Sueños ciudadanos

Una representación de la crisis y la crisis de la representación

Los resultados de las pasadas elecciones europeas están provocando una larga serie de consecuencias políticas en un proceso de digestión lenta que está lejos de concluir. Para valorarlo, recordemos cuáles eran las expectativas: se anunciaba por todas partes una crisis del bipartidismo, incluso un hundimiento. Los resultados han sido suficientemente distintos de la hipótesis previa, y por eso la valoración está resultando ligeramente más enrevesada de lo esperado.

El éxito de Rajoy y la crisis del PSOE

Hay que empezar por llamar la atención sobre el éxito, aparente, al menos, de Rajoy, que se puede valorar con tres parámetros: mejor resultado que el PSOE, frenazo a VOX y ralentización del crecimiento esperado de Ciudadanos y UPyD, y, por último, emergencia espectacular de Podemos que puede darle al PP el impulso necesario para forzar una nueva mayoría relativa a lomos de un miedo que el PP no cesa de atizar ante la supuesta aparición del maligno en el horizonte inmediato. Hay más, pero esto no es poco, mucho más de lo que cabía esperar de los merecimientos directos de la gestión rajoyana.

La dirección del PSOE no ha sido capaz de digerir sus malos resultados, que se llevaron por delante lo poco que quedaba en píe del PSOE de las últimas décadas. La sustitución del líder ha dado píe a un proceso de final incierto pero que coloca al PSOE en una expectativa no de éxito, sino de supervivencia. El PSOE no parece tener a día de hoy posibilidad alguna de alzarse con una victoria en las generales, y eso puede ser demoledor para un partido de poder, aunque, hoy por hoy, no existen condiciones objetivas que permitan hacer un pronóstico que supere el nivel de la mera conjetura.

La nueva oferta de la izquierda y el frenazo a otras alternativas

La aparición de Podemos ha dado lugar a una catarata de comentarios de lo más diverso. Su triunfo tiene que ver, sin duda, con factores coyunturales, el enorme apoyo de las televisiones a su líder, pero también expresa un amplio estado de ánimo ciudadano que se manifestó en el 11M y que responde a la idea de que la casta política no representa los intereses y las demandas de los ciudadanos. Su discurso ha insistido en que los poderes públicos se han preocupado más de la Banca que de los desahuciados, y no por razones de eficacia económica, sino por una identidad de intereses y objetivos. Podemos ha sabido convertir ese descontento en un plexo emocional que ha convencido a muchos ciudadanos asqueados y desesperados por los efectos de una crisis larga y aparentemente indomeñable.

VOX no ha conseguido escaño y ha entrado en un proceso difícil e incierto, UPyD y Ciudadanos apenas han conseguido una mejora de sus posiciones previas

Aunque entre UPyD, Ciudadanos y VOX se hayan conseguido cerca de dos millones de votos, un 11,2% de los emitidos, ese resultado ha sido completamente negativo para la dinámica de los tres partidos con aspiraciones a arrebatar espacio de los dos grandes: VOX no ha conseguido escaño y ha entrado en un proceso difícil e incierto, UPyD y Ciudadanos apenas han conseguido una mejora de sus posiciones previas, algo, en cualquier caso, extremadamente lento y desesperanzador en relación con las expectativas que todos ellos parecían haber suscitado. Así pues, la izquierda se divide, el centro no crece de manera apreciable y la derecha no apoya decididamente a ninguna alternativa distinta a la que escasamente aprecia.

El desmarque de Sosa Wagner

Esta misma semana, el cabeza de lista de UPyD en las europeas ha tenido una iniciativa insólita, ha dicho en público y de manera suficientemente clara lo que muchos militantes de UPyD y muchos votantes repiten privadamente en miles de conversaciones: que no hay manera de entender que Ciudadanos y UPyD no acierten a unir sus fuerzas visto el levísimo matiz que separa sus propuestas. Sosa ha argumentado de manera muy pertinente su análisis y lo ha hecho desde el punto de vista que entienden los ciudadanos que aspiran a que su voluntad sea representada de manera eficaz en las instituciones, sin distingos que no son fáciles de justificar si no es por el interés de las minorías políticas que explotan esas diferencias en su provecho, en fortalecer el ámbito partidista y cerrado en el que se imponen sin dificultad. 

Este deseo de eternidad política, una clara secuela del franquismo cuya única meta llegó a ser la perdurabilidad, conseguida hasta los funerales, nada tiene que ver con el espíritu de la democracia

Sosa ha puesto de manifiesto la íntima unión que hay entre estas dos cuestiones, y se ha expuesto a recibir toda suerte de descalificaciones personales por parte de quienes lideran su partido y aspiran a permanecer en el cargo tanto como sea posible. Este deseo de eternidad política, una clara secuela del franquismo cuya única meta llegó a ser la perdurabilidad, conseguida hasta los funerales, nada tiene que ver con el espíritu de la democracia en la que es esencial la destituibilidad, la alternativa y el relevo pacífico.

Sistema, crisis y representación

Junto con el anunciado derrumbe del bipartidismo, el marbete más usado para tratar de describir cuanto nos pasa es el de crisis del sistema. Se trata de una idea en la que confluyen muy diversos elementos de difícil articulación y cuyo análisis desborda ampliamente la intención de esta nota. En ella confluyen, en todo caso, la idea de que “no nos representan” que emanó como una bocanada de hartazgo desde el 11M y que comparten desde los republicanos a quienes piensan que se hace necesaria una democratización interna de los partidos como único camino para que puedan cumplir las dos funciones constitucionales, participación y representación, un ideal que muy amplios sectores del pensamiento conservador, fuertemente implantado en España, aunque más en la práctica que en su vertiente académica, consideran completamente impracticable. Aquí tocamos con un elemento que desborda ampliamente el ámbito político, con un factor cultural de la mayor importancia al que dedicaré un último y breve párrafo.

Es un síntoma penoso que se haya respondido al desafío político de Sosa Wagner con la moral del rebaño, aludiendo a la necesaria solidaridad, siempre un poco mafiosa, del núcleo dirigente

En unas notas que Ortega empleó para sus Meditaciones del Quijote, hace ahora cien años, y que acaban de publicarse, escribió el filósofo lo siguiente: “Pienso que el español no necesita ser impulsado y sometido a la educación por la disciplina de un partido. No creo que haya hombre más disciplinado en este sentido que el español: es lanar. Al contrario creo que tenemos que educarnos en la independencia intelectual, a pensar el mundo desde lo alto de nuestra frente”.

Es un síntoma penoso que se haya respondido al desafío político de Sosa Wagner con la moral del rebaño, aludiendo a la necesaria solidaridad, siempre un poco mafiosa, del núcleo dirigente, a las directrices del partido. El hecho de que se considere ambicioso, desleal y pernicioso que se debata claramente lo que se dice por todas partes, muestra que estamos todavía lejos de aquel ideal que expuso en una de sus más brillantes y decisivas intervenciones Adolfo Suárez, que no hemos sabido hacer normal en las instituciones lo que es normal en la calle: eso es, justamente, lo que hace que el sistema esté en crisis, que no acierten, ni siquiera cuando dicen intentarlo, a representarnos. La democracia no puede existir cuando se sustituye descaradamente al demos por los intereses más nimios e intransferibles de los happy few


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba