Sin enmienda

No se pueden hacer favores, Mariano

A priori, era más difícil que un triple salto mortal con tirabuzón y doble pirueta, pero las hazañas están para ser superadas. Cuando parecía imposible igualar la estupidez de Zapatero al negar la existencia de la crisis económica, Rajoy se ha propuesto batir el récord mundial de la estulticia a cuenta de rescate de la banca española que, como sabrán, no es para el presidente un rescate sino una línea de crédito muy ventajosa o, simplemente, “lo del pasado sábado”.

El país había empezado a acostumbrarse a esa neolengua del Ejecutivo en la que no hay recortes sino reformas, no existe el despido libre sino la flexibilidad laboral, no se privatiza sino que se liberaliza y, por supuesto, no se promulgan amnistías fiscales sino que se regularizan activos ocultos. Con las explicaciones del rescate –quise decir del préstamo- Rajoy ha superado cualquier expectativa: España le ha hecho a Europa el favor del siglo al aceptar 100.000 millones por el bien del euro y, claro, ha tenido que imponer sus condiciones tanto en la cuantía como en las condiciones. Lógicamente, todo ello ya lo tenía previsto el Gobierno y estaba entre sus planes, por lo que a las muchas virtudes que lo adornan cabe sumarle el de la videncia a lo Octavio Aceves.

El éxito del presidente ha sido inconmensurable. De entrada ha conseguido que el Financial Times se echa unas risas a su costa, que siempre está bien lo de alegrar el día a esa gente tan seria de la City. En segundo lugar, ha puesto de uñas a los países que han de aportar la pasta, a los que no ha gustado aparentar ante sus respectivas opiniones públicas que encima ponían la cama; en tercer lugar, ha colocado en una situación muy incómoda a otros rescatados, que se disponen a averiguar si están haciendo el primo con las exigencias leoninas de Bruselas. Y finalmente, ha entornado aún más puerta por la que España accedía a los mercados de financiación de su deuda, con la claustrofobia que ello implica.

Rajoy, el incomprendido 

El problema es que, como todos los genios, Rajoy es un incomprendido y los mercados y la humanidad en su conjunto no se han creído la bola de que un país que recibe este dineral y tiene que devolverlo no incrementa su déficit a consecuencia de su mayor carga de deuda. El resultado, el esperado: los mercados, que son un poco lelos pero no completamente idiotas, empezaron a anticipar que el aumento de la deuda pública implicaría casi automáticamente una rebaja de la calificación crediticia, algo que Moody’s hizo ya este miércoles, dejándola a un paso del bono basura.

La mayoría nos tomamos a pitorreo a las agencias de rating, pero resulta que siguen siendo santo y guía para muchos fondos de inversión, que se prohíben a sí mismos ser tenedores de estos activos problemáticos. Por norma, incluso el BCE sólo admite colaterales de calidad (los títulos de deuda que han de entregar los bancos comerciales para recibir sus préstamos como garantía), aunque con Grecia hiciera una excepción y aceptara a ratos hasta el papel higiénico.

Dos más dos son cuatro

Abiertos los mercados y pese al espejismo de las primeras horas, lo previsible era que la prima de riesgo se disparara y la rentabilidad del bono español siguiera aumentando, algo que no tardó en ocurrir porque, a veces, dos más dos suman cuatro. Nuestro presidente, el hombre que se arrogó el mérito de salvar el proyecto europeo aceptando un préstamo de sus pares comunitarios, se ha visto obligado ahora a pedir desesperadamente que intervenga el BCE, que le ha cogido el gusto a cruzarse de brazos. Se lo teníamos dicho: no se pueden hacer favores, Mariano.

Toda la arrogancia que Rajoy destiló el pasado domingo, se había ido por el desagüe en la sesión de control de este miércoles en el Congreso donde se le escuchó decir algo parecido a esto: “Debemos celebrar que nuestros socios europeos nos hayan ayudado”. A lo que se negó en redondo fue a seguir la recomendación de Rosa Díez de pronunciar la palabra maldita -“dígalo conmigo: res-ca-te”- porque a estas alturas no iba a cambiar el nombre a las líneas de crédito ventajosas.

Por resumir, no podremos emitir deuda pública a estos precios durante mucho tiempo ya que llegará el momento en el que sólo los bancos a los que tratamos de rescatar compren esos títulos. Habrá que ir preparando el cuerpo para hacerle a Europa otro gran favor y aceptar que, poniéndole unas cuantas columnas, la Puerta de Alcalá se daría un aire al Partenón y España podría pasar perfectamente por Grecia.

Cuando nadie dudaba de que estábamos al borde del barranco, la estrategia del Gobierno ha sido la de tratar de cruzarlo en dos saltos, con tan mala suerte que le ha fallado el pie de apoyo. Ello no ha de empañar la leyenda de Rajoy “Todo en el genio –decía Víctor Hugo- tiene su razón de ser. Es porque es. Su nombre es el reverso de su luz. Su fuego es una consecuencia de su llama. Su precipicio es la condición de su altura”. Así que vayan descontando que, salvo inesperado milagro, nos despeñaremos junto a la lumbrera que nos gobierna. Ha sido un placer estar con ustedes.


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