Sin enmienda

Sudamos confianza y esto huele fatal

Antes de ser presidente del Gobierno, Rajoy se puso pesadísimo con eso de recuperar la confianza, que al parecer estaba más perdida que las minas del rey Salomón. La gran misión histórica que el gallego afrontaba podía resumirse en una frase del programa electoral del PP, un clásico de la ciencia ficción a la altura de la saga de La Fundación de Asimov o del Dune de Frank Herbert. Decía así: “Es preciso devolver la confianza a los ciudadanos en sus instituciones, y a nuestros socios internacionales en el gobierno de España. Lo haremos sin estridencias, con previsión e inteligencia, con convicción y resolución, con excelencia y conocimiento”.

Se trataba de un objetivo básico para contrarrestar la herencia recibida de “un mal Gobierno (el de Zapatero) que no genera la confianza necesaria para que el país obtenga el crédito que precisa y que pone en riesgo real las prestaciones básicas del sistema del bienestar”. A esa ingente tarea se dispuso el presidente, al que se criticó mucho por sus silencios iniciales, aunque por lo visto con posterioridad tanto él como su ministro de Hacienda callados estaban mucho más guapos. De un tiempo a esta parte, es hablar Rajoy o Montoro y no es que suba el pan, es que se agosta el trigo.

Sólo a la luz del programa antes citado y sus constantes apelaciones a la confianza pueden entenderse algunos de los acontecimientos actuales. El texto se asemeja a un potente faro halógeno con el que aventurarse en el túnel más oscuro, una guía para viajeros inocentes y desarmados en la que la diversión está asegurada. He aquí varios ejemplos:

Sobre la recesión y el paro:  “Crecer más, y hacerlo sin desequilibrios, nos permitirá mejorar las expectativas de futuro, generar confianza e impulsar un ciclo virtuoso de crecimiento y empleo”.

La crisis del euro: “España volverá a ser un ancla de estabilidad económica y confianza para la zona euro. Las políticas que se aplican en nuestro país no pueden seguir siendo un problema para el resto de los socios europeos”.

¿8,5% de déficit? No, casi el 8,9%: “Nos comprometemos a asumir plenamente y a cumplir con ejemplaridad los compromisos de estabilidad con el resto de socios de la moneda única…”.

Prima de riesgo: “… sólo así España podrá recuperar la máxima calidad crediticia y los emprendedores españoles podrán acceder a la financiación en condiciones comparables a las de las naciones más prósperas y creíbles de Europa”.

Acerca de la fuga de capitales: “Tenemos que poner las bases de una economía más competitiva para recuperar la confianza y volver a hacer de España el mejor lugar para invertir y crear empleo”.

En Bankia no hay nada que investigar: “Recuperaremos la confianza en el Parlamento como eje de la vida política y de la deliberación democrática. Nos comprometemos a mejorar sustancialmente los procedimientos de deliberación y debate público propios de una democracia representativa”.

Sobre la impunidad de las preferentes: “Perseguiremos las malas prácticas y las situaciones de abuso a la confianza debida a las personas mayores en el ámbito familiar, comercial, financiero y de los servicios asistenciales”.

Roland Berger y Oliver Wyman examinan a la banca: “Reformaremos la estructura de supervisión financiera española dotando al Banco de España de las competencias de vigilancia prudencial sobre todas las entidades financieras, crediticias o no, y reforzando sus capacidades de análisis prospectivo y control macroprudencial, siguiendo las mejores prácticas internacionales”.

Carlos Dívar, el Marco Polo de la Justicia: “Promoveremos el comportamiento responsable de los servidores públicos conforme a los principios de honradez, profesionalidad, eficacia, imparcialidad y servicio al ciudadano”.

La expropiación de YPF: “Recobraremos la credibilidad y la confianza en España como socio fiable. Enfocaremos la energía de nuestra proyección exterior en el objetivo de la recuperación económica nacional”.

Amnistía fiscal: “Un sistema más simple facilitará la lucha contra el fraude fiscal que se aprovecha de la complejidad para hacer más injusto el reparto de las cargas tributarias. Reforzaremos los medios y mejoraremos las estrategias de la lucha contra las bolsas de fraude, singularmente las que se ocultan tras los paraísos fiscales”.

Todo estaba ya escrito de manera premonitoria. España, tal y como aseguraba Rajoy en su discurso de investidura, “será lo que los españoles queramos que sea”. El único precio a pagar, decía, “se llama esfuerzo, tenacidad y (lo habrán adivinado) confianza”. Podemos tener confianza en que rescataran a nuestros bancos o al Estado en su conjunto, pero sólo si queremos,  porque, como señalaba Montoro, los hombres de negro no van a venir aquí por su cuenta, con el calor que hace para estar en traje. Nosotros, de hecho, ya sudamos confianza, y la felicidad sería completa si no nos hubiera abandonado el desodorante. Así que, de tanto confiar, esto empieza a oler muy malamente.


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