Sueños ciudadanos

Grecia, sofistas y trileros

La discusión sobre lo de Grecia está suponiendo una abundante cosecha de perlas, pese al confuso batiburrillo de tópicos sobre el que descansa la percepción pública del asunto. Como abundan los bobos, todavía hay quienes razonan aludiendo al riesgo de que Platón, ¡nada menos! quede fuera de juego, porque cualquier cosa vale, menos coger el toro por los cuernos, especialmente cuando, además, no es sólo uno el toro que anda suelto.

Hace ya bastante más de un siglo que Burkhardt le dijo a su alumno Nietzsche que nos adentrábamos en la era de la supersimplificación, y la de agua que ha corrido desde entonces

La era de la supersimplificación

Hace ya bastante más de un siglo que Burkhardt le dijo a su alumno Nietzsche que nos adentrábamos en la era de la supersimplificación, y la de agua que ha corrido desde entonces. De cualquier modo, el esquema que más éxito cosecha es el maniqueo, la eterna lucha del bien contra el mal, en la peculiar versión de cada sujeto interesado. Oír a los gerifaltes griegos llamar terroristas a quienes les piden cuentas, o escuchar cómo nuestro Pablo Iglesias, al que Tsipras parece haber olvidado, al menos a la hora de los saludos en público, celebrar el referéndum griego como un signo de la salvación de Europa, nada menos, es realmente patético si se pretende que la política consista en algo más que en el arte del halago y del engaño para que los menesterosos lo sigan siendo en beneficio de quienes se erigen en sus defensores incondicionales. Decir, como hacen este par de angelitos, que Europa ha fracasado porque a Grecia le va mal, es casi como afirmar que Rajoy va a perder las próximas elecciones porque ha extremado su perfil liberal, más o menos.

Si se examina el mapa de los escasos apoyos que obtienen las pretensiones griegas en el resto de Europa, es fácil ver que se trata de un dibujo de la declinante izquierda europea, de aquellos que olvidan, entre otras cosas, que el supuesto “modelo social europeo” ha podido existir gracias a que la protección militar norteamericana ha permitido a Europa detraer de sus presupuestos de defensa los recursos destinados a pagarlo. Cuando eso ha empezado a dejar de suceder, y cuando se ve a Obama apoyar las reclamaciones griegas, directamente y a través del FMI, puede ser algo ingenuo pensar en términos meramente estratégicos, la supuesta amenaza de Putin, olvidando que a ningún presidente americano tiene que hacerle demasiado gracia el exceso de éxito de un gigante económico que puede considerar como cosa del pasado antes que del porvenir. Si los europeos olvidamos que además de Europa/no Europa, está en juego qué tipo de izquierda cabe en su seno, y qué clase de mundo queremos construir resultaremos derrotados por los trileros, que heredan, y perfeccionan, a los sofistas y son capaces de hacerse pasar por Platón, o por quién sea, con tal de seguir manteniendo el chiringuito político de la izquierda redentora, y ahora, para acabarlo, nacionalista, todo el tiempo que sea menester.

Hay quienes se quejan de que la política española es muy rutinaria, pero me atrevo a desafiar a quienes encuentren un hallazgo tan notable como el de que los parlamentos se dediquen a fiscalizar el pasado

Cristina, la de Mariano, y sus Ciudadanos

En Madrid, siempre un poco lejos del mundanal ruido, mientras la izquierda municipal se dedica a desfranquistizar las calles, tarea urgente dónde las haya y que no debiera olvidar el derribo de unos cuantos edificios nada menores como el Arco de Triunfo o el Ministerio de Sanidad, porque los Nuevos Ministerios los inició Prieto, y eso podría salvarlos, el Parlamento regional pretende dedicarse a revisar el pasado, sometiendo a juicio político las obras de los últimos ocho años, y ya se verá si hay que seguir profundizando. Hay quienes se quejan de que la política española es muy rutinaria, pero me atrevo a desafiar a quienes encuentren un hallazgo tan notable como el de que los parlamentos se dediquen a fiscalizar el pasado, seguramente dejando para sus sucesores el que alguien los fiscalice a ellos. Que esta tontuna se les haya escapado a los de Podemos y haya debido ser propuesta por los de Ciudadanos demuestra hasta qué punto Ciudadanos es un partido abierto a lo que haga falta con tal de “regenerar”, una de esas palabras que casi todo el mundo usa sin parase a pensar ni un minuto, y que por eso ha obtenido el inmerecido éxito con el que brilla. Curioso es, por otra parte, que este sobrio y riguroso examen de Ciudadanos no se aplique en la Bética, será seguramente por el calor, que no facilita regenerar como es debido.

Mientras tanto, la presidenta madrileña anuncia un gobierno “social” y se apresta a no dejarse arrebatar la bandera LGTB, lo que resulta de un oportunismo bastante estúpido, pues ya se ha visto con qué moneda pagan los activistas del ramo a estos valientes del PP que no se pierden una oportunidad de mostrar hasta qué punto son progresistas. Cristina representa a la perfección esa extraña anomalía en que ha venido a parar el PP de Rajoy, un partido que se pretende legitimar por hacer supuestamente mejor lo que sus oponentes ideológicos no acaban de hacer, según ellos, del todo bien; el PP de Rajoy y de Cristina es el partido social por excelencia, de manera, que, siendo así las cosas, no acaba de entenderse bien el vapuleo con el que reciben a hora y a deshora, las sorprendentes iniciativas del bueno de Pedro Sánchez, siempre a punto de conquistar el mundo a costa de perder su sillón. Tal vez sea porque piensan que pueden perder las elecciones por ese motivo, en fin, que no se les escapa ni una. 

Pensar en serio que cualquiera de los problemas que nos afligen se arreglaría con una solución federal se acerca bastante al ideal de no resolver el problema existente para crear otro nuevo

La solución federal

El análisis político con el que Sánchez encara los problemas españoles me recuerda a lo que, si no me equivoco, decía un personaje de Chumy Chúmez: “Ya lo tengo, la solución va a ser dar de beber al hambriento”. Pensar en serio que cualquiera de los problemas que nos afligen se arreglaría con una solución federal se acerca bastante al ideal de no resolver el problema existente para crear otro nuevo cuya solución se desconoce, claro que puede haber quien piense que en eso consiste el arte de la buena política. ¿Arreglaría una solución federal la crónica ineficiencia de las administraciones públicas, su incapacidad para servir a una modernización real de la economía y la sociedad españolas? ¿Nos haría más fuertes y solidarios, más capaces de asumir nuestras responsabilidades dejando de echar la culpa al pasado, al vecino, o a los alemanes como ahora pretenden en Podemos?

A nadie se le escapa que el PSOE, que de hacer las cosas medianamente bien, y aun sin ello, podría terminar ganando las elecciones que perdiere Rajoy, tiene varios problemas serios de definición política, pero resulta estupefaciente suponer que todo eso pueda salvarse con una fórmula de reparto territorial del poder, como si aquí se ignorase en qué consiste el específico. Bien haría Sánchez en apartarse de esa deriva, y dedicarse a esperar tranquilamente a que las aguas acudan a su cauce espantadas del estanque maloliente en que las ha colocado Rajoy, y renuentes a despeñarse por la garganta insondable de los nuevos flautistas. En fin, que de seguir así, asistiremos a unas apretadas justas para ver quién pierde: tal vez sea eso lo que señala el extraño triple empate de las encuestas.

De todas maneras, que nadie pierda la calma, seguro que de semejante impasse nos saca la conferencia política del PP: agárrense al asiento, que vienen curvas.


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