Sin enmienda

El PSOE hace magia: nada por aquí, nada por allá

A la espera de que las ideas aparezcan tras el busto de Pablo Iglesias o llegen a Ferraz por correo certificado, el debate que está antecediendo al 38 Congreso del PSOE no está siendo arrebatador, ni profuso ni tan siquiera áspero. El término más adecuado para definirlo es el de mágico, porque mantiene muy entretenido al personal con un continuo nada por aquí, nada por allá, en el que resulta muy complicado diferenciar los mensajes de los, por ahora, dos únicos aspirantes a la secretaría general.

Se imponía primero una severa autocrítica de la derrota y hay que reconocer que al menos el grupo nucleado en torno a Carme Chacón la hizo, evitando además atribuir el hundimiento a la mala comunicación, como si lo hecho desde el Gobierno fuera excelso e inevitable y los electores no hubieran sido capaces de digerirlo por sus cortas entendederas y una explicación deficiente. Singularmente, se llegó al hueso y la radiografía de la sucedido mencionó desde la incapacidad para ver lo que se avecinaba, a la idiotez de llamar desaceleración a la mayor crisis económica desde la Depresión del 29, pasando por un volantazo ideológico que hizo recaer el peso de los ajustes casi exclusivamente en los potenciales votantes de una fuerza que se presumía de izquierdas.

A partir de ahí, el siguiente paso hubiera debido ser la reconstrucción de un ideario desarbolado, que no puede limitarse a trasplantar el modelo francés de elección abierta a los ciudadanos de los candidatos electorales o a discutir sobre si hay que adelantar el derecho al voto a los 16 años, las dos propuestas estrellas de una ponencia marco que ha de ser el no va más de las ponencias marco ya que fue aprobada por unanimidad en el Comité Federal.

Aunque parezca superfluo, es muy importante delimitar el campo de juego, si es que es sincera la impronta socialdemócrata de los aspirantes a dirigir el PSOE, porque la experiencia demuestra que, si se deja al albur, nada impide que un buen día llegue un Zapatero cualquiera e identifique con la izquierda todas y cada una de sus acciones, ya sea bajar los impuestos o atarse los zapatos. Eso, que tendría que ser lo principal ahora, es lo que está faltando en un partido que precisa recuperar una cierta utopía, marcar metas que eviten caminar en círculos o, lo que es peor, en dirección contraria. ¿No sería el momento, con el baldón de los cinco millones de parados, de hablar de distribuir el tiempo de trabajo y resucitar las 35 horas semanales o plantear la jornada semanal de cuatro días? ¿Sería un disparate abrir la discusión sobre la resurrección de la banca pública? ¿Por qué esa renuncia a defender la dación en pago en el tema de la vivienda? 

Lo que se vive, por el contrario, es una lucha por el poder en el que los bandos están perfectamente delimitados. De un lado y con contadas excepciones, la nomenklatura que intenta perpetuarse y los restos del guerrismo se han situado detrás de Rubacalba, con el argumento de que lo suyo es la solvencia con barba; de otro, los desheredados del zapaterismo, a los que el de Babia dejó por el camino, y el PSC en bloque se han agrupado en torno a Chacón, cuyo principal activo, al parecer, es su capacidad para emocionar. ¿Es razonable que en un partido hecho jirones la principal discusión sea si la futura dirección será más o menos colegiada?

Aunque subrepticias, las estrategias son de un infantilismo abrumador. Con su defensa de una voz única del PSOE en España, Rubalcaba confía en trasladar la evidencia de que Chacón es catalana y tiene dos almas, una de ellas ligada al PSC, que, huelga decirlo, no goza de excesiva simpatías en el conjunto de la organización. Para contrarrestarlo, la exministra ha tirado de árbol genealógico para demostrar que sus raíces son andaluzas y aragonesas, y de seguir así las cosas pronto le surgirá un bisabuelo castizo y de Lavapiés. Entre tanto, Chacón desliza que Rubalcaba forma parte del pasado y de la historia, como Felipe González o Zapatero, que es un lugar muy confortable pero del que no se puede salir, mientras que ella representa el porvenir.

Este es el nivelón del debate precongresual del PSOE, cuyo ensimismamiento satisface mucho a un Gobierno que está a punto de cambiar las tijeras de podar por la sierra eléctrica. ¿Y la oposición? A lo suyo hasta mediados de febrero, como poco. No hay prisa.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba