Sueños ciudadanos

¿A Rolex o a setas? El dilema de Rajoy

Casi todo el mundo conoce el chiste de vascos: Iñaki y Patxi salen al campo a por setas, pero mientras buscan, Iñaki se encuentra un auténtico Rolex, cosa que comunica alborozado a Patxi, quien le responde un tanto mosqueado: ¿pero bueno a qué hemos venido a Rolex o a setas? Esto mismo debió de pensar un molesto Rajoy cuando se enteró de que Gallardón pensaba dimitirle ante el Congreso, como si el Ministro de Justicia pudiera rendir cuentas a alguien distinto que a su presidente y le recordó al verso suelto que estaban a setas, anunciando la inmediata retirada del anteproyecto de Ley Orgánica de protección del concebido y los derechos de la mujer embarazada, que el público más desinhibido ha denominado Ley del aborto.

Antecedentes, el susto de Arriola

La imagen pública de Arriola se ha edificado sobre una sólida fama de asesor que procura decir lo que sus clientes quieren oír, pero, de ser ciertos los toros, el afectado ha debido olvidarse, al menos por un día, de semejante ética, puesto que les espetó a los líderes del PP una serie de amargas verdades en el reciente conclave seguntino de la dirección popular, reunidos como estaban, al menos por una vez, no para aplaudir al líder, sino para escuchar al arúspice.

Tres fueron los malos auspicios: que el bajón electoral de las europeas no parecía haber sido coyuntural sino estructural; en segundo lugar, que el CIS indicaba que el electorado creía que Rajoy y el PP, unidos para siempre, se situaban en el 8,5 en una escala de 1 a 10, una escala en que el estar situado en el 5 se considera sinónimo de ocupar el centro político, mientras que desplazarse hacia el 10 significa caminar hacia la extrema derecha, ese espacio en el que los electores dejan, al parecer, de considerarte útil para la refriega electoral; en tercer lugar, que era probable que el número de votantes del PP que podrían apoyar a Podemos se situase en torno al medio millón de votos.

Muchos creyeron que era la hora de hacer algo y se confiaron al aplaudidísimo instinto del líder máximo capaz de deshacerse de todos sus enemigos sin siquiera hacer ademán de echar mano a la espada, y Gallardón, vaya usted a saber por qué, pensó que tendría que empezar a pensar en una dimisión súbita, elegante, teatral, histórica.

Los aristócratas húngaros y el arte de interpretar los mapas

En su Biografía de la Física, refiere George Gamow una divertida escena que atribuye a unos aristócratas húngaros perdidos en un bosque: estaban consultando numerosos mapas, de los que nunca están escasos los poderosos, para tratar de remediar su aturdimiento espacial, cuando, tras muchas disputas, uno de ellos, que pensaba ser el más avispado, dijo: “Ya lo tengo, estamos allí”, señalando una cumbre no demasiado lejana. Esto es lo que los filósofos llamarían un error categorial, confundir el mapa con el territorio, las encuestas con los electorados, un error que es tanto más fácil de cometer cuanto menos claro se tenga lo que se quiere hacer, digan lo que digan los mapas y las encuestas.

Independientemente del juicio moral que merezca la actitud displicente de Rajoy y de su PP frente a un asunto de tanta enjundia y delicadeza como el que afecta al anteproyecto desaparecido en el mar de las encuestas, resulta especialmente imperdonable la ligereza de las disculpas ofrecidasy la impudicia que demuestra la falta de respeto a las promesas, a los electores y a los compromisos adquiridos.

Siempre he creído que este asunto acabaría como lo ha hecho, pero no dejaré de asombrarme una vez más, y puede que no sea la última, del desparpajo insolente con que Rajoy se desembaraza de todo lo que le incomoda, aunque sea el rosario de su madre del que hablan las coplas, cuando piensa que le aparta de su fin último, que no es otro que el ganar, al precio que sea. Su peor pesadilla está, sin embargo, en otra parte: a poco que el Banco de España no haya sido tomado por antirajoyistas furibundos, sus notas hacen evidente que tampoco vamos a poder gozar las mieles de la recuperación económica, de manera que abundan los que piensan que el PP cabalga alegre hacia el abismo: tras de mí el diluvio, no parece, a primera vista, un lema muy conservador.

La receta para Podemos

Con un panorama tan complicado no cabe excluir que las dos fuerzas mayoritarias, el PP y Pedro Sánchez, que tiene sus propios problemas, pero es la cabeza del PSOE, se llegue a un acuerdo muy simple, cubrir con un manto de silencio a los portavoces de Podemos, una receta que se ha aplicado con éxito en otros casos, de forma que  esta hipótesis antisistema se quede sin oxígeno, lo que seguramente será más fácil viendo las dificultades que Podemos está experimentando para comparecer en las municipales, un lío con dos papeletas que se lleven a matar.

Se trata de dar la vuelta a la fórmula arrioliana que dio vida a Podemos para lograr ventaja sobre el PSOE en la europeas, visto que la criatura ha podido salir demasiado cara. Total que lo mismo se le ponen las cosas de cara al joven Sánchez y consigue zafarse del férreo marcaje al que se le somete desde Andalucía: es lo que tiene el calendario político, que da y quita fortunas bastante al margen de los merecimientos, porque a veces vas a por setas y te encuentras con lo inesperado. 


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