Sin enmienda

Apuntes sobre la productividad y los puentes

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid bajo unos puentes que esta semana están de moda, la CEOE ha vuelto a insistir en que somos menos productivos que el hombre de Cromagnon y que nuestras hachas de silex cortan menos que las alemanas de acero templado. Más allá de su propuesta de que santifiquemos las fiestas los lunes en vez de cuando toca, es interesante analizar quienes son los responsables de que la productividad en España sea tan baja. Volviendo a la comparación con Alemania, si aquí cada empleado trabaja cerca de 300 horas más al año y el salario medio es casi un 50% inferior, ¿es justo culpar de ello a los trabajadores?

Existe, de entrada un problema estructural de difícil solución. En esto, como en todo, el tamaño sí importa, y todos los estudios constatan que la productividad aumenta a medida que lo hace la dimensión de la empresa, y por eso los grandes conglomerados españoles pueden exhibir cifras semejantes a los del resto de multinacionales. Por explicarlo gráficamente, la productividad de una compañía con más de mil empleados es tres veces mayor que la de una empresa con menos de 20 trabajadores. De lo cual, puede deducirse que un país en el que el 99% de su tejido empresarial está constituido por pequeñas y medianas empresas ha de ser forzosamente menos productivo que otro con una proporción inferior.

Como se comprenderá esto no se soluciona pasando al lunes el Jueves Santo para evitar el puente, o haciendo que todos los días de Reyes sean también lunes, aunque caigan en viernes como en 2012. Ya de paso, conviene dejar claro que las empresas no regalan graciosamente los puentes a los trabajadores, y que quienes los saborean lo hacen a cuenta de sus días de vacaciones. Sus horas de trabajo al año se mantienen invariables, con independencia del disfrute de acueductos o de otras obras de la ingeniería laboral.

Pero volvamos a la productividad, que en esencia es un ratio entre la producción y los medios utilizados para alcanzarla. Es evidente que si una empresa produce lo mismo que otra con la mitad de la plantilla, su productividad es doble, pero ello no quiere decir los trabajadores de la empresa menos productiva se echen la siesta tras el potaje o se demoren más de la cuenta en la hora del bocadillo. Pongamos el ejemplo de dos empresas madereras que se dedican a talar árboles. Si los operarios de la primera han de hacerlo con un hacha, por muy alemana que sea, su productividad será más baja que los de la segunda, que disponen de sierras eléctricas y además saben utilizarlas. En definitiva, la productividad depende mucho de que los empresarios inviertan en tecnología y en formación, y piensen un poco menos en cambiar de Mercedes cada seis meses.No es extraño que la obsesión de la patronal sea la de ligar a su evolución las subidas salariales en vez de a la inflación. Lo que todavía no ha ofrecido es una fórmula para que nos enteremos de cómo se calcula. ¿En qué proporción han de subir los salarios de una empresa que haya incrementado su beneficio ordinario un 20% sin elevar sus costes fijos? Y si se trata de una empresa que ha mantenido su producción con la mitad de la plantilla, ¿ha de duplicarse el sueldo de los supervivientes?

En la medida en que la productividad no depende del rendimiento laboral y que la voluntad de los empresarios de hacer partícipes de la gestión de sus negocios a los trabajadores es inexistente, hay que inferir que la obstinación en ligar salarios a productividad sólo busca depreciar los sueldos, haciéndolos crecer por debajo de la inflación. Obviamente, con ello se consigue aumentar la productividad. Lo que no está claro es que los trabajadores, que durante esta crisis han sido presionados para que recorten sus salarios a cambio de evitar despidos, vayan a aceptar indefinidamente que les tomen el pelo, ya sea lunes de Pascua o domingo de Resurrección.


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