OPINIÓN

Bajo el Roble de Gernika, en tierra vasca

El tiempo nos dirá si el espíritu vivido bajo el Roble de Gernika, en Tierra Vasca, ejerce una incidencia real en el necesario viraje del Partido Popular en relación a la realidad catalana y vasca.

Íñigo Urkullu, en el acto de toma de posesión de los once consejeros del Gobierno Vasco.
Íñigo Urkullu, en el acto de toma de posesión de los once consejeros del Gobierno Vasco. EFE

El martes de la pasada semana se firmó en el Parlamento Vasco el Acuerdo que da soporte al nuevo Gobierno, el miércoles se celebró el Debate de Investidura, y el jueves Iñigo Urkullu fue elegido Lehendakari de Euskadi. Al día siguiente, Urkullu dio a conocer el nombre de las Consejeras y Consejeros que formarán parte de su Gobierno, y el sábado juró el cargo en Gernika. Humildad y fidelidad son dos palabras de gran significación que el Lehendakari volvió a subrayar en el momento de la jura. Tranquilidad y normalidad son también dos realidades que identifican el momento político que vivimos en Euskadi.

El clima que percibimos se puede sintetizar en una fotografía que, a buen seguro, guardaremos en nuestra retina; la que el domingo abría las portadas o ilustraba las informaciones en páginas interiores de muchos periódicos. Es la imagen de representantes institucionales y líderes de todas las fuerzas políticas vascas en pie y unidas en un aplauso unánime al Lehendakari, en una Casa de Juntas que atesora años de historia y simbolismo de la identidad vasca.

El pasado sábado, bajo el Roble de Gernika, vimos gestos que contrastan con lo vivido hace cuatro años en ese mismo lugar

El pasado sábado, bajo el Roble de Gernika, vimos gestos que contrastan con lo vivido hace cuatro años en ese mismo lugar. No cabe duda de que la política vasca ha experimentado en este tiempo un cambio de gran calado. Los representantes de la izquierda abertzale tomaron parte en el acto institucional y ofrecieron una imagen que hace años hubiese sido impensable. De la misma forma, dirigentes de Podemos asistieron y participaron también con absoluta normalidad. Se percibía un ambiente de tranquilidad y cordialidad, muy alejado de los momentos de tensión que hemos tenido que soportar durante años recientes que recordamos y que, sin duda, queremos dejar atrás.

Los saludos, encuentros y conversaciones nos dejaron la imagen de un acto en el que primó la ilusión compartida por arrancar con buen pie esta nueva legislatura que nos va a conducir hasta el final de la década. Incluyo, o quiero incluir también en esta categoría, una de las fotografías más esperadas: el encuentro que protagonizaron en Gernika, en Tierra Vasca, la Vicepresidenta del Gobierno Español, Soraya Sáenz de Santamaría, y el President de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont. Resulta realmente llamativo contemplar la expresión de las personas que asisten como testigos de la escena: todas ellas parecen esperar un feliz desenlace del encuentro; parecen compartir el deseo de que Gernika, símbolo universal de la paz, la democracia y la libertad, pueda contribuir a reconducir las relaciones políticas e institucionales desde la senda del diálogo y el pacto.

Creo que la brecha entre Rajoy y Puigdemont va a ser difícil de superar. Se mantienen demasiados condicionantes que dificultan avanzar en esta relación

Sabemos que no va a ser fácil. Creo que la brecha entre Rajoy y Puigdemont va a ser difícil de superar. Se mantienen demasiados condicionantes que dificultan avanzar en esta relación. En cualquier caso, la expectativa se mantiene, y esperemos que este encuentro cordial en este escenario ancestral contribuya a recomponer las relaciones y a abrir una nueva etapa de diálogo y acuerdo. Es lo que deseamos para Euskadi y también para Catalunya, dos realidades nacionales que demandamos respeto y reconocimiento en una relación de igual a igual.

En el inicio de esta nueva etapa, y por lo que hace referencia a Euskadi, priman la prudencia y la cautela. Es innegable que se atisba un cambio en las formas y que existe una comunicación más fluida. Ahora bien, el cambio ha de ser de fondo y debe venir acompañado por una nueva actitud. En el seno del Partido Popular puede tratar de abrirse camino una vía de pragmatismo y voluntad de consenso, pero la realidad acumula decisiones que nos hablan del recrudecimiento del más puro centralismo estos últimos meses, también con el Gobierno español en funciones. Volviendo a Catalunya, no olvidemos que fue precisamente el Partido Popular el que recurrió el Estatut ante el Tribunal Constitucional, tras haber sido aprobado por el Parlament de Catalunya, aprobado por las Cortes Generales y aprobado también en referéndum por la ciudadanía catalana. Nada nos ha hecho pensar hasta la fecha que el alma que se impuso en aquel momento en el seno del PP no sea la misma que se mantiene y que opera en la actualidad en todo lo relativo al desarrollo del Autogobierno Vasco.

A diferencia de la pasada Legislatura en las Cortes Generales, los populares están ahora necesitados de extender los apoyos para obtener su codiciada estabilidad

Es cierto que, a diferencia de la pasada Legislatura en las Cortes Generales, los populares están ahora necesitados de extender los apoyos para obtener su codiciada estabilidad, pero creo que se mantienen aún prisioneros de esa pulsión centralista que les impide aceptar la diversidad del Estado y el reconocimiento del hecho diferencial que representan dos naciones históricas como Euskadi o Catalunya. El inicio de la presente legislatura en Madrid nos ha dado una nueva prueba de ello. No tenemos más que ver la posición mantenida por la bancada gubernamental en la primera sesión de control al Gobierno que tuvo lugar en el Senado. En la misma, tuve la oportunidad de preguntar a la Vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, por sus planes para proceder al cumplimiento íntegro del Estatuto de Gernika, que es Ley. Su respuesta fue muy preocupante. Reproduzco la literalidad de sus palabras: “Habla usted de cumplir el Estatuto. Entiendo sus reclamaciones, la sensibilidad foral de este Gobierno está determinada. Si usted y yo hablamos mirando más a los vascos que a las instituciones forales vascas, a lo mejor llegamos a mejor puerto”.

Insisto en que esta respuesta me preocupó porque el Gobierno Español, en boca de su Vicepresidenta, parece querer afirmar que hay un espacio para los acuerdos puntuales y coyunturales, pero que no está dispuesta a abordar con seriedad y rigor el cumplimiento del Estatuto de Autonomía de Gernika. Ofrece la cara amable y su disposición a generar un nuevo clima, pero establece unos límites que no podemos aceptar. Resulta paradójico encontrarnos con un Partido Popular que durante todos estos años ha subrayado la primacía absoluta del cumplimiento de la Ley, pero que se muestra incapaz de predicar con el ejemplo y se niega sistemáticamente a ponerlo en práctica con el caso de nuestro Estatuto.

El tiempo nos dirá si la visita a Gernika y el espíritu allí compartido tienen una continuidad. El Partido Popular se encuentra en minoría, necesitado de recomponer los puentes de relación y acuerdo. Nuestro deseo es que estos puentes conduzcan a lo que siempre hemos demandado: un cambio radical de actitud que signifique el reconocimiento de la diversidad y la pluralidad y que conduzca a la senda del acuerdo entre diferentes desde el respeto y el reconocimiento mutuo. El tiempo nos dirá si el espíritu vivido bajo el Roble de Gernika, en Tierra Vasca, ejerce una incidencia real en el necesario viraje del Partido Popular en relación a la realidad catalana y vasca, que no deja de ser la realidad del propio Estado plurinacional.


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