Sueños ciudadanos

Miedo en el cuerpo

De una manera muy general podría decirse que los estrategas del PP, que es una forma un poco rara de referirse a Arriola y a Rajoy, aunque no sé si en ese orden, parecen haber pasado de la intención de meter miedo en el elector, a sentir la impresión de que los electores les pueden dar un buen susto, cosas de la democracia, aun en su versiones más escasas y jibarizadas. 

El experimento ha salido rematadamente mal, y se ha estropeado definitivamente el idílico panorama electoral que imaginaban los de la gaviota

Es evidente que el PP se las prometía muy felices, viéndose en plan Gary Cooper, sólo frente al peligro de Podemos, pero el experimento ha salido rematadamente mal, y se ha estropeado definitivamente el idílico panorama electoral que imaginaban los de la gaviota: resulta que han conseguido dividir el voto de izquierdas, sea lo que sea que significa eso, lo que era un objetivo de gran importancia por su repercusión en el reparto de escaños, pero el precio pagado ha sido muy alto, porque el conjunto de votantes de esa opción ha crecido muy claramente en términos cuantitativos. Esta es una maniobra que contribuirá a explicar lo que sería una indiscutible hazaña política, caso de haber sido ideada por los adversarios, el haber logrado pasar de una mayoría absoluta incuestionable, con bastante más de una decena de millones de votos, a una posición muy disminuida, que nadie puede atreverse a considerar cómoda, en poco más de dos años y medio. Bueno, tal vez Arriola sepa explicarlo, pero cabe temer que no le queden oyentes.

Tambores contra el desastre

Los más afligidos no saben ya como vender un mensaje político que no produzca erisipela, y recurren a recordar a los españoles lo necesaria que es la estabilidad, lo mucho que hay en juego, los peligros del populismo, el riesgo de dejar el Estado en manos inexpertas, cuando podríamos apostar por que siguiera en las de Arenas, que siempre ha sabido capear los temporales manteniendo la posición, y otras horrorosas amenazas de este jaez. 

Los más curtidos en análisis electorales confían en que se repita el fenómeno de 2007, pero al revés. En 2007, el PP ganó las municipales, aunque por estrecho margen, pero perdió seguidamente las generales del 2008, lo que da píe a que algunos sugieran que el batiburrillo que se puede experimentar con gobiernos municipales inestables, extraños pactos locales, aunque tal vez no tanto como el de Monago en Extremadura con IU, comunidades autónomas sin posibilidad clara de formar gobiernos de mayoría y otras epidemias no menores, hagan que los electores vuelvan la cara atemorizados hacia Moncloa y vitoreen de nuevo a Rajoy, o le dejen proponer a una abogada del Estado como candidata salvadora, que todo podría pasar si el Bien Común lo aconsejare

Si el PP no es capaz de despedir a quienes les ha llevado a la ruina, lo harán, sin duda alguna, los electores

Y parió la abuela

Como colmo de males, el PSOE en manos de Pedro Sánchez parece recuperarse, de forma que se ha realizado otro milagro portentoso cual es el de recuperar en horas veinticuatro a un partido absolutamente desprestigiado y sin horizonte alguno. ¿Qué culpa pueden tener los del PP en la exitosa consagración de Sánchez? Abrazado en pactos extraños con Rubalcaba no supieron ver que los electores se quitarían de en medio a don Alfredo si no eran capaces de despedirle sus compañeros de partido. Eso ya ha sucedido y los electores y los militantes del PP debieran tomar nota de que los cambios son posibles, y que si el PP no es capaz de despedir a quienes les ha llevado a la ruina, lo harán, sin duda alguna, los electores. El problema es que no hay mucho tiempo para tratar de aplicar la lección, desde finales de mayo hasta comienzos de otoño, cosa de los calendarios que son un poco más inamovibles que las convocatoria previstas de los órganos de control del PP, que pueden llevarse, y así se hace, a las calendas grecas.

En el PSOE se han atrevido a poner muy detrás de la primera fila a José Luis Rodríguez Zapatero, y a no dejarle hablar en las convenciones, de manera que, al menos, han identificado de manera correcta el origen y símbolo de sus males, otra cosa es que vayan a ser capaces de no repetirlos. En el PP, por el contrario, agarrados a la historia de que el Gobierno nos ha librado de un rescate, y otras proezas similares, siguen sin darse cuenta de que pueden estar arruinando muy buenas labores por persistir en adornarlas con la lacia barba presidencial. Wittgenstein hizo una parodia de la verificación afirmando que era como si alguien saliese a la calle a comprar otro ejemplar del mismo periódico que ya tenía a ver si las portada eran coincidentes: pues eso es lo que ha hecho este PP al someter a análisis sus políticas, reunir a seiscientos aplaudidores silentes para que escuchen de nuevo lo bien que le parece a Rajoy todo lo que dice que ha hecho.

El 25 de mayo empezará el castañetear de dientes y será de ver el cabreo y la decepción de los buenos candidatos que pierdan el sillón por su relación pasiva y sumisa

Días de furia

El 25 de mayo empezará el castañetear de dientes y será de ver el cabreo y la decepción de los buenos candidatos que pierdan el sillón por su relación pasiva y sumisa con una marca que hace ya mucho tiempo ha sido abandonada por el desodorante, lo que ocurrirá, sobre todo, si el PP pierde Valencia y Madrid, lugar en el que ha ensayado un ticket electoral que puede ser tan embriagador como explosivo. Naturalmente que el PP tendrá muchos votos, pero Dios sabe que lo importante no es que sean muchos, sino que sean más, y que para eso, hace falta que voten no sólo los que nunca dejarán de hacerlo, sino que lo hagan unos cuantos millones que lo han hecho alguna vez, muchos de los cuales juran, por motivos tan extensos y variados que no admiten resumen, que no volverán a hacerlo mientras el PP no deje de ser lo que está siendo. Vendrán luego unas semanas de sofoco e incertidumbre, pero los electores del arco liberal y conservador, que, aunque las palabras puedan evocar principios contrarios, han sabido unirse muchas veces para hacer cosas de cierto interés, empezarán a exigir de manera perentoria que no se vaya a las elecciones generales en unas condiciones tan precarias, que alguien se atreva a hacer política, aunque no sea abogado del Estado. Nunca se sabe lo que acabará por suceder, pero, en cualquier caso, será digno de verse.


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