Sin enmienda

Que no cunda el pánico: los sindicatos nos protegen

De los finlandeses se cuenta el chiste de que los introvertidos miran sus zapatos y los extrovertidos los zapatos de la persona con la que hablan. Con gente así debe de ser difícil sincerarse, pero hete aquí que su primer ministro, Jyrki Katainen, ha conseguido que Rajoy le abriera esta semana su corazón y le confesara sus temores a que la reforma laboral que prepara desencadene una huelga general. Puede que el presidente ansíe una huelga para no ser menos que sus antecesores, aunque dada la debilidad estructural de los dos grandes sindicatos, de su estado de mírame y no me toques, la convocatoria del paro es improbable y, de llevarse a cabo -porque en este país el suicidio sigue siendo libre- ni el más optimista les arrendaría la ganancia.

Ahora que se habla de los bancos zombies se olvida citar que las centrales ocupan ya un lugar privilegiado entre los muertos vivientes. Para disimular se han convertido en una gran fábrica de lamentos: lamentan las políticas neoliberales, lamentan mucho que se aumente la edad de jubilación mientras le dan su visto bueno por escrito, lamentan las prejubilaciones y se oponen a que desaparezcan, lamentan que el principal objetivo del Gobierno sea la reducción del déficit y, por supuesto, lamentan horrores que el paro afecte ya a 5,27 millones de personas.

La inacción de los sindicatos

Se preguntarán cómo es posible que ante este último dato, que no es sino la culminación de una imparable escalada, no haya habido una cumbre sindical para decir basta ya y emplazar al Ejecutivo a negociar un plan nacional contra el desempleo que movilice recursos públicos, más allá de la tomadura de pelo que supone cambiar de nombre a los fondos estructurales europeos, que si algo creaban era empleo; se preguntarán qué tiene que pasar para que UGT y CCOO presten tanta atención a los desempleados como la que le dedican al juez Garzón; se preguntarán en definitiva porque la última reforma laboral mereció una huelga general y la cifras del paro sólo un comunicado.

Nada de esto tendría que causar mayor extrañeza habida cuenta de que la más reciente conquista del sindicalismo patrio ha sido un acuerdo de salarios con la patronal hasta 2014 que sonroja las mejillas. Los trabajadores de las pequeñas y medianas empresas, que son el 90% de este país, han respirado aliviados al saber que, en el mejor de los casos, la suma de sus aumentos salariales en estos cuatro años rondará el 2%, gracias al denodado empuje de sus representantes.Para quienes defienden la densidad de un sindicalismo fuerte es desolador el estado vegetativo en el que se encuentra el movimiento, superado por la globalización y por su propio anquilosamiento.

Treinta años sin cambios

El mundo cambia pero Cándido Méndez -18 años al frente de la UGT- permanece. Nada nuevo hay bajo el sol, nada hay de diferente en la acción sindical de los últimos treinta años. Idéntica es la voluntariosa pero deficiente formación de sus cuadros; similares las formas de presión, que se reducen a las marchas con banderolas y a las huelgas, sin tener en cuenta que una campaña de imagen contra Coca-Cola es más efectiva que parar un día su producción; análogos sus métodos de penetración en los centros de trabajo, porque es más cómodo tener trescientos liberados sindicales sentados en Telefónica que hacerles recorrer los polígonos industriales captando afiliados y denunciando abusos.

La peor crisis económica en décadas ha venido a coincidir con esta parálisis de los sindicatos, que lejos de abanderar las aspiraciones y demandas de un sociedad atemorizada pero harta, como ha demostrado el apoyo popular al 15-M, permanecen a la defensiva, reaccionando tarde y mal y sin otro horizonte que esquivar el último golpe para minimizar los daños. Estas son las organizaciones que han de impedir que un buen día pueda fijarse la jornada laboral con pactos individuales en los contratos o que el mileurismo deje de ser una condena para transformarse en una meta. De su calamitosa situación sólo Rajoy parece no haberse dado cuenta. De ahí sus temores a una huelga general que tendrá que convocar él mismo por incomparecencia del adversario.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba