Sueños ciudadanos

Las elecciones y la música celestial

Las elecciones del próximo domingo se van a celebrar en un clima político de especial incertidumbre lo que les va a robar buena parte del carácter específico que teóricamente debieran tener, especialmente en las grandes ciudades. Sea cual fuere su resultado no se va a interpretar como la aprobación o el rechazo de una gestión determinada, de alcaldes o presidentes de comunidad, sino que, para bien o para mal, se leerán como una enorme macroencuesta  sobre nuestro inmediato futuro político. Como ayer recordaba aquí mismo Manuel Muela, buena parte de sus efectos dependerá del nivel de participación, de si deciden votar o no, y de cómo lo hagan, un número importante de los que habitualmente se abstienen, aunque la impresión de que el número de indecisos es muy alto hace sospechar que la participación pueda ser muy baja, justamente lo que conviene a los dos grandes partidos que se han dado buena maña en favorecerlo con una campaña capaz de convencer, incluso  a los más adictos, de la inanidad perenne de la política.

Buena parte de los pronósticos se están inclinando a suponer que las elecciones del 24 se saldarán con un “…fuese y hubo nada”, como en el soneto cervantino al valentón

Resolución de incógnitas

Buena parte de los pronósticos se están inclinando a suponer que las elecciones del 24 se saldarán con un “…fuese y hubo nada”, como en el soneto cervantino al valentón, pero no sería la primera vez que el electorado desmienta los pronósticos de los que se suponen expertos, y algo de eso ha pasado en Inglaterra y en otros lugares de Europa agitados por malestares no del todo disimilares a los hispánicos. Claro es que nuestros políticos son auténticos maestros en el arte del análisis reversible, es decir, en explicar cómo han ganado aunque no lo hayan hecho, o en felicitarse por las dulces derrotas, como hizo Alfonso Guerra en 1996, de manera que se preparan para que el pedrisco, si es que se produce, no les arruine el negocio.

Rajoy & Sánchez y la coda Esperanza

Sin embargo, la realidad es tozuda, y estas elecciones pueden pasar algunas facturas poco gratas. Para Rajoy, por ejemplo, será difícil mantenerse en el timón si el nivel de voto del PP en las grandes ciudades experimenta un nuevo descenso similar al de las europeas, es decir si se queda muy por debajo del treinta por ciento, cerca de los peores resultados obtenidos por la vieja Alianza Popular. En caso contrario, el espejismo de una futura victoria le dará nuevas alas capaces de llevarle hasta el batacazo final. El destino de Pedro Sánchez está también bastante en el alero, pero, en este caso, los pronósticos son todavía más azarosos que en los del resiliente Rajoy. Una de las profecías más baratas del presente es la que afirma que en el PSOE puede pasar cualquier cosa, porque no es fácil imaginar un cuadro de similar habilidad para ponerse las cosas difíciles como el que está pergeñando el dueto Sánchez & Díaz, a base de no dar una en el clavo. 

En el caso del PP es posible que se desvele otra incógnita: si Esperanza Aguirre consigue romper los pronósticos  comunes, o si se estrella contra la roca de la incredulidad, víctima de una ola general de rechazo que la dejaría completamente fuera de combate, algo así como si Gallardón, su circunstancial eterno enemigo, se vengase postreramente de ella diciendo “yo me he ido por mi propio píe, mientras que a ti te han liquidado las urnas”.

Podemos se ha esforzado denodadamente en desmentir la propaganda contraria mostrándose con un perfil tornasolado, casi de centro, y obtendrá los correspondientes frutos equívocos

Los nuevos, y no tanto

Podemos se ha esforzado denodadamente en desmentir la propaganda contraria mostrándose con un perfil tornasolado, casi de centro, y, como es lógico, obtendrá los correspondientes frutos equívocos, crecerá algo, pero, pese a la debilidad del PSOE, sin nada que ver con lo que alguna vez dijeron soñar, y seguramente verá como IU, el partido al que hizo una OPA tan hostil como insolidaria entre compañeros de viaje, acaba teniendo presencia suficiente como para no garantizarle el control de la izquierda más doctrinal y primaria. 

Ciudadanos provoca sentimientos encontrados en casi todas partes, lo que probablemente no será mal síntoma. El PP se debate entre el cortejo o el hablar de ellos como una forma especialmente peligrosa de la izquierda, objetivo ciertamente difícil mientras Montoro siga haciendo de las suyas, y salvo que se entienda que la política de izquierdas consiste no en hacer sino en decir, terreno este en el que el PP puede parecer casi irreprochablemente liberal. Ciudadanos obtendrá buenos resultados por sí mismo, y gracias a la inestimable ayuda de Rosa Díez, pero pasará momentos de grave tribulación a partir del lunes 25. Cuando Ciudadanos comience a navegar por sí mismo, y no llevado por los desastres ajenos, tendrá que jugarse el tipo en una especialidad, la de crear un partido realmente situado en el  centro, objetivo en el que han fracasado, y en muy breve plazo, políticos de larga experiencia, claro es que sin el auxilio del hartazgo que ahora está provocando la insolencia política de los titulares del sistema. Pero hasta que eso pueda suceder, votar a Ciudadanos puede ser un excelente ersatz al pateo del escurridizo culo de Rajoy.

Los españoles tienen una tendencia bastante explicable a considerar que la política sólo sirve para responder a una pregunta esencial: “¿qué hay de lo mío?”

La canción del IVA

Los españoles tienen una tendencia bastante explicable a considerar que la política sólo sirve para responder a una pregunta esencial: “¿qué hay de lo mío?”, predisposición racial, sin duda, pero hábilmente espoleada por el ejemplo continuado de tantos políticos hábiles en la corrupción y consumados maestros en llevar el AVE, y cosas harto más inútiles, al municipio que tuvo la dicha de alumbrarlos. En esta tesitura, los músicos, los de la ceja, y algunos más, han tenido la brillante idea de hacer una subcampaña a favor de que se les retire el IVA común, una imposición de Hacienda que resulta ser una enorme desfachatez que sólo se comprende en un país que no se cuida de sus genios, o que, al menos, el dichoso gravamen se les rebaje de manera sustancial, o quiditativa que diría Quevedo. Resulta que un IVA alto perjudica sus muy cultos intereses, ¡gran descubrimiento!, pero como se preocupan del bienestar común y de que siga existiendo la sociedad universalmente subvencionada, no piden que se bajen los impuestos (que es muy de derechas), sino que se los bajen a ellos, porque pierden dinero y ganan poco. Me parece asombroso que haya gente que pueda quedarse tan fresca pidiendo esa rebaja particular, y, si resulta inevitable, una subidita para los demás, y que lo hagan, supongo, en nombre de la solidaridad. Son bastante listos estos chicos, no cabe duda, y hasta es posible que en el zuriburri que previsiblemente se monte para formar gobiernos, alguna coalición de bienquedas les ponga el IVA al 4%, aunque no sea de su competencia, que eso en España es lo de menos.


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