Sin enmienda

¿Rajoy se ha vuelto loco o sólo socialdemócrata?

Las primeras dos semanas de singladura del nuevo Ejecutivo se han cerrado con un ajuste de caballo y con varios interrogantes, siendo el principal el que se hacen algunos de los liberales más conspicuos quienes, ante las subidas de impuestos aprobadas, se preguntan si Rajoy se ha vuelto loco o únicamente socialdemócrata, que sería todavía peor. Es honda la decepción del gremio ya que se confiaba en que el Gobierno acabaría con el déficit liquidando el Estado en pública subasta y, por supuesto, metiendo mano al subsidio del desempleo, que es, a su entender, el origen de esa querencia a la molicie que afecta a los parados del país.

Sería absurdo desmentir a estas alturas la pretendida deriva izquierdista de Rajoy, o explicar que una salida socialdemócrata de la crisis no se limitaría a elevar el IRPF para obtener la parte del león de los nuevos ingresos del bolsillo de los asalariados con rentas inferiores a los 53.000 euros, sin tocar ni una pelo a las grandes fortunas y sin poner coto a la sangría de un impuesto, el de Sociedades, que en virtud de toda suerte de artificios ha pasado en cinco años de representar el 3,9% del PIB al 1,5% porque su tipo efectivo está por debajo del 10%. En las actuales circunstancias, la socialdemocracia haría del Estado el motor de la actividad económica, algo que no se compadece con el brutal recorte de inversiones anunciado, que si algo augura es una recesión prolongada. En definitiva, puede que Rajoy se haya vuelto loco, zapaterista incluso, pero socialdemócrata seguro que no.

El segundo misterio tiene que ver con la nueva previsión de déficit público, que ya no es el 6% sino el 8%, y sobre la que parece existir un tácito pacto de silencio más allá de la declaración de la vicepresidenta de que no fueron informados de esta desviación en el traspaso de poderes y la respuesta de Rubalcaba de que los culpables son las autonomías del PP que han gastado como si fueran del PSOE.

El asunto merece varias explicaciones, empezando por la de los responsables económicos del anterior Ejecutivo que hasta el 20 de diciembre sostenían que el déficit se situaría en el 6% o lo sobrepasaría en unas décimas tan solo. ¿Estaban mintiendo? Pero también ha de dar cuenta el PP, ya que todo parece indicar que las comunidades en las que gobiernan han sucumbido a la tentación de acumular en el último trimestre del año las facturas de los gastos que tenían en la mesilla de noche para iniciar el 2012 más ligeros de equipaje y dar la impresión de que con Rajoy en Moncloa el déficit sí se reduce.

Los titulares de Economía y Hacienda, De Guindos y Montoro, deben de tener una intuición prodigiosa porque unas horas después de sentarse en sus despachos, y sin tener siquiera nombrados a sus colaboradores, ya trabajaban con la hipótesis del 8% y planificaban los recortes correspondientes. ¿Qué imagen de su estadística oficial ofrece a los inversores –o especuladores si se prefiere- un país que de la noche a la mañana reconoce que el agujero de sus cuentas públicas será un tercio mayor al esperado?

El tercer interrogante

Precisamente sobre De Guindos y Montoro recae el tercer gran interrogante. ¿Quién de los dos manda en realidad? De lo visto hasta la fecha, el ministro de Lehman no parece ir en cabeza porque a cuenta de la cifra exacta del déficit o de la posible subida del IVA ha sido corregido una y otra vez por su colega de gabinete, que ha empezado a marcar el territorio con bríos insospechados.

Dirán que, en realidad, quien manda es Rajoy y que por eso se ha reservado la presidencia de la comisión delegada de Asuntos Económicos. Y aquí viene el cuarto y último misterio. ¿Bajo qué piedra se oculta el presidente? Resulta insólito que las últimas palabras que se hayan escuchado de su boca fueran las que pronunció al leer la lista de su Ejecutivo y que no se haya dignado a comparecer ante la opinión pública para justificar el draconiano ajuste del pasado viernes, por lo que no sabemos si ha prolongado por su cuenta las celebraciones de fin de año para quitarse el mal sabor de boca.

Pese a lo privadísimo de su agenda, está previsto que este jueves presida el consejo de ministros y que al día siguiente acuda con el Rey a la Pascua Militar. De seguir tan emboscado, no es descartable que sus asesores tengan que recurrir a la misma estrategia que utilizaron cuando desapareció tras el triunfo electoral y mostrarle en fotos en su despacho rodeado de varias montañas de informes. O dejar encendida en Moncloa una lucecita por la noche, como la del Pardo.


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