Sueños ciudadanos

Jóvenes y ¿preparados?

De la misma manera que la guerra es algo demasiado serio para dejársela sólo a los militares, la política en las exclusivas manos de los políticos no es ningún peligro menor, y, más o menos, eso es lo que hemos descubierto los españoles en la última década. Dicho de otra manera, la democracia no está en peligro, únicamente, porque la puedan  derribar unos golpistas, sino, sobre todo, porque la pueden eviscerar, jibarizar y prostituir aquellos que la gobiernan cuando empiezan a hacerlo en su beneficio, o con demasiada soltura. 

La sabiduría popular nos advierte de que frente a todo problema complejo siempre existe una solución, simple, brillante…, y equivocada

Simplifica que algo queda

La sabiduría popular nos advierte de que frente a todo problema complejo siempre existe una solución, simple, brillante…, y equivocada. Esto es, de momento, lo que estamos viendo por todas partes desde hace un quinquenio. Primero, los indignados y su precipitado podemita que dice que acabará con todos los problemas de un plumazo, con el simple procedimiento de quitar a la casta para poner al pueblo en su lugar, aunque ya se haya visto que de ese pueblo ni siquiera forma parte el bueno de Monedero, que parecía tenerlo todo tan claro.

En un segundo acto, Susana Díaz corta el nudo gordiano de la política andaluza adelantando las elecciones y creando un problema más grave que el que existía previamente, y, por fin, Albert Rivera, que tras meses de sobreexposición mediática llevada con cierta dignidad, ha revelado finalmente el gran fondo de inspiración de su política soltando su primer tontería indisimulable, sacando a pasear su profunda convicción de que todo se podrá arreglar cuando los políticos dejen de tener más de treinta y tantos años, o algo así, que se trata de una memez que admite muchas variantes.

La toma de la Bastilla

Pocos sucesos históricos han tenido tanto eco siendo tan mínimos e irrelevantes como la toma de La Bastilla que aunque apenas puso en la calle a cuatro desgraciados ha pasado a ser el símbolo de toda una revolución, pero, en la realidad, la toma del poder, incluso en democracias tan poco afinadas como la nuestra, es bastante más difícil de lo que parece, las expectativas se desvanecen, los globos se desinflan y resulta que, al revés que en El Quijote, los molinos de viento son, en realidad, fornidos gigantes

Desde este punto de vista, las elecciones de Mayo van a ser un gigantesco ensayo, pero no se sabe bien de qué, si de un gran cambio, al menos tan publicitado como improbable, o de una enorme confirmación de que, como en el viejo chiste de Mingote, al cielo, lo que se dice al cielo, van a ir sólo los de siempre, es decir PSOE y PP, PP y PSOE más las marcas regionales de acreditada obediencia. Veremos. No estoy diciendo que desee que tal cosa acabe sucediendo, simplemente que para que deje de pasar no basta con que lo deseen, aunque sea fervientemente, unos cuantos, y que, aunque sean muchos, pueden no ser los suficientes.

Se dice que Ciudadanos es un partido nuevo, pero, en realidad, lo que es nuevo es las muchas ganas de votarlo que parecen existir por todas partes

Ciudadanos y el dilema del prisionero

Se dice que Ciudadanos es un partido nuevo, pero, en realidad, lo que es nuevo es las muchas ganas de votarlo que parecen existir por todas partes. Ciudadanos lleva una década entre nosotros, mas precisamente en Cataluña, y se ganó las simpatías generales haciendo la oposición al pujolismo que el PP y el PSOE no han querido o no han sabido hacer. Apareció como un partido de centro izquierda, esto es como un partido esencialmente acomodaticio, pero ahora parece pretender una nueva alianza de socialdemocracia y liberalismo en dosis menores, de manera que lo que se vea sea a Albert Rivera, y esa es su ventaja y su abismo.

Es posible que Ciudadanos acierte en el futuro a convertirse en un partido realmente nuevo, pero de momento está siendo una plataforma para apoyar a un líder definido de manera puramente negativa, por lo que no es, más que por lo que quiere o piensa. Su estrategia puede tener éxito en un momento en el que muchos y muy distintos desean darle una patada a Rajoy y a sus mariachis, pero, más allá del placer que siempre provoca el civilizado castigo de la destitución, el rumbo de Ciudadanos no está suficientemente claro, algo que, probablemente, ni siquiera Rivera se haya parado a pensar, dado que, al fin y al cabo, es un político español, un improvisador con cierta maña para caer bien.

Ciudadanos no se ha atrevido a hacer lo que los más avisados del PP advierten que podría hacer: sustituir al PP, hacerse sin disimulo alguno con su electorado, y no lo ha hecho porque Rivera pretende obrar el milagro de moverse de donde está sin abandonar la silla, y eso no siempre resulta fácil. Rivera es prisionero de un afortunado pasado y de un porvenir incierto. Si el porvenir no estuviese en juego, podría ganar las elecciones de corrido, pero, al menos de momento, no ha hecho lo que debiera para intentarlo en serio.

El poder suele tomar por tontos a los ciudadanos, pero raramente se asiste a un recochineo como el de esta Vicetodo

¿Qué PP, Soraya o Zarzalejos?

El PP ha ofrecido en estos días de inicio de campaña, aparte de las ridiculeces habituales como ver a Rajoy en bicicleta, dos imágenes opuestas y significativas, la de Soraya comentando los resultados de Cameron y la de Zarzalejos, secretario general de Faes, y alejado de la primera línea pero una de las mejores cabezas con las que cuenta ese partido, advirtiendo sobre el significado político de Ciudadanos. 

Me gusta repetir una frase de Miguel de Espinosa: Empero, los mandarines saben que la Gobernación sólo tiende a permanecer; en último extremo, la política es la simpatía del Poder hacia sí mismo”. Me he acordado de la cita viendo, hace unos días, a la Vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría reír abiertamente a propósito de los resultados de las elecciones británicas, y del fracaso de las encuestas. El poder suele tomar por tontos a los ciudadanos, pero raramente se asiste a un recochineo como el de esta Vicetodo. Comparar a Rajoy con el premier inglés es como comparar a Cristo con un gitano, y el mismo disparate se comete si se compara al PP con el partido conservador británico, nada que ver. Tampoco se puede comparar la política económica de ambos gobiernos, ni su política en general. No creo que Cameron crea que sus ciudadanos son tan tontos como cree Soraya que somos los españoles, pero los motivos de la risa son enteramente peculiares y allá la vicepresidenta si encuentra consuelo en algo tan lejano. 

Lejos de esa suficiencia, Javier Zarzalejos ha dicho, un tanto oblicuamente, una cosa muy clara, que no hay manera de entender cómo el PP no pone a Ciudadanos en su sitio, cosa que el mismo ha hecho con brevedad y trazo fino. Su análisis es claro, pero para los votantes puede que no se trate tanto de analizar como de preferir, y que esas preferencias no den por supuesto, cosa que implícitamente asume Zarzalejos, que hay un único PP y que ese PP es el de siempre.

Para quienes piensen que Rajoy ha batido todos los records de incumplimiento no ya de un programa de gobierno, sino, aún más, de una identidad política, la suave antipolítica de Ciudadanos puede ser preferible a taparse la nariz e imaginar que Rajoy es de los suyos, especialmente en unas elecciones cuyo resultado adverso podría servir para obligar al PP a despertar de su largo sueño tecnocrático, disimulón y chapucero, para que pueda volver a ser un partido en que, como dice Zarzalejos, quepa todo lo que está a la derecha de la izquierda.


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