Sin enmienda

Socialdemócratas de oposición

Rebeldes porque el mundo y las elecciones les han hecho así, que diría Jeanette, una treintena de dirigentes del PSOE, entre ellos Carme Chacón, han elaborado un manifiesto en el que reconocen que no ha sido sólo la crisis la que ha teñido al país de azul y ha coronado a Rajoy como Papá Pitufo, sino sus propios errores y una lealtad mal entendida que les llevó a callar ante el rumbo que tomó Zapatero cuando decidió hacerse el haraquiri y obligó a probar la cicuta a toda la organización para que comprobarán si le había cogido el punto al brebaje.

El reconocimiento de este silencio acrítico era imprescindible, porque algunos de los promotores de esta iniciativa con la que se declara inaugurada la carrera por la secretaría general del partido fueron partícipes, sino cómplices, de esta política desde los mullidos sillones del consejo de ministros -cuyas decisiones, al menos así se establece, son colegiadas-, o en la propia Ejecutiva del PSOE, donde las únicas discrepancias con la línea impuesta se han circunscrito en estos años a tensas discusiones sobre el café de las reuniones, muy cargado para algunos. 

De los Saulos caídos del caballo por la revelación de los errores cometidos cabe citar, como ya se ha mencionado, a Carmen Chacón, al extitular de Justicia, Francisco Caamaño, al expresidente del Senado e íntimo amigo de Zapatero, Javier Rojo, y al eurodiputado Juan Fernando López Aguilar.Éste último ha debido de llevar el peso de la redacción de esta declaración de principios, de la que alguna noticia ya se tenía en Ferraz. Sin ir más lejos, en el reciente copa de Navidad que los socialistas ofrecieron a la Prensa le pregunté por su ausencia al ‘ideólogo’ Jesús Caldera: “No ha podido venir. Está haciendo un manifiesto sobre la democracia con el que estaremos todos de acuerdo. ¿Quién va a estar en contra de la democracia?”.

La explicación que se da a la debacle electoral en Mucho socialismo por hacer, que es como se titula el escrito, se resume en cuatro apartados: el PSOE perdió la confianza de los ciudadanos porque los que empezaban a sufrir la crisis no tragaron con eso de la desaceleración, por el volantazo ideológico, porque se cargó el peso de los ajustes sobre las espaldas de los más débiles mientras los poderosos se iban de rositas, y por no haber permitido unas verdaderas primarias para designar al candidato a las elecciones generales. En este último punto se presiente a la exministra de Defensa respirando por la herida.

¿Que qué habría pasado si el PSOE hubiera ganado las elecciones? Pues que lo que ahora se cita como errores serían aciertos estratégicos, y se resaltaría que los ciudadanos, conscientes de la gravedad de la situación, habrían asumido la necesidad de unos ajustes que, además, llevarían la impronta de la izquierda por el mero hecho de haber sido ejecutados por el PSOE. Así es la vida y la manera que tienen algunos de entender la socialdemocracia, que sólo parece buena cuando se está en la oposición.

Ahora, sin embargo, se afirma la necesidad de una “política económica progresista”, dando entender que Elena Salgado podía haber sido ministra con Don Pelayo, y de una reforma fiscal integral que erradique las injusticias que soportan los asalariados e incentive a los emprendedores. Es curioso que ninguno de los firmantes alertara de estos desequilibrios fiscales cuando bajar impuestos era de izquierdas o repartir 400 euros por igual a millonarios y mileuristas era la cima de la progresividad.

Todavía hay más. Se reconoce que hay poderes “no democráticos” a los que hay que frenar  y especuladores a los que mantener a raya. Se redescubre a los sindicatos y se apuesta por la colaboración con fuerzas izquierdas. Después de una alocada carrera en dirección contraria en la que los kamikazes eran los demás, se plantea volver a la casilla de salida.

Todo el mundo ha entendido que estamos ante la puesta de largo de Carme Chacón para disputar el liderazgo a Rubalcaba, quien, por cierto, rayó a gran altura en el debate de investidura de Rajoy.

Sin embargo, todo lo que la propuesta contiene podría ser suscrito por el exvicepresidente con la misma dosis de rubor en las mejillas que los promotores de la iniciativa, especialmente el punto en el que se afirma que la credibilidad del PSOE no se recupera “con un mero cambio de caras”. No podía decir otra cosa porque las caras, lo que se dice las caras, son las mismas de siempre.


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