Sueños ciudadanos

Terra nondum cognita

Los mapas primitivos reflejaban con harta imprecisión el territorio conocido, pero colocaban por las cuatro esquinas una leyenda que señalaba lo ignorado: “Terra nondum cognita”, tierra todavía no vista, terreno que hay que explorar. El futuro se parece a los territorios ignotos en que admite muchas suposiciones y se presta a fantasías, pero, a diferencia de las tierras nunca holladas, siempre acaba por colapsar todas sus variadísimas posibilidades, habitualmente con enorme disgusto  de los profetas.  Veremos, pero, de momento, todo son conjeturas, y es claro que no podemos quejarnos de que su rango de variación sea precisamente escaso: en un país en el que parece que nunca pasa nada, empieza a poder pasar de todo.

Podemos fue impulsado casi desde antes de nacer, era una larva bien conocida, para dividir a la izquierda, y a fe que lo está consiguiendo

Cuando los proyectos se convierten en pesadillas, o de lo sublime a lo ridículo

En lo que se supone son los estados mayores del PP puede que esté cundiendo el desconcierto ante la enorme pujanza en las encuestas de Podemos. Como en esos talleres se trabaja con discreción y siempre se presume de los éxitos, los haya o no, es de suponer que es estarán preparando explicaciones alternativas de un fenómeno que, sin duda ninguna, gozó del impulso inicial de Génova & Moncloa y que, lo que no es menos evidente, está rindiendo frutos amargos para el eterno rival. Podemos fue impulsado casi desde antes de nacer, era una larva bien conocida, para dividir a la izquierda, y a fe que lo está consiguiendo, pero siempre que se abre la caja de los truenos, pueden acabar pasando cosas que no están en el libro de instrucciones. No se trata, sin más, de que Podemos pueda quitar voto a la derecha, sino de que la puede dejar reducida a su esqueleto menos lucido, porque la división de la izquierda se produce al tiempo que crece de manera sustancial su sector de la tarta electoral, hasta el punto de que  pudiera llegar a darse el caso de que el tradicional reparto a dos del electorado se convierta en un reparto a tres, y sin conservar el orden de magnitudes previo. En las encuestas ya se ha desplazado al PSOE, y al PP puede que le queden un par de telediarios, en especial, si se diese la temida debacle municipal y autonómica.

Puede que nada de esto ocurra, pero el riesgo, sea cual sea su magnitud, es evidente. No cabe mucha duda de que diseñando un escenario electoralmente favorable para el PP puede haberse hecho lo necesario para que surja un monstruo de muchas cabezas y un parlamento fatalmente escorado hacia donde todos sabemos. Habrá expertos a los que no les tiemble la voz cuando tengan que explicar lo que ha ocurrido, si llegase a ser cierto, pero hasta los más elementales, que no son pocos, podrán preguntarse si para ese viaje eran necesarias tales alforjas, una estrategia tan veleidosa.

Sánchez ha dicho a los suyos que se tienen que poner a trabajar, lo que ha debido sonar un tanto raro en los oídos de quienes se habían acostumbrado a ganar, a veces por goleada, sin demasiados esfuerzos

A trabajar

El PSOE, sea lo que sea lo que nombramos con esas siglas, no parece ser tan responsable del surgimiento de Podemos, aunque bien pudo acariciar la idea de que su eclosión haría polvo a Izquierda Unida (¿se acuerdan?), pero está haciendo toda clase de méritos para que los chavistas-comunistas-socialdemócratas-patriotas-indignados puedan pasar con toda comodidad de las musas al teatro. Parece realmente asombroso que un partido ya viejo esté siendo capaz de cometer un  numero tan alto de tonterías estridentes. En medio de un hundimiento al que no le falta modelo (la pasokización), la única apuesta razonable parece ser la del joven y reciente secretario general. Sánchez ha dicho a los suyos que se tienen que poner a trabajar, lo que ha debido sonar un tanto raro en los oídos de quienes se habían acostumbrado a ganar, a veces por goleada, sin demasiados esfuerzos. Parece evidente que el PSOE es la primera víctima de un proceso social que tal vez no estemos sabiendo analizar con toda la crudeza que merece.

Que el PSOE se decida a dispensarse de decir y hacer tontadas es un gran propósito, pero no podemos tomarlo todavía como noticia.  Es, exactamente, un gran trabajo el que necesita realizar ese partido para poder volver a ser una referencia ineludible de la España contemporánea, pero parece evidente que para eso no basta ni tirar de recuerdos ni querer ganar a los populistas por su izquierda, un poco a la manera de ese showman que es Carmona, que no está dispuesto a callarse ni en un bombardeo, pero al que se le ocurren cosas tan peregrinas como ir a interponerse en un desahucio, con el éxito que es fácil imaginar.

Da la sensación de que al PSOE le pesan mucho todavía sus viejas hipotecas, pero como no empiecen a recomponerse en serio, asistiremos a un más que notable espectáculo, a contemplar como un viejo partido mimado de la fortuna se puede ver engullido por una turba sin apenas identidad hasta quedar  reducido a una caricatura que hasta sus más acérrimos enemigos deberían considerar enteramente improcedente. Les quedan bastantes menos meses de los que hacen un año y, si no aciertan a seguir a Sánchez, o Sánchez no acierta a vestir dignamente su papel, se quedarán sin nada.  

Soberanía en vena

Las recetas de Podemos son mágicas, como de libro de cocina de hace mas de doscientos años, que ya los había. Su estilo ha prendido en una sociedad ávida de sentimientos (a veces disfrazados de razones) y harta de que las cuentas lleven una década saliendo muy mal.

Este soberanismo podemil tiene un único defecto: no se acaba de entender que siendo un recurso tan potente lo empleen en tan pocos casos, como si no abundasen las desgracias en esta piel de toro harta, confusa y malherida

No es el menor de sus aciertos esa lectura que hacen de la soberanía como si tal cosa pudiera ser algo así como el ungüento amarillo. Predican el patriotismo para que lo identifiquemos con no pagar lo que debemos, lo que no es sino una original relectura de aquel exabrupto de Samuel Johnson, según el cual el patriotismo es el último refugio de los canallas. Este soberanismo podemil tiene un único defecto: no se acaba de entender que siendo un recurso tan potente lo empleen en tan pocos casos, como si no abundasen las desgracias en esta piel de toro harta, confusa y malherida. Yo desearía un patriotismo empeñado no ya en no pagar la deuda sino en crear una Justicia sin tacha o una Universidad verdaderamente para todos, sin exámenes, tasas, ni controles antidemocráticos, un poco a la manera de los proyectos de Errejón. O para arreglar fenómenos aparentemente incorregibles como la economía sumergida, aunque no sé si sobre esto tienen ideas todavía más audaces, vistas sus cuentas, o el mismísimo cambio climático, sin ir más lejos. Tras su soberanismo resuena nítidamente el “exprópiese” de Chavez, y es lástima que no le den a la idea un rango un poco más amplio, justo lo que necesita un país tan escasamente milagrero, tan estudioso, riguroso y analítico como es el nuestro.

El vil metal

En una escena memorable de House of Cards, el personaje que interpreta Kevin Spacey, se dirige a la cámara y le confiesa al espectador que no consigue entender cómo algunos tontos no ven la diferencia que existe entre tener dinero y tener poder. No sé si Rajoy, o cualquiera de sus cabezas de huevo, habrá visto la escena, pero  me temo que más de uno habrá pensado alguna vez que no deja de ser una  pavada poner en riesgo el poder por no haber sabido ejercerlo, por haberse dedicado a convencer a los españoles que ellos debieran seguir al frente de la nave al haber sido capaces de darle a cada ciudadano unos euros de más, especialmente cuando al ciudadano no acaban de salirle las cuentas. No sé lo que diría Frank Underwood del plan, pero me temo que su comentario ante la cámara sería extremadamente mordaz.


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