Sueños ciudadanos

Ensayo de un esperpento

Carlos Marx escribió aquello de que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa, pero es seguro que no estaba pensando en el PP, un partido que, bajo la presidencia de Rajoy, ha mostrado su incapacidad para aprovechar la enorme fuerza inercial que le dieron los millones de votos que obtuvo tras el desastre Zapatero. Mientras el PSOE consiguió encadenar cuatro victorias seguidas bajo el liderazgo de Felipe González, Rajoy parece condenado claramente a llevar al PP a la derrota tras cuatro años de una política muy escasamente comprensible, totalmente alejada de las intenciones de sus electores, y que amenaza con acabar representando una farsa disparatada y agónica. El PP de Aznar perdió el gobierno, tras ocho años de ejercerlo, bajo la sombra de una tragedia oscura y espesa, y Rajoy, pretende superarlo, una vez más, a la luz de un vodevil escrito por su peor enemigo, aunque Rajoy sea el autor verdadero de tanto despropósito, dejando el record de alternancia en una única legislatura dedicada a la destrucción sistemática del partido que, pacientemente, lo ha soportado, hasta la fecha.

El auto inquisitorial del barrio de Salamanca ha sido una pifia desquiciada, una performance más propia de un régimen como el de Maduro que de una democracia mínimamente respetuosa con las formas

Peleas internas

Nuncaes fácil saber qué es lo que hay exactamente detrás de un espectáculo tan escasamente edificante como la detención simulada de Rodrigo Rato, convertido, al parecer, en una especie de símbolo de los males que el honesto y eficiente gobierno de Rajoy no ha sido capaz de superar, pese a lo que se pregona sobre sus supuestos éxitos en la gestión económica. Lo único que se puede saber con certeza es que el auto inquisitorial del barrio de Salamanca ha sido una pifia desquiciada, una performance más propia de un régimen como el de Maduro que de una democracia mínimamente respetuosa con las formas. Que se sepa, cuando el PSOE quería escarmentar, detenía a Lola Flores, que no era exactamente de la ejecutiva de Ferraz. Poner a Rato a los píes de los caballos, independientemente del juicio que nos merezca el personaje, ha sido una torpeza política aderezada por la estúpida creencia de que el respetable podría acabar vitoreando a Montoro, a Soraya y al propio Rajoy por lo escrupulosos que son en el cumplimiento de las leyes. Ante tan desatinado atropello no escasean las interpretaciones, y hasta hay quien piensa que más que para ganar votos, por la fingida exhibición de acrisolada honradez, se ha tratado de buscar excusas para el inminente batacazo, una especie de ampliación de la original teoría de la mala herencia que inicialmente se utilizó para explicar las razones por las que se continuaba con el programa de Zapatero, y que ahora se reedita para explicar cómo, con la insoportable carga de corrupción heredada, no hay manera de convencer al respetable de que el PP es el partido del ora et labora, como desmadejadamente sugiere su propaganda, les juro que la tienen.

Cospedal ha alegrado las pajarillas del personal confundiendo el proclamado empeño en sanear el país con el efectivo empeño en saquearlo

Entre el saneamiento y el saqueo

Las dos grandes damas del rajoyismo andan, al parecer, a la greña. No les faltan motivos, si cada una estima que la otra es la responsable principal de tamaño esperpento, Rajoy vigilante.  En esta semana de pasión ambas han contribuido a que el público se divierta con sus apariciones estelares. Cospedal, a la que sería muy difícil aplicar, incluso salvando el género, aquello de vir bonus dicendi peritus, ha alegrado las pajarillas del personal confundiendo el proclamado empeño en sanear el país, por España, con el efectivo empeño en saquearlo. Ni Freud habría podido imaginar un lapsus tan desafortunado, pero el término, el saqueo, se ha instalado en las entendederas de muchos votantes incapaces de entender la rapacidad de Montoro, especialmente en un mes en el que las cifras del paro muestran que el único empleo que mejora es el público. Más madera que diría Marx, esta vez Groucho.

Por su parte la señora vicepresidenta, se ha aprestado a dejar a Montoro con el culo a la intemperie, confesando, de manera paladina, que la chapuza de las regularizaciones fiscales ha sido una amnistía. No ha sido un lapsus, esta señora es un poco menos boquirrota, porque lo ha repetido tres veces, para que no haya dudas. Ahora tendrá que explicar, en cuanto el calor apriete, que, además, ha sido una amnistía trampa, porque casi mil de los que escucharon la promesa de que se miraría para otra parte, como había sucedido repetidas veces, lo que no abona, desde luego, la eficacia de la bondadosa medida, se les va a someter a público escarmiento en las dosis adecuadas. Trillo, desde Londres, ha dicho que algo huele a podrido en Dinamarca, si lo sabrá él, que ha sido el mentor de la doña que se ha hecho con el timón, y acaba de descubrir como el diario preferido de la vallisoletana le ha sacado unas facturas incómodas a las páginas dedicadas a practicar la transparencia selectiva.

No ha sido nada fácil conseguir que los españoles se olviden de qué clase de política les administraba Zapatero para que sea posible convertir a su heredero indirecto, al joven Sánchez, en una especie de esperanza

El milagro de Rajoy

Discutirán mucho los historiadores de mañana sobre cuál ha sido el mayor portento obrado por Rajoy, tienen donde escoger. Me permitiré apuntar una modesta sugerencia. No ha sido nada fácil conseguir que los españoles se olviden de qué clase de política les administraba Zapatero para que sea posible convertir a su heredero indirecto, al joven Sánchez, en una especie de esperanza. No era fácil, no señor, pero no hay dificultad que venza al que se empeña en equivocarse de medio a medio. La apuesta por el enfrentamiento con Podemos, que no deja de ser una operación de la Moncloa con la colaboración de las televisiones amigas, va a acabar por conseguir que el PSOE se coloque en el centro. Algo de esto ha pasado ya en Andalucía. Hay que reconocer que el éxito completo de la operación todavía  no puede darse por descontado, pero si lo que queda del PP persiste en someterse al libreto político que se cocina en Moncloa, no pueden caber muchas dudas de que Sánchez será el gran beneficiado, y no hará falta mucho esfuerzo para que los españoles acaben por acogerse a una esperanza, aunque pueda estar hueca, y abandonen el refugio al que acudieron huyendo de las impávidas pavadas del olvidado  Zapatero.


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