Sueños ciudadanos

Asuntos internos

En una sociedad escasamente dotada para controlar a los poderes públicos, el ejercicio del oficio político disfruta de una serie de ventajas y privilegios que nada tienen que ver con la teoría que supuestamente los sustenta. Cuando, como sucede en España, los políticos han poseído un extra de legitimidad, derivada de que criticarlos podría ser interpretado como deslegitimación de la democracia, ese estatus privilegiado puede llegar a adquirir dimensiones insoportables. En esta suerte de fuero del que han gozado los políticos han surgido buena parte de las disfunciones y disparates del actual sistema político: la irresponsabilidad, el oscurantismo, la arbitrariedad, el nepotismo, la bula para acrecentar sin control alguno las dimensiones de los aparatos políticos y administrativos, el boato, el cinismo, la corrupción y la moral mafiosa que la consiente y, por tanto, la promueve.

Una de las consecuencias de ese estado de cosas es la desaparición de la política, su sustitución funcional por algo que se le parece muy levemente

La desaparición de la política

Una de las consecuencias de ese estado de cosas es la desaparición de la política, su sustitución funcional por algo que se le parece muy levemente, a saber, las querellas internas de los partidos y las facciones como ersatz de la política real. En este sentido, Mariano Rajoy está sabiendo ser un consumado político porque ha conseguido que buena parte de la opinión pública estuviese pendiente de sus decisiones sobre las candidaturas de su partido, como si esa cuestión tuviese interés en sí misma, más aún, como si fuese lo único importante. Ahora bien, este tipo de maniobras de opinión lo que consiguen es apartar a los ciudadanos de las cuestiones que realmente debieran interesarles, efecto que refuerza el clima moral en el que son posibles, las luchas puramente internas al margen de cualquier cuestión razonable, de forma que vienen a consagrar el principio en el que se inspiran: la política es un asunto interno de los políticos y los ciudadanos deben respetar el juego, en el que no participan de ningún modo, manteniendo su atención en los lances sobre los que se tenga a bien informarles para conservar la ilusión de que son ellos quienes realmente deciden lo que está pasando.

Exaltación de la simpleza, la política del slogan

Todo este tipo de maniobras constituyen una sólida cobertura de lo que realmente procuran los políticos, el poder y su permanencia, su creciente capacidad de otorgar favores y promover carreras, su indispensabilidad para decidir cualquier cosa, su control completo de  la vida de todo un país mediante el adecuado uso de los reglamentos y del BOE. Naturalmente, no están solos en eso, experimentan el rotundo empuje y apoyo de esas falanges de conseguidores, empresariales y/o sindicales, de todo tipo, que buscan que el poder favorezca sus intereses más allá de cualquier consideración y en el plazo más inmediato a su alcance. Ya sabrán ellos compensar luego a quienes mejor interpreten esas maniobras en la oscuridad con aparente beneficio para todos. El llamado capitalismo deamiguetes es el mejor complemento concebible para la política entendida como pugna en el seno de unas bandas organizadas capaces de continuar obteniendo el refrendo de multitudes.

Para conseguir este efecto no hay mejor específico que la política entendida como un combate entre vaguedades ampulosamente disfrazadas de principios, de verdades sagradas, de imperativos morales: ¿para qué se va a explicar a nadie la contabilidad menuda y analítica de un proyecto megamillonario si hay tela para los amigos, colocaciones para los colegas, y eslóganes tan indiscutibles como modernidad, cambio, progreso o, pues valdría igual, la solidaridad de los hombres y las tierras de España?

Las crisis del PP y de UPyD responden a una progresiva conciencia ciudadana de que a sus líderes les preocupa infinitamente más su posición en el tablero que cualesquiera clase de problemas que puedan afectar a los ciudadanos

Un caso práctico, las crisis de UPyD y del PP

Creo que las crisis del PP y de UPyD responden a una progresiva conciencia ciudadana de que a sus líderes les preocupa infinitamente más su posición en el tablero que cualesquiera clase de problemas que puedan afectar a los ciudadanos: son desprestigios que merecen un mismo diagnóstico, un proceso de ensimismamiento más lento y borroso en el PP, más rápido y obvio en el caso del partido de la señora Díez que parece empeñada en eso, en que UPyD sea su partido, como el PP es el partido de Rajoy y de Arriola y su señora esposa. Ni a unos ni a otros les falta oficio como para que, una vez asentado el propósito principal, puedan carecer de mensajes generalistas capaces de encandilar a bastantes.

La batalla de Madrid, primera parte

Tras una batalla espectacular en la que los asuntos internos han jugado un papel estelar e indiscutible, con participación de cloacas y terminales de prensa independientes, vuelve el PP a la política de los principios y ya ha aclarado Esperanza Aguirre que está en contra del aborto, tema rotundamente municipal donde los haya, noticia que habrá tranquilizado a multitudes de acérrimos cuyo voto era dudoso, como también ha hecho explícita su intención, partidaria como es de reducir el gasto, de no pisar el Palacio de Cibeles, herencia maligna del malvado Gallardón, perfecto disfraz de un asunto interno tras una cortina ideológica y cañí

Cabe pensar que el PP ha perdido, a día de hoy, todos los votos que no sean los de los que le votarían aunque declarase el aborto obligatorio y confiscase todos sus bienes

La batalla electoral de Madrid se está librando en dos fases: en la primera, han competido los pocos capaces de controlar lo que pasa en el PP, en la segunda fase, los vencedores de esta primera se enfrentarán al resto del mundo. En el PP quieren aparentar que están contentos con el resultado provisional de esta primera fase, pero no es seguro de que esa tranquilidad obedezca a ningún motivo real de peso. Las dos alas oficiales del partido se han enfrentado y han pactado una alineación conjunta, un dueto progre/arriolista/liberal/derecha clásica. ¿Bastará eso para contener la sangría que ha provocado la política del PP entre los suyos? No está nada claro. Cabe pensar que el PP ha perdido, a día de hoy, todos los votos que no sean los de los que le votarían aunque declarase el aborto obligatorio y confiscase todos sus bienes, un treinta o treinta y cinco por ciento de los votos que le han dado la mayoría, y no es evidente que el tandem femenino que han montado sea capaz de superar por completo ese desgaste. ¿Funcionará el voto del miedo en el porcentaje restante?

Derrota, agonía y nuevas posibilidades

Por eso la segunda fase de esta batalla puede tener efectos decisivos en nuestro porvenir político, los tendrá en cualquier caso, sin olvidar lo que pueda pasar y pasará en el resto de España en esas mismas fechas. Las elecciones de junio se celebrarán en Madrid en una situación especialmente confusa, con viejos candidatos muy conocidos, pero cuyo aprecio popular puede estar en cuestión, frente a nuevos candidatos, supuestamente sanadores, pero a los que no conoce nadie. Se trata de un escenario nunca visto, y solamente se pueden hacer previsiones sobre lo que no es insólito.

Alguien tendría que ser consecuente y pregonar que habría que volver, por tanto, a una política real que el PP apenas insinuó en los años menos malos de su incierta historia

Alguien debiera de pensar en que es necesaria la vuelta de la política y echar el cerrojo a la obscena explotación de los asuntos internos, por mucha que haya sido la habilidad con la que han procurado sortear el barrizal de Bárcenas, delicada operación que podría saltar por los aires con cualquier Villarejo, y que ha obligado al PP a cerrar filas con una herida gangrenada. Alguien tendría que ser consecuente y pregonar que habría que volver, por tanto, a una política real que el PP apenas insinuó en los años menos malos de su incierta historia. Pesa mucho la inercia del fraguismo, de ese pragmatismo alicorto y políticamente impotente que se estrecha aún más cuando en lugar de atacar asuntos que importan a muchos se ha pasado a defender las bien mullidas posaderas de bastante pocos.

Por eso ha resultado tan reconfortante leer una llamada al optimismo y a la confianza en el buen sentido de los ciudadanos, que sabrán barrer lo que les molesta, sin desbaratar nada, como la que ha hecho Javier Rupérez(“Un mapa diferente”, en la Red Floridablanca): después de tanto espanto, el aprendizaje y la esperanza, un horizonte que permita recuperar la política para poner en su sitio los oscuros y lamentables asuntos internos que nada tienen que ver con lo que a todos nos concierne, prestar atención a los problemas de fondo a los que no se ha atendido, y acabar con esa caricatura de pensamiento político que nos pretenden vender tan de barato.


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