Sin enmienda

Escurrir a los andaluces

El cuento ha cambiado una barbaridad. Hace ahora cinco años estaba de moda el anticatalanismo, un movimiento que, con Rajoy de abanderado, culminó con una surrealista recogida de firmas contra el Estatut en la que más de cuatro millones de personas garabatearon su nombre para pedir un referéndum que impidiera que España se rompiera a la altura del Ebro. Hoy, sin embargo, las nuevas tendencias apuestan más por el vintage de hablar catalán en la intimidad y, sobre todo, por dar leña al mono andaluz hasta que hable inglés, ya que, según Artur Mas, en castellano no se le entiende nada.

El primero en subirse al carro de los improperios contra los habitantes del sur de Despeñaperros fue Durán Lleida, con quien en campaña es mejor no encontrarse en una calle oscura. Temiendo quizás que los recortes de la Generalitat le pasaran factura en las urnas, el de Unió recurrió a la parábola del jornalero andaluz acodado en el bar de la plaza dando sorbos a un copazo de sol y sombra gracias al PER que le pagan los abnegados catalanes.

Si la arremetida de Durán puede ser interpretada como una argucia electoral –no así su homofobia, que es innata-, la de Ana Mato y su obsesión con los niños andaluces –de los que un día dice que son prácticamente analfabetos y otro que en el colegio se sientan en el suelo, de ahí que no se concentren en las matemáticas- es aparentemente incomprensible, siendo Andalucía el último bastión del que esperan desalojar a los socialistas.

Pudiera deberse todo al carácter despistado de la vicesecretaria del PP, que o bien no ha reparado en la importancia política que para su partido tiene la autonomía o cree verdaderamente que África empieza en La Carolina y que para viajar a Sevilla hay que vacunarse. La tesis del despiste no es descabellada, a tenor de los antecedentes: jamás preguntó a su ex marido por el Jaguar que aparcaba en su garaje y que resultó ser una gentileza de Correa; nunca supo que el Suzuki que ella misma conducía había pertenecido a la santa del de la gomina; e ignoraba que el capo de la Gürtel había pagado los gastos de la comunión de su hijo, los payasos de las fiestas de cumpleaños de los niños y hasta un viaje de toda la familia a Suiza con asistenta ecuatoriana incluida.

No es descartable tampoco que Mato quisiera rendir un homenaje a otros egregios populares como Alejo Vidal Quadras, quien antes de consagrarse a dorar la píldora a Mario Conde en las tertulias de Intereconomía tenía tiempo para llamar cretino a Blas InfanteJavier Arenas, el hombre que ostenta el récord mundial de elecciones perdidas en pista cubierta, debe de estar contentísimo con el empeño de su amiga en que no abandone el Guinness.


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