Sueños ciudadanos

Catástrofe o resurrección

Mariano Rajoy ha recordado en Atenas que prometer imposibles genera frustración, pero, al parecer, no estaba haciendo autocrítica, sino atacando a un rival a mitad de camino entre lo imaginario  y lo temible. Es característico que el líder de la derecha se empiece a meter en filosofías cuando parece estar más persuadido que nunca de la buena marcha de la contabilidad. El problema está en que no es fácil tener certeza firme respecto a que esa relación entre lo pragmático y la lógica política, que ahora le parece  tan clara al presidente, acabe por convencer a muchos de sus ex votantes. Claro es que Rajoy conoce otros bálsamos para ese desistimiento, y los va a usar a conciencia, esa mezcla sutil del palo del miedo y la zanahoria del bienestar económico, pero habrá que hacer la prueba.

En el año 2015 el PP, pero no sólo ese partido sino España entera, se enfrenta a una serie de encrucijadas que ofrecen un aspecto inusitadamente torvo, y es claro que el PP se está poniendo en marcha para convencernos de que no hay necesidad de descarrilar, que todo lo que nos separa de él ha sido  un mal sueño, una mala noche en una mala posada, una pesadilla que está a punto de concluir en un amanecer radiante.

Un primer rayo de luz, con sus sombras

Aznar acaba de ofrecer a un Rajoy que parece querer volver a los principios la ayuda que nunca se niega a los arrepentidos  de corazón. La noticia de que participará en la próxima conferencia política del PP ha sido administrada con prontitud y sin que haya lugar alguno a los equívocos que venían siendo habituales. Claro es que esto de las conferencias políticas es una de esas invenciones a las que se acogen los partidos para evitar la convocatoria de los órganos estatutarios, no se sabe si por miedo a que alguien diga algo o por el temor de que el público se de cuenta de que nadie tiene mucho que decir.

Ahí hay una trampa no demasiado pequeña en la que podría caer Aznar, si cambia su discurso y se atiene a las reglas de la unánime adhesión olvidando unas diferencias no demasiado viejas pero suficientemente obvias. Si Aznar cediere a la complacencia estaría calificando sus disidencias previas, estos largos trimestres de distanciamiento de la dirección actual del PP, como un mero caso de malquerencia. Con todas las salvedades del caso, Aznar ha representado, al menos desde 2011, una verdadera diferencia política dentro del PP y si ahora abdicare de seguir jugando ese papel, bastante más que testimonial, se convertirá en un motivo más para sospechar que el PP, como partido, carece por completo de futuro.

El PSOE bis

El futuro del PP, por el bien de la democracia española, no se puede limitar a ser un bis del PSOE, especialmente cuando el PSOE de verdad está claramente en trance de desvanecimiento. Hay una frase de Keynes que define tanto al PP de Rajoy como al PSOE de siempre, desde 1982: a  largo plazo, todos muertos. La diferencia está en que el PSOE por debajo de su línea de gobierno, que, salvo en la inefable etapa de la borrachera zapateril, ha estado siempre atenta a cazar ratones con independencia del color del gato, ha tenido siempre una línea política y cultural perfectamente nítida, mientras que el PP de Rajoy ha renunciado a cualquier originalidad fiel a esa línea de pensamiento que tan bien ejemplificaba Fraga, lo único que importa es el precio de los garbanzos y que muestra dos creencias básicas, un desprecio de la democracia como un régimen de discusión racional, y una absoluta dejación de cualquier clase de principios que dejaría como un dogmático turulato al bueno de Groucho Marx

Si algo demuestra la reacción social ante la larga crisis económica que llevamos pareciendo es que la proximidad entre el PSOE y el PP tendrá las virtudes que tenga, pero ha supuesto una amenaza muy real de ruina física para el sistema

Si algo demuestra la reacción social ante la larga crisis económica que llevamos pareciendo es que la proximidad entre el PSOE y el PP tendrá las virtudes que tenga, pero ha supuesto una amenaza muy real de ruina física para el sistema.  Hasta ahora, ambos actores han sostenido la ficción de su enfrentamiento exagerando vocingleramente sus supuestas diferencias, pero el sector de votantes en el que esa simulación ya no resulta convincente no sólo es creciente sino que alcanza valores preocupantes para ambos actores. Que a un lado y a otro del espectro, y especialmente por el “centro”, allí donde abundan los electores más exigentes, se sienta como agobiante el predominio del PPPSOE no es algo que vaya a cambiar si las campañas de 2015 se hacen con el mero sonsonete de la recuperación económica.

El PP más allá de Rajoy

La tradición de apego a la jerarquía sigue siendo muy fuerte en la derecha, y ha permitido que Rajoy haya construido un PP casi irreconocible, un hecho que los voceros de Moncloa pretenden solventar atribuyendo esta mera observación a ocultas intenciones de desestabilización de líderes caducos, eso es lo que decían de Aznar cuando éste les recordaba las partes de la partitura que se habían olvidado. Es esto lo que el PP tendría que decidir ahora, si sigue siendo un mero instrumento gubernamental o se atreve a ser un partido con principios, un instrumento político de la sociedad española sin limitarse a ser una caja de resonancia del Gobierno. Por bien que el Gobierno lo haya hecho, y no es para tanto, eso no ganará las elecciones en Getafe, en Móstoles o en Valladolid, y probablemente tampoco sirva para conservar los que se consideran bastiones inexpugnables tras décadas de dominio.

El PP tiene que decidir si deja que uno sólo siga dirigiendo o se decide a ser de nuevo la gran orquesta que debiera ser, en la que alguien lleva la batuta pero no recibe aplausos cuando a la hora de oír la Heroica lo hace como si se estuviese escuchando el himno del botellón.

La hora de la política

Muchos confunden la política con el ditirambo, y, en cierto modo,  hacen bien, porque sus carreras dependen de lo bien que halaguen, de cómo parafraseen las ingeniosidades del líder e interpreten otras lindezas similares, eso que llaman “estar al servicio del partido”, expresión que nunca podría uno oír con ese tono en una democracia que se respete. El PP lleva tres largos años en manos de unos mecánicos mediocres, sin duda menos malos que los del contador de nubes, pero que nunca han ganado nada, que han empezado perdiendo en Andalucía a los pocos meses de ganar las generales por goleada, y por manifiesta incompetencia del rival. Hace falta estar un poco fuera de la realidad para dar por hecho que con semejantes directrices se puede ganar una carrera comprometida, confiando la victoria no a un as del volante sino al jefe de los mecánicos y contables que además dice que le asusta un poco eso de la velocidad.

Habrá quienes crean que lo lógico es apostar a una segunda victoria de Rajoy, y es posible que algunos hasta crean tener razones para esa apuesta, pensando que puede ser segura sin hacer otra cosa que lo hecho y poner cara de asombro ante la enormidad de los éxitos. Lo que se puede temer es que, además de lo improbable  de esa victoria pírrica, acabe sucediendo que la supuesta resurrección sea peor que cualquier catástrofe


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