Sin enmienda

Golpismo perrofláutico contra Aguirre

Por si fuera poco con lo de sus techos altos y el riñón que cuesta mantenerlo caliente, tanto que así no hay quien llegue a final de mes, el palacete de Esperanza Aguirre es también inseguro. Puede llegar cualquiera de madrugada, pegar una patada a la puerta de la finca, y mearse en las petunias. De no haber sido porque la Guardia Civil custodia la vivienda se habría consumado la tragedia.

Sepan que hay flores muy delicadas que, tras una micción incontrolada, no se recuperan nunca.El suceso estremece. Dos jóvenes con bufandas del Real Madrid y con signos de haberse bebido tres cosechas de Rioja o una garrafa de Johnny Walker sin hielo se lían a golpes con la portezuela y son detenidos por la diligente pareja de la Benemérita que vela por el descanso de la presidenta.

Conducidos a la Comisaría de Policía, son puestos en libertad sin tomarles declaración, no ya porque no acertaran a decir dos palabras seguidas, que también, sino porque romper una puerta es un delito de faltas que no exige prisión preventiva ni la incomunicación que se aplica a los terroristas, y la posibilidad de que fueran condenados a la pena perpetua revisable que propone Trillo es bastante escasa.

Aguirre se queja de indefensión. A los detenidos habría que haberles aplicado un interrogatorio tipo tercer grado de película americana en blanco y negro y echarles humo en la cara hasta que cantaran de plano. Sospecha con razón que los asaltantes podían ser indignados del 15-M disfrazados de Ultrasur, y que su intención oculta era, quizás, ejecutar un golpe de Estado autonómico del que la presidenta lleva alertando desde hace tiempo. Ningún ciudadano honrado debe estar tranquilo mientras esas turbas de perroflautas incontrolados estén por la calle en tiendas de campaña o –lo que es peor- ocupen hoteles colindantes a la sede del Gobierno regional.

Una cosa es que la ley sea igual para todos y otra muy distinta que no dé un trato de favor a doña Esperanza en momentos de tanta tribulación. Debe dimitir la delegada del Gobierno, el ministro del Interior y Zapatero si sigue en activo. Tampoco estaría de más que Rubalcaba diese explicaciones en su próximo mitin. Si eso le pasa a ella que es un autoridad pública, qué trato dispensará la Policía a un ciudadano normal, de cuyas penas se acuerda ahora la lideresa madrileña con mucha afectación.

Afortunadamente, Aguirre ha reaccionado a tiempo. Con los culpables hay que ser inflexibles y si la Justicia española se resiste a ver el delito, que sean encausados por el Tribunal Penal Internacional por crímenes contra la humanidad y contra los arriates. No se trata de blindar el incómodo palacete de la presidenta; lo que está en juego es la democracia y las plantas de jardín.


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