Sueños ciudadanos

Rajoy, autócrata

La designación de candidatos a cualquier elección es uno de los problemas más difíciles de resolver en todos los partidos políticos de cualquier parte del mundo, pero ese es un problema que se da por resuelto en el Partido Popular, como hemos podido comprobar hace unos días cuando don Mariano Rajoy Brey decidió comunicar a un nutrido grupito de empresarios, periodistas e incondicionales, que él sería el candidato del PP en las próximas generales. No dijo que él querría ser, como modesta y mansurronamente hizo doña Esperanza Aguirre en su momento, y refiriéndose meramente a la Alcaldía madrileña, sino que sería. Y para que no hubiese duda alguna sobre la idoneidad de su elección, aseguró a todos los presentes que con él en la presidencia del Gobierno se iban a sentir mejor.

Podría resultar que los españoles no apreciaran en toda su grandeza el generoso gesto de don Mariano al nombrarse candidato

Afortunadamente y, de momento, esa es una decisión que escapa a los infinitos poderes y saberes de don Mariano Rajoy Brey, porque podría resultar que los españoles no supiesen apreciar en toda su grandeza y significación el generoso gesto de don Mariano al nombrarse candidato y exponerse a que los españoles le den la espalda o, dicho de manera más gráfica, a que decidan olvidarse de lo mucho que le deben y la emprendan a patadas en las augustas posaderas de nuestro peculiar autócrata.

Gritos y susurros

¿Cómo es que don Mariano se ha aprestado a manifestar su voluntad y a ejercer ese singularísimo poder, tan sin fondo como sin fundamento, sin esperar a que unos y otros acudiesen en masa a rogarle que diese ese paso? ¿Acaso ha querido evitar que se puede considerar como adulación y puro pelotilleo el grito unánime de los enardecidos cuadros, militantes y votantes del PP a favor de su autonominación?

En esa formación absolutamente autosuficiente e insensible a las veleidades y los cambios de opinión de las turbas, son muchos los observadores que aseguran haber notado un nada escaso pesimismo acerca de la capacidad de Rajoy para aportar votos a unas urnas que las encuestas anuncian con voluntad decreciente en lo que se refiere al partido que tan eficientemente dirige el señor Rajoy, con el apoyo eficacísimo de doña Cospedal y de un buen número de meritísimos varones duchos en las más diversas disciplinas políticas, la oratoria, la persuasión, el liderazgo y la ejemplaridad, por citar sólo las más relevantes. Parecería como si Rajoy hubiese querido ahogar esas voces apenas susurradas aplicando su espada a romper el nudo de dudas y temores que atenaza a algunos atribulados políticos que no osan decir en público lo que repiten a hora y a deshora en los cenáculos matritenses y provincianos.

Líder, en la vida del PP, es aquel a quien nadie se atreve a discutir, y a estos efectos se ordenan los estatutos y las disposiciones orgánicas que rigen un partido tan singular

Un liderazgo sólido

Ya pueden mesarse los cabellos los politólogos tratando de averiguar cuáles son las cualidades que definen al líder, que en el PP tienen perfectamente resuelta esta cuestión, y un sinfín con ella ligadas. Líder, en la vida del PP, es aquel a quien nadie se atreve a discutir, y a estos efectos se ordenan los estatutos y las disposiciones orgánicas que rigen un partido tan singular, de modo que los Congresos puedan aplazarse a placer, las reuniones de órganos de gobierno y control posponerse de manera indefinida, etc. etc. con la sabiduría práctica adicional de que esas reuniones se celebran de manera tal que ya el mismo orden del día prevé que nadie pueda  hablar, no sea que vaya a decir algo inconveniente. Hay que reconocer que este modelo de partido favorece decididamente lo que el franquismo llamaba la ordenada concurrencia de criterios, alquitarada aquí al máximo porque criterios no hay más que uno... y a ti te encontré en la calle.

Corrupción y modelo de partido

Hay quien sostiene que no existe relación alguna entre la corrupción y este modelo de partido, “que nadie se mueva hasta que el mando de la orden”, una especie de democracia de amiguetes que ahora parece quiere imitar el señor Rivera, prohibiendo a todo el mundo decir cosas que no haya dicho previamente él, pero la verdad parece precisamente lo contrario. Se trata de una alternativa muy simple: si no hay forma de hacer política aunque se ocupe un puesto relevante, lo normal es dedicarse a hacer dinero, y ya se sabe que un político no va a poner negocios de poca monta en marcha, de forma que resulta evidente que señores tan listos como Trillo y Pujalte tienen que dedicar sus energías a favorecer la vida de las empresas que se adjudican ejemplarmente contratos públicos. Como no tienen que ganarse el afecto de sus votantes, sino tan solo la benevolencia de Rajoy, que desea no ser molestado, es lógico que inviertan su fértil imaginación y mucha sapiencia en asuntos de su interés.

Los Parlamentos fueron inventados para controlar y evitar los impuestos que querían imponer los monarcas y ahora se han convertido en la máquina inagotable de aumentarlos

Falta de control del gasto público

Lo peor que se puede decir de los Parlamentos es que fueron inventados para controlar y evitar los impuestos que querían imponer los monarcas y ahora se han convertido en la máquina inagotable de aumentarlos y justificar el gasto público, tanto para la izquierda, que tiene un pase, porque profesa la curiosa creencia de que gastar lo que no se tiene es una buena manera de enriquecerse, como para la derecha, que dice no profesarla, pero se aplica a gastar todo lo que pueda en beneficio de sus amigos y sus votantes, pero como el que gasta es, mayormente, Rajoy, los segundones tiene que dedicarse, como en la parábola evangélica,  a recoger las migajas que caen de la mesa del rico Epulón, y es lógico que quieran que a esa mesa lleguen muchos caudales para que los peanuts sobrantes sean mollares, o sea como lo de Bárcenas.  Esta es la consecuencia más grave del consenso socialburócrata del que hablaba Javier Benegas en estas mismas páginas, y el tener bien cerrado el sistema de control del partido ha permitido hacer el milagro de que un partido, me refiero al PP, que prometió la bajada de impuestos los haya subido más allá de lo que hubiera imaginado el mismísimo Varufakis, mediocre imitador, a la postre, de las amnistías de Montoro.

Todo tiene que ver, el exceso de poder de Rajoy, la mansedumbre de sus seguidores, la indulgencia de la Justicia, el interés de los potentados, la corrupción sistemática, el miedo como arma política, el secuestro de la información, ese conjunto de cualidades que nos han conducido a una democracia demediada y jibarizada, a olvidar por completo que la democracia o es un control del poder, o no es nada.


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