Sin enmienda

Al Gobierno le pillan haciendo el griego pero al revés

Es una pena que en este país esté tan mal visto eso del I+D porque aquí no es que el más tonto haga relojes de madera, sino que a poco que se lo proponga te construye un transbordador espacial con el tetrabrik de la leche desnatada. En este paraíso del emprendedor es lógico que el Gobierno marque la pauta, porque imaginativos somos un rato y hacemos de la necesidad una virtud sacrosanta y teologal. Ocurre que, en ocasiones, te pillan con el carrito del helado y toca poner cara de full de reyes ases, que no es mala jugada de primeras dadas. Algo parecido le está pasando a nuestros avispados responsables de Economía, que de trampas en el solitario saben un rato, empezando por el ministro de Lehman, Luis de Guindos, la reencarnación de Heraclio Fournier en su versión más neoliberal.

Pero vayamos al grano. El PP llegó al poder denunciando el despilfarro de los socialistas y haciendo bandera de la lucha contra el déficit, y no dejó pasar media hora desde que Rajoy probara lo mullido de los sofás de la Moncloa para denunciar que el desequilibrio de las cuentas públicas no era el prometido 6% sin que se había pasado como poco un par de pueblos y rondaba el 8%. Algo de cierto había en la desviación ya que de la anterior responsable de la cosa, Elena Salgado, no se escuchó ni un mohín, quizás porque desde la Costa Azul, donde la ex ministra tiene vivienda, las conferencias telefónicas salen por un pico.

El aparente desfase dio pie a un primer paquete de medidas entre las que se encontraba una brutal subida de impuestos, justo lo contrario de lo que los populares habían prometido en campaña electoral, aunque todo el mundo lo descontara con desviación o sin ella, ya que la experiencia acreditaba que 16.000 millones no suelen sacarse de la manga sino, por lo general, de los bolsillos de las clases medias.

La rapidez de la maniobra conjuró el peligro evidente de que los dichosos mercados volvieran a la carga contra la deuda soberana y envío el mensaje a la institutriz alemana Angela Merkel de que España besaría por donde pisase, ya lo hiciera por la Selva Negra o sobre nuestras cabezas. De hecho, con la vista puesta en Berlín se ha aprobado la Ley de Estabilidad Presupuestaria, la reestructuración del sistema financiero y la reforma laboral, iniciativas todas ellas muy aplaudidas por la teutona, a la nada hay que más complazca que un buen ajuste, y si es doloroso mejor todavía. En recompensa se esperaba que Alemania consintiera en aflojarnos la soga y aceptara relajar los plazos que debíamos cumplir para alcanzar el 3% de déficit, inicialmente comprometido para 2013.

Hinchando el déficit

Todo iba según lo previsto hasta que este martes se filtraba desde la Comisión Europea que España había podido emular a Grecia pero al revés, esto es, hinchando deliberadamente las cifras de déficit, algo sobre lo que ya especulaba aquí este juntaletras el pasado 4 de enero: “(sobre la desviación al 8%) también ha de dar cuenta el PP, ya que todo parece indicar que las comunidades en las que gobiernan han sucumbido a la tentación de acumular en el último trimestre del año las facturas de los gastos que tenían en la mesilla de noche, para iniciar el 2012 más ligeros de equipaje y dar la impresión de que con Rajoy en Moncloa el déficit sí se reduce”.

¿Que qué gana el Gobierno con todo esto? Lo primero desacreditar a Zapatero, algo redundante dada la reputación del personaje; obtener justificación interna para los recortes futuros; y en tercer lugar adquirir prestigio internacional como socio serio y respetable en lo que al manejo de la tijera se refiere. La jugada habría salido redonda si, ante el horizonte de recesión para 2012, Bruselas hubiera aceptado marcar un plazo más amplio para la reducción del déficit. A eso –y a dejar pasar las elecciones andaluzas- se esperaba para hacer públicos los Presupuestos Generales del Estado para este año.

Descontando el engorde artificial, el ajuste ya realizado y la piedad de Bruselas, las cuentas de 2012 habrían sido más llevaderas y, al mismo tiempo, hubiéramos dado la impresión de que recortando nos salimos de la tabla. Una vez descubierto el ardid, el Gobierno está obligado a demostrar que es capaz de reducir sin ayuda externa el desequilibro al 4,4%, lo cual vaticina varios hachazos en las principales partidas de gastos y una más que inevitable subida de impuestos, probablemente del IVA. Hemos ido de farol y, para colmo, nos han visto la seña. Esta mano está perdida.


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