidos tan arraigados en lo jurídico, hoy me ha removido algo en el interior.

Casi sin precedente –yo no los recuerdo, aunque haberlos seguro que habrá alguno, o no?-, Cándido hijo ha decidido abstenerse en el asunto “campeón”. Sí, ese que afecta al Ministro de Fomento. El de la gasolinera, que también es un sitio idóneo para provocar el incendio que le envuelve. Natural. Y cita un precepto que le ampara. El artículo 28 del Estatuto del Ministerio Fiscal. Y una causa. Amistad íntima con el llamado a ser encausado en “causa especial” ante el Tribunal Supremo.

Lo que ha venido a hacer mi admirado Fiscal General –y lo digo sin ironía, lo juro-, es confesar algo absolutamente digno. Que es amigo en grado de intensidad suficiente con José Blanco, número dos del PSOE que en su día le nombró para el cargo que ocupa, por lo que en modo alguno puede actuar en el proceso al que una modesta y valiente Juez de Lugo le ha llamado. Y, lo hace ante el Consejo Fiscal, o la Junta de Fiscales de Sala del Supremo, con notoriedad, para que se opere el procedimiento legal. Le dice a sus inferiores, vinculados a él por vía de dependencia jerárquica, que hagan lo que les parezca en el asunto, porque él, el Fiscal General, que es íntimo amigo del imputado, no les va a dar instrucción alguna. En otras palabras, que hagan con su íntimo amigo lo que tengan por conveniente.

Mi reconcomio interior es que si era necesario ahora hacer tal ostentación pública de reconocimiento de amistad íntima en un asunto judicial que podría afectar a la honra y la libertad del íntimo amigo, no se hiciese lo mismo en aquellos asuntos igualmente judiciales que afectaban a la honra y la libertad de adversarios del amigo íntimo en lo que se configuraba éste como particular acusador. Son de condición diferente a efectos del ejercicio de sus imparciales facultades como Fiscales los amigos íntimos del Fiscal General del Estado y los adversarios de tales amigos íntimos?

Yo estoy seguro que los Fiscales, les confiese o no el Fiscal General del Estado su particular relación de amigos, conocidos o simplemente compañeros de tarea, ejercerán y ejercen siempre con imparcialidad su función. Por eso no entiendo la oficiosidad y la excusa de Cándido en identificarse en público como amigo íntimo de José Blanco. Porque ocurra lo que suceda, tanto en el caso del amigo íntimo, como en el de los enemigos del íntimo amigo, será la Fiscalía la que resulte cuestionada. Aunque entre gallegos ande el juego, no se puede sorber y silbar al mismo tiempo. Eso sólo lo pudo hacer Pío Cabanillas. Y no hay dos. Cándido ha puesto tan difícil el asunto “campeón” con su singular decisión, que su abstención sólo tendrá credibilidad si Martín Casallo insta a la Sala Segunda la inmediata admisión a trámite del asunto, la incoación de la causa especial y los oportunos requerimientos a la Diputación Permanente del Congreso. Si no, quién va a creérsela.


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