Sueños ciudadanos

¿Estrella de la mañana o lucero vespertino?

En medio de la campaña europea, y cada uno según su estilo y condición, Felipe González y Arias Cañete coincidieron en hacer una revelación que podría considerarse sorprendente, si no fuera que en España toda revelación no suele ser otra cosa que la repetición de un rumor insistente. Ambos políticos, que no están precisamente en la flor de la edad, afirmaron que no descartarían un futuro gobierno de coalición PP/PSOE. No da la sensación de que ninguno de ellos se haya ido de la lengua, ni que sean personajes que se presten a prestar su altavoz a rumores disparatados. Algo hay, sin duda. Si a esto se añade la casualidad de que, pocos días después, el socialista Ramón Jáuregui, uno de los ideólogos del PSOE, y nexo de unión entre el pasado felipista, el PSOE de ZP y Rubalcaba, haya reclamado la disolución anticipada de las Cortes para proceder a reformar la Constitución y dar cabida a las demandas que no la tienen, no parece aventurado afirmar que los muy pocos están cocinándonos un guiso secreto para todos.

Jáuregui acaba de revelar una de las claves del pacto político que muy posiblemente se esté cociendo, naturalmente que a espaldas de los españoles y con muy altos respaldos. Se trataría de modificar la Constitución de forma favorable a los intereses de  los nacionalismos separatistas, del “derecho a decidir” de Mas, y de Ibarreche, que vuelve a estar de moda en el País Vasco, y hacerlo mediante un consenso entre el PP de Rajoy y el PSOE de quien sea, forzando un pacto de legislatura y de Gobierno para resolver, Dios sabrá cómo, el encaje definitivo de  las joyas de la Corona más levantiscas. Parece pues que vuelve la burra al trigo, que de nuevo se pretende contentar a los que no van a contentarse. Ahora bien, ¿será este intento como la estrella de la mañana, el anuncio de un nuevo día, o estará anunciando más bien, aunque el lucero vespertino sea el mismo astro que el matutino, el final de una larga y agotadora jornada? ¿Quién debería decidir esto? En una democracia, los ciudadanos, en España, ya se verá, pero, en cualquier caso, está, como veremos, en nuestras manos.

Desde un punto de vista muy general, el hecho de que esta clase de anuncios se vayan dosificando, como se hace especialmente con las medicinas amargas, debería hacernos pensar, en primer lugar, en la democracia misma. Son muchas las definiciones que se han hecho de la democracia, pero la más operativa, desde el punto de vista electoral, me sigue pareciendo la de Popper, la destituibilidad pacífica del Gobierno, cuando lo hace mal, que a la larga, y frecuentemente antes, acaba ocurriendo siempre. Ahora bien, un pacto del PSOE y del PP acabaría casi por definición con cualquier posibilidad de alternativa porque han llegado a reunir entre ambos el 80% de los votos, aunque ahora seguramente apenas superen el 60%. Precisamente por eso muchos se han apresurado a ver en el gesto fraternal de los supuestos rivales irreductibles, una simple señal de agotamiento, una confesión de impotencia seguida de un temor común sobre lo que le pueda pasar a España si se privare de sus cuidados. Este aspecto de la cuestión parece ya innegable, que los dos grandes partidos, pero no sólo ellos, se han convertido en agujeros negros de la democracia, en fines en sí mismos, y, por tanto, no van a procurar otra cosa que su perpetuación aunque ello exigiere renegar de su principal añagaza dialéctica que no es sino un maniqueísmo burdo pero efectivo en un país tan monoteísta como éste, conforme a la descripción que en su día hiciera Marías, el novelista.

Es evidente que a los electores no les interesa que Rajoy y Rubalcaba y todas su cohortes se busquen la fórmula de la felicidad eterna, que lleguen al nirvana del poder absoluto, al desiderátum de un perezoso, a no tener que hacer nada porque ya se tiene todo atado y bien atado con la coalición de dos electorados cautivos, pero eso no es un problema grave cuando se disfruta de una serie tan amplia de monopolios que aseguran el mantenimiento del poder.

Sin embargo, ese proyecto de Gobierno universal y eviterno puede ser un poco más arriscado de lo que se imaginen sus diseñadores, porque no se trata ya de vapulear un poco más a la débil e inconsistente democracia española, sino de revelar un secreto a voces, pero muy poco conveniente, a saber, que esta jibarización de la democracia es la causa más de fondo de nuestra desunión nacional, del riesgo mismo de la disolución de la España que conocemos. Contentar a los nacionalistas es algo más que un proyecto político compatible con nuestra democracia demediada, porque es admitir que un partido, el PNV en el País Vasco, ERC o CiU en Cataluña, es la esencia misma de la sociedad a la que dice representar y a la que, en realidad, somete, diseña y configura. El pacto del PP y el PSOE equivaldría a convertir en matrimonio canónico una unión de hecho, crearía un bipartito que estaría autorizado a hacer en el resto de España lo que se hace en las regiones díscolas: ir al copo, sin el menor rebozo, dominarlo todo y para siempre. Que este es el designio, no me ofrece duda alguna. Lo que no veo claro es que este lucero vespertino, este fruto tardío de la derrota efectiva de la democracia que se inició con esperanza a finales de los setenta, sirva para alumbrar ningún nuevo día, porque lo único que anuncia es la extensión de la noche perpetua de la libertad política, el régimen que se vive en esas regiones sometidas por el miedo y la mentira, al conjunto de la sociedad española. Si los electores consienten o no ese designio antiliberal y triste es algo que podría comenzar a verse dentro de muy pocos días.


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