Sueños ciudadanos

España al pairo

Los escritores ascéticos han señalado que la pereza no consiste únicamente en dedicarse a no hacer nada, porque también ciertas formas de activismo pueden ser vistas como un disfraz aparatoso de una flojera de fondo. Aplicando el diagnóstico a la política, nos encontraríamos con que son muchos los que se afanan por simular una actividad que a nada conduce y nada busca. Ver estos días a responsables de la Comunidad de Madrid afanándose en hacer y decir, sobre todo esto último, cosas que supuestamente podrían llevar a la detención de un peligroso pederasta, cuando es un asunto que rebasa por completo el ámbito de sus competencias, puede ser un buen ejemplo de cómo ciertas carencias políticas se intentan encubrir con aparatosas maniobras de distracción.

Rajoy y Merkel emparejados

En medio de la espectacular parálisis que afecta a la vida española en la canícula agosteña ha llamado la atención poderosamente el espectáculo que ha montado el Gobierno trayéndose a la señora Merkel a hacer el camino de Santiago y a discutir amablemente y sin mucha prisa variados asuntos colaterales y de otras índoles. Se hace difícil no ver en este emparejamiento estival una muestra de la soledad europea de la lideresa alemana, con Francia e Italia en plena crisis y con Inglaterra por donde suele, de forma que la España de Rajoy haya podido pasar a ser un aliado preferente. La pregunta que hay que hacerse se refiere al beneficio que ha pretendido Rajoy.

Es obvio que al jefe de gobierno le habría venido bien esta clase de apoyo simbólico cuando teníamos la prima de riesgo por encima de 600 puntos, pero ahora no es fácil ver qué beneficios precisos  puede esperar Rajoy de las jornadas compostelanas: ¿se verán libres los españoles que viven en Alemania de la amenaza de expulsión si no encuentran trabajo en los próximos meses? No me parece que la cosa vaya por ahí, sino que se busca subrayar la condición seria del liderazgo de Rajoy, su carácter solvente, aunque ya queda dicho que en un momento en que no es especialmente necesario.

Un guiño político

Al unirse tan sentimentalmente a los designios de Alemania puede que Rajoy no haya valorado suficientemente algunos riesgos implícitos en ese gesto. Con razón o sin ella Alemania se ha convertido para muchos españoles en la nueva imagen de la maldad, el egoísmo y la insolidaridad. No es necesario esforzarse mucho para ver cómo nuestros líderes de izquierda se han desprendido a toda prisa del barniz europeísta con el que entraron en escena para mostrar una faz ferozmente antialemana. En su imaginario, Merkel sería la responsable de todos nuestros males, la causa última de tanto recorte y de las políticas antisociales. Que Rajoy, habitualmente cuidadoso con esta clase de connotaciones, no haya reparado en el riesgo de esa cariñosa entente puede apuntar a que sus objetivos están en otra parte.

O nosotros o el caos

En situaciones de malestar general, como esta tan larga que atravesamos desde 2007, se ha hecho corriente contestar a la pregunta de “¿cómo te encuentras?” respondiendo “pues depende de con quien me compares”. Los políticos se refugian en esta maniobra retórica justificándose no tanto por sus méritos, especialmente cuando escasean, como por las carencias ajenas. Esto quiere decir que no hay nada tan interesante en situaciones de crisis como tener un rival con cuya comparación salgas ganando, algo tan cercano como sea posible a la personificación de un otro maligno y temible. Por lo que se ve, a Rajoy ya no le compensa compararse con el PSOE, necesita una referencia más nítida, algo que quite el sueño, y es difícil que esa amenaza venga de un PSOE tan desvalido como previsible. Rajoy sabe de sobra que, incluso entre sus seguidores, ha calado bastante la idea de que él ha estado siendo una especie de Zapatero de la derecha, de manera que la posible vuelta de un Zapatero bis ya no asustaría lo suficiente como para pelear por el mantenimiento de nuestro propio Zapatero.

Rajoy lleva tiempo manejando el mensaje de que “o yo, o el caos”, y ese recado resultará tanto más eficaz cuanto más creíble resulte el trampantojo que haga de soporte de tal amenaza, función en la que un Podemos creciente puede rendir frutos mucho más sazonados que ningún recién llegado a Ferraz. Pues bien, parece obvio que no puede haber nada tan excitante para los chicos de los círculos como el amoroso paseo santiagués de Rajoy y la señora Merkel.

El mejor alcalde, el rey

Otro elemento de esta estrategia de enfrentamiento, copia al fin de la de Zapatero en la primera legislatura, pues consiste en extremar la posición que se ocupa para obligar al contrario a hacer lo propio, es la propuesta de modificar la ley electoral municipal para dar la alcaldía a la lista más votada. El proyecto que se anuncia da toda la impresión de ser una pura ocurrencia, de ser un globo sonda o  un señuelo. Todo indica que nadie ha hecho unos números mínimamente solventes y que, menos aún, no se ha tenido presente a esas más de cien instituciones en que el PP gobierna gracias a una alianza postelectoral, en algunos casos tan contra natura como la extremeña.

El proyecto echa carnaza en los comederos del populismo radical, azuza la sensación de que la casta está dispuesta a seguir en la poltrona al precio que sea, que no tiene miedo a cambiar las reglas cuando cree que le conviene. Por otra parte, es dudosamente constitucional y se da de bruces con el espíritu de la ley electoral vigente que se diseñó, entre otras cosas, para que las fuerzas no nacionalistas no fueran barridas del mapa por las nacionalistas en Cataluña o en el País Vasco. Como es lógico, ya han surgido las voces contrarias dentro del propio PP y el Gobierno puede estar empezando a suavizar lo que se presentó como un empeño firme y tozudo.

La tentación del frentepopulismo

Todo apunta a que a Rajoy puede no asustarle sino convenirle la formación de una especie de frentepopulismo de algún tipo, que se está esforzando en dar píe a una posibilidad tan arriesgada y tan contraria al buen sentido. Puede que se trate de un mero jugar con fuego, aunque con una travesura de naturaleza muy peligrosa. Zapatero buscó sacar del mapa al PP, y da la sensación de que Rajoy intenta que la izquierda cambie de signo y de matiz.

Los barcos de vela se ponen al pairo cuando están a la espera de algo. Rajoy está a la espera de que se le saque del incómodo lugar en que se ha visto colocado tras las elecciones europeas y confía, sobre todo, en dos aliados objetivos, tal vez no del todo suficientes. El primero es una problemática recuperación económica, el segundo escoger a sus rivales para que se lo pongan fácil. La visita de Merkel podría pasar por un símbolo de reconocimiento a una política económica eficaz, pese a que la propia Alemania está renqueante, pero ofrece un estímulo adicional, un desafío al argumentario radical y antieuropeo que parece hacer furor entre los muy descontentos, un público nada amenazado de extinción.

El programa consiste, pues, en no hacer nada, no hacen falta proyectos ni horizontes, un mal, por cierto, muy común en Europa. Se trata de simular, de estar a la espera. Da igual que el mundo arda por los cuatro costados y que la deuda se disparate, aquí se impone la política de la añagaza y la simulación ante la ausencia absoluta de ofertas más valientes y mejores.


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