Sueños ciudadanos

Tres escenarios electorales

Las elecciones europeas del pasado domingo han supuesto una notable alteración del panorama político habitual, y lo que todo el mundo interesado en estas cuestiones se pregunta es hasta qué punto estas novedades marcan una tendencia o pueden inscribirse bajo el socorrido marbete del voto de castigo. Cuando se puedan conocer las encuestas postelectorales habrá alguna luz adicional sobre qué han hecho los votantes, pero ya ahora se pueden plantear una serie de incógnitas cuya resolución marcará el futuro de la política española.

En primer lugar el vencedor nominal, el PP, que ha perdido una cantidad de votos inusitadamente alta. Arriola, que dice saber mucho de esto, sobre todo una vez que los resultados se conocen, ya ha explicado que no hay que pasarse de listo sacando conclusiones, regla que siempre es recomendable, especialmente en política. Se trata de un consejo muy saludable para los dirigentes del PP, aunque hasta el imperturbable Rajoy ha dicho que a estos resultados habría que darles una vuelta, y que comprende a los que no le han votado, si bien cabe suponer que comprenderá mejor a los que sí lo han hecho, que todavía son bastantes. En definitiva, seguro que Rajoy cree que es mejor pensar en otra cosa. Pero los que no tienen tan altas responsabilidades, el común de los mortales, quizá se hagan la pregunta del millón: ¿volverán a votar al PP los millones de votos que ahora le han dado la espalda? ¿A cambio de qué podrían volver? No hace falta ir muy lejos para encontrar electores del PP que juran y perjuran que jamás volverán a pecar, tal vez el cuarto de millón que ha cosechado Vox, que ha quedado fuera del reparto por unas décimas.

Algunos se malician que el invento de dispersar el voto de la izquierda aumentando la oferta para dar oportunidades a los descontentos de la enseña principal puede tener una consecuencia inesperadamente feliz para el PP, permitirle recurrir al voto del miedo frente a la amenaza de un frente de izquierda radical y con capacidad de alcanzar mayorías. En cualquier caso, para ver en qué para todo esto hay que pasar antes por las municipales y autonómicas, un escenario muy distinto, pero en el que podrían entrar con fuerza en el reparto siglas que ahora no tienen presencia, si repiten sus porcentajes del domingo, y no digamos si los mejoran.

La respuesta a estos primeros interrogantes depende del PSOE, y Rubalcaba parece haberse movido con rapidez. Un PSOE muy disminuido tendrá que optar por un 'Zapatero bis' que le permita recuperar voto por su izquierda, o aliarse en ventaja con ella, o, por el contrario, podría intentar una vuelta a sus mejores años tratando de encontrar no un Zapatero sino un Felipe González. Caben apuestas, pero puesto que en el PSOE hay unos cientos de dirigentes que conservan la cabeza sobre los hombros, lo razonable parece apostar por una reinvención moderada de la oferta socialista que le podría colocar en condiciones de ganar al PP o, en otro caso, de formar un gobierno de concentración y/o de gestión con él, tal vez para "resolver" el problema catalán, modificar la Constitución y colocarse de nuevo en el lugar de privilegio que le ha hecho perder, a cambio de casi nada, el mandato zapateril.

¿Se acabó el bipartidismo?

¿Y qué se hizo del "fin del bipartidismo" del que tanto se ha hablado? Pues que de poder ser una realidad se halla todavía muy en sus comienzos. Los números electorales son tozudos y no siempre son fáciles de comprender. Por ejemplo: la famosa victoria de ERC en Cataluña, si se mira bien, se queda en que solo un tercio del total de electores catalanes ha votado a las fórmulas soberanistas, un bulto un poco menos aparente que el de las plazas tomadas y las esteladas al viento. Los dos grandes partidos han perdido muchos votos pero aún conservan en sus bodegas un porcentaje muy considerable y hay que suponer que se empeñarán en cortar las hemorragias, aunque con algunos nunca se sabe.

Hay que volver, pues, a la cuestión del principio. ¿Son estas elecciones el comienzo de algo nuevo o un mero episodio de lo de siempre? La respuesta no depende sólo del futuro, sino de lo que hagan a partir de ahora las nuevas formaciones de éxito, como Podemos, las que han mejorado, pero sin exagerar, como IU o UPyD y Ciudadanos, y las que se han asomado al escenario, como Vox, sin llegar a obtener papel pero con un buen saco de votos a las espaldas.

La política puede parecer espasmódica cuando se mira en el corto plazo, pero se mueve con ritmos cuasi geológicos que raramente tienen marcha atrás. El tiempo, decía Quevedo, ni vuelve ni tropieza, y las oportunidades que se pierden tal vez no se recuperen nunca, lo que reza también, y especialmente, para los grandes. Algunos han comparado a Rajoy con Churchill, se ve que andan escasos de referencias más cercanas. Puede que Rajoy gane unas elecciones generales por segunda vez para no ser menos que otros, pero ahora mismo más parece que está a punto de lograr que una de las mayorías más sólidas de la democracia española se desvanezca, que es lo que según Marx caracteriza el desarrollo de la burguesía, pero sin duda ese teutón no estaba al tanto de las mañas que se pueden desarrollar entre Finisterre y el golfo de Valencia para que el aire mismo pueda parecer piedra berroqueña.


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