OPINIÓN

El Delegado

El lustro del Delegado que representa al Gobierno de la mayoría absoluta del PP ha terminado y, desde este lunes, es Javier De Andrés el encargado de velar por el orden en el ‘aula vasca’.

Javier de Andrés, nuevo delegado del Gobierno en el País Vasco.
Javier de Andrés, nuevo delegado del Gobierno en el País Vasco. EFE

En mis tiempos de estudiante era habitual que, cuando un profesor se ausentaba del aula, dejara al cargo de la clase a un “Delegado” encargado de vigilar el comportamiento de sus compañeros. Recuerdo que había quienes, crecidos ante su efímera autoridad, se excedían en su celo apuntando nuestros nombres en la pizarra cada vez que hablábamos para que, a su vuelta, el maestro de turno tuviera a bien aleccionarnos por nuestro mal comportamiento. Eran procedimientos que, sin duda, no casan con el actual sistema pedagógico y no serían admisibles por los docentes de hoy en día.

La figura del Delegado del Gobierno Español me retrotrae a épocas pasadas, en las que la eficiencia en la gestión no era lo que más se valoraba en la Administración

Traigo estos recuerdos a colación, porque la figura del Delegado del Gobierno Español me retrotrae a épocas pasadas, en las que la eficiencia en la gestión no era lo que más se valoraba en la Administración. El Delegado del Gobierno, al menos en Euskadi, con su actitud y comportamiento durante esta última legislatura, no ha hecho honor a la primera responsabilidad que le asigna la propia ley que posibilita nombrarle, esto es, “mantener las necesarias relaciones de cooperación y coordinación (…) con las Administraciones de la Comunidad Autónoma y con las correspondientes Entidades locales”. Esta función ha brillado por su ausencia durante estos cinco últimos años.

La pasada legislatura ha sido una de las más complicadas para las Administraciones vascas en sus relaciones con el Gobierno Español. Hasta el último día, cuando fue cesado de su cargo el pasado 30 de diciembre, el Delegado del Gobierno ha mantenido el impulso político que le ha llevado a presentar más de mil recursos contra decisiones adoptadas por las instituciones vascas. Su “regalo de despedida” ha sido tratar de impedir que el Gobierno vasco pueda fijar el horario de sus propios trabajadores públicos y recurrir nuevamente la Oferta Pública de Empleo de la Ertzaintza. Este caso es especialmente incomprensible porque se produce por tercera vez consecutiva y pese a tratarse de una decisión aprobada en el seno de la Junta de Seguridad. Esta Junta de relación bilateral, en la que toma parte el Ministerio del Interior, aprobó la necesidad de renovar la plantilla de la Ertzaintza y, esta decisión que permite el relevo generacional de la Policía Autónoma y garantiza su dotación con 8.000 agentes, fue avalada por el Parlamento vasco, con el voto afirmativo del propio Partido Popular.

Son los dos últimos ejemplos de un Delegado del Gobierno Español que ha olvidado sus funciones de cooperación y coordinación con las instituciones vascas. Su obsesión ha sido la presentación permanente de recursos, muy especialmente la constante persecución de decisiones tendentes a garantizar la cooficialidad del euskera, idioma oficial en Euskadi, mal que le pese. Ha adoptado una actitud persecutoria que le ha llevado a batir todos los records con cientos de recursos cuestionando el uso del euskera en los Ayuntamientos vascos.

Hay quien ha querido interpretarlo como un gesto del Partido Popular hacia el Partido Nacionalista Vasco

El lustro del Delegado que representa al Gobierno de la mayoría absoluta del PP ha terminado y, desde este lunes, es Javier De Andrés el encargado de velar por el orden en el ‘aula vasca’. Hay quien ha querido interpretarlo como un gesto del Partido Popular hacia el Partido Nacionalista Vasco tendente a ganar un eventual apoyo a los Presupuestos Generales del Estado. No creo equivocarme si afirmo que quien piensa esto no conoce al PNV, y tampoco al PP. En cualquier caso el primer “apunte en la pizarra” del nuevo Delegado no ha sido muy alentador, porque ha pretendido dar cobertura pública a todos los recursos interpuestos por su antecesor. Mal comienzo para quien pretende abrir una nueva vía de relaciones, sobre todo porque parece poner de manifiesto que la realidad auténtica es que el cambio no se produce por convicción sino por necesidad. Recomiendo al nuevo Delegado que comience por leer, asumir y practicar la Ley y ponga en práctica su primera función de cooperación y coordinación que le asigna la normativa que tanto afirma defender.

El Partido Nacionalista Vasco ni ha avalado ni va a avalar la necesidad de la figura del Delegado del Gobierno Español en Euskadi. En cualquier caso y, pese a todo, vamos a seguir recordando que su labor debería estar presidida por la voluntad de facilitar las relaciones institucionales y no por dificultarlas. Sería conveniente aplicar un cambio de actitud radical, demostrar con hechos que se pretende avanzar desde el diálogo leal, que se apuesta por la búsqueda de una complicidad y trabajo conjunto entre las Administraciones públicas respectivas. Demostrar con hechos que se trata de empatizar con la realidad social de Euskadi y las instituciones que la representan, en lugar de tratar de imponer el criterio unilateral del Gobierno Español. En el inicio de esta nueva etapa, el PP tiene que ser consciente de que con el tipo de actitudes que ha mantenido se ha ido enrocando en una posición de soledad que lo ha convertido en un partido minoritario en Euskadi. Es evidente que vivimos un nuevo tiempo en Euskadi, y ver al PP empeñarse en su cerrazón ante temas tan importantes para el futuro de nuestro País como la pacificación, la normalización y la convivencia, no ha hecho más que generar la incomprensión y la distancia de una amplia mayoría de la sociedad vasca.

Quiero pensar y creer que, en el inicio de esta nueva etapa, el nuevo Delegado va a tomar nota de las cuestiones planteadas en la agenda vasca

Soy y quiero ser positivo. Por ese motivo, reconozco como un avance el hecho de que en el acto de toma de posesión, el nuevo Delegado del Gobierno hiciera mención expresa a la singularidad foral vasca y a los derechos históricos amparados por la Constitución, aspectos ambos a tener muy en consideración. Reconozco también que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, hizo mención a la necesidad de un diálogo sin imposiciones. Es un deseo que suscribo, sin lugar a dudas.

Doy por sentado que sus deseos y los míos no se van a ajustar a la misma sintonía, pero quiero pensar que el nuevo Gobierno Español y su nuevo Delegado son conscientes de la necesidad imperiosa de un cambio de rumbo radical en Euskadi. Quiero pensar y creer que han llegado al convencimiento de que la actitud que han mantenido con respecto a las instituciones vascas durante estos años no ha resultado beneficiosa para nada, ni para nadie, comenzando por el propio Delegado ahora sustituido. Quiero pensar y creer que, en el inicio de esta nueva etapa, el nuevo Delegado va a tomar nota de las cuestiones planteadas en la agenda vasca y va a comenzar por borrar las palabras recurso e imposición para anotar en la pizarra las palabras cooperación y colaboración. Así lo espero, deseo y recomiendo.


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