Sueños ciudadanos

El tiempo y los 25 de Rajoy

Rajoy parece sentir el tiempo ya a sus espaldas y ha debido caer en la cuenta de que tal vez ande escaso de frases que puedan servir para recordarlo. Por eso en la Junta Directiva Nacional del Partido Popular de la pasada semana, órgano de debate que se reunía por primera vez desde 2012, tras eludir casi una decena de convocatorias  estatutarias, sintió la necesidad de dejar algo esculpido a cincel, y dio en afirmar que los problemas del PP no interesan más que a veinticinco, será que los tenía bien contados.

La sutileza de este Rajoy lapidario recuerda al Stalin que preguntó cuántas divisiones tenía el Papa

Es cruel que a los políticos se les recuerde por sus errores, pero la sutileza de este Rajoy lapidario recuerda al Stalin que preguntó cuántas divisiones tenía el Papa, tal vez comparta con él esa legendaria capacidad de despreciar al adversario, seña inequívoca del elegido al que los dioses quieren perder. Frente a esa minusvaloración de sus debilidades, Rajoy se atiene a la ilusión de todos los políticos, a su capacidad de controlar el ritmo, el tiempo, encantamiento del que no le habría podido librar la sumisión, tan cínica como indecorosa, que, disfrazada de discreto entusiasmo, le profesaron de consuno con aplausos y parabienes los seis centenares de miembros de dicha Junta, entre los cuales seguro que hay más de veinticinco que no están tan entusiasmados con el Presidente como éste lo está con sus supuestos éxitos.

Prietas las filas

Los responsables del PP aceptaron el mandato de apretar filas con dos condiciones implícitas. La primera, que no pasa nada por probar a ver si suena la flauta el 25 de mayo porque ya no hay tiempo de rectificar con la palabra los violentos achuchones a que se ha  sometido a los electores, entre los que los muy cabreados son un altísimo múltiplo de veinticinco, y, en segundo lugar, por estar persuadidos de que esa Junta es únicamente un abrevadero de aplausos, y de discretas ausencias, reservándose cada cual el mirar por lo propio sin necesidad de que Rajoy pasee por todas partes su carismático plasma. Pero, además, todos ellos sabían muy bien que el tiempo de prueba es ya muy corto y el gran debate que se traen, entre discreteos de todo tipo, es cómo será el calendario entre mayo y fin de año, porque, sin necesidad de adelantar acontecimientos, es obvio que un descalabro mayúsculo en Madrid y en Valencia, y en otros sitios, cuyos titulares no consideran nada menores, dejará plenamente sin vigor la monserga del crecimiento económico y los éxitos del Gobierno al librarnos del rescate.

Todo abona la idea de consagrar en las inocentes mentes de los muy partidarios la idea de que en Génova y en Moncloa todo el mundo ha cumplido siempre con su deber

El repudio de los corruptos

La corrupción no se quedó sin castigo verbal en el discurso marianil, pero cabe temer que esas razones, a moro muerto gran lanzada, como el peregrino argumento que esgrime, abundantemente, con  la sutileza que le es característica, el portavoz del PP en el Congreso (“que explique Bárcenas de dónde ha sacado esos millones de euros”) suenen en el oído de los votantes algo así como si Obama preguntase en voz alta quién ha sido el responsable de que haya un negro al frente de la Casa Blanca. De todos modos, nunca está mal que se repitan las doctrinas correctas, aunque no deja de ser llamativo que se piense que los electores podrían abrigar dudas sobre si el PP pretende castigar o no a los corruptos. Todo abona la idea de consagrar en las inocentes mentes de los muy partidarios la idea de que en Génova y en Moncloa todo el mundo ha cumplido siempre con su deber, y de la más alta manera, y que al que ha sido malo se le ha despedido, con delicadeza y en diferido, porque el PP no es un partido guerracivilista.

El partido que responde

La idea de presentar al PP como un partido responsable que hace lo que hay que hacer, más allá de programas y promesas, cuadra muy bien con la calificación de la política como un debate sin ningún interés, una posición que se deduce con claridad del tono dogmático  y del pretendido lenguaje técnico con el que los miembros de este Gobierno responden a las demandas críticas. Así, si alguien se atreve a cuestionar la continuidad de nuevas inversiones en el AVE, se responde que el AVE es la fuente del I+D, lo que explica muy bien lo que la señora Pastor entiende por investigación, y se afirma, además, que gana dinero, sutilezas contables aparte. El PP no sólo se siente como un partido responsable, sino que piensa que quienes le combaten con argumentos de peso son personas muy mal intencionadas y sin puñetera idea de lo que es el BOE como fuente inagotable de toda bondad.

Parapetado tras el escudo de la responsabilidad, Rajoy trata de sentirse invulnerable, ajeno al vaivén de las ideas, los sentimientos y las ocurrencias del populacho

Parapetado tras el escudo de la responsabilidad, Rajoy trata de sentirse invulnerable, ajeno al vaivén de las ideas, los sentimientos y las ocurrencias del populacho. Parece confiar en que la ejemplaridad de su Gobierno y el sentido de responsabilidad de su partido al sacrificarse por la causa acabe impresionando a los electores, de tal manera que no les quede otro remedio que acudir a refugiarse en sus brazos. Ese es el sentido de la esperanza rajoyana, no que le juzguen por lo que ha hecho, sino por el supuesto milagro de que el porvenir sea tan halagüeño que quienes han sufrido los rigores de Montoro se arrepientan de sus odios infantiles y acudan masivamente a las urnas a defender a sus esquilmadores, de derechas, por supuesto.

El tiempo y yo, a otros dos

No creo que Rajoy haya recordado lo que dice Gracián en su Oráculo manual que “El mismo Dios no castiga con bastón, sino con sazón. Gran decir: El tiempo y yo, a otros dos. La misma Fortuna premia el esperar con la grandeza del galardón”, porque aunque esa frase pueda abonarse en beneficio exclusivo de la impasibilidad, podría hacerle salir de su ensimismamiento al sugerir que el tiempo sin sazón es tiempo vano. Es la sazón, no el mero paso del tiempo, lo que decide el premio, y se antoja escasa la oportunidad de que madure. De desmentirse esa esperanza de mejora, o si hubiere que descartar un reconocimiento temprano de tales beneficios, a Rajoy y a sus impasibles siempre les quedaría el recurso comparativista entre ellos y los demás, un discurso en el que las perspectivas inmediatas podrían arruinar las estrategias de fondo, porque mientras la plana mayor del Gobierno, es decir, del PP, insiste en presentar a Ciudadanos como unos arrapiezos advenidizos y sin maneras, muchos de sus capitanes territoriales los cortejan con escaso disimulo. Ha pasado el carnaval, pero para algunos todavía queda mucho margen para los bailes de máscaras.


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