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Príncipes: Asturias (y España) agonizan, ¿no escucháis la pitada?

No saldrá en los grandes medios de comunicación -tan cínicos como los políticos a los que simulan criticar- pero la ceremonia de los Premios Príncipes de Asturias 2012 quedará en la memoria de los allí presentes como la primera edición de la historia en la cual los abucheos callaron a las gaitas. Habrá que bucear en la prensa marginal, en las redes sociales o en Youtube, pero el himno de pitos que presidió la llegada de los miembros de la familia al Teatro Campoamor quedará para siempre.

No es nada personal -o sí- contra Sofía, Felipe ni Letizia. Es que, señora reina y señores príncipes, Asturias agoniza. Es que, casualmente, el mismo día en que la caravana de relucientes cochazos negros derrochó gasolina y opulencia en su habitual y ridículo –por corto- recorrido por el centro de Oviedo, la Encuesta de Población Activa (EPA) situó a esa bendita tierra astur como la cuarta comunidad española en la cual el paro registró el mayor crecimiento (4,11%) del tercer trimestre del año.

Los indignados ciudadanos que gritaron al mundo su rabia en las inmediaciones de la carbayona Plaza de la Escandalera no ensucian la ceremonia de entrega de los Premios ni, mucho menos, la imagen de Oviedo y de Asturias. Al contrario. Acuden a un acto que se sufraga en buena parte con sus impuestos y muestran la auténtica realidad de una sociedad sumida en un pozo sin salida.

Aislada –o de muy complicado acceso- por tierra, mar y aire, Asturias sólo imagina futuro al otro lado de la cordillera Cantábrica. Salvo excepciones, los jóvenes -y menos jóvenes- que sueñan con prosperar hacen la maleta y emigran. A Madrid, a Barcelona o al extranjero. Las grandes empresas públicas se desvanecen y ningún poder político ha sido capaz de trazar jamás un verdadero y eficaz plan de futuro. Sin ir más lejos, y como este es un blog deportivo, sólo hace falta ver el desolador páramo de representación asturiana en cualquier modalidad y categoría nacionales.

Bajo el mucho orbayu o en los contados lunes al sol, cada uno se busca las habichuelas (fabes) como puede y sobrevive al día. No es demagogia, es la vida misma. Y, señora reina y señores príncipes, si no son capaces de entenderlo, pregunten a Casillas y Xavi. Ellos, como cualquier deportista,  saben bien cuándo y por qué tus aficionados –tu pueblo- llegan al extremo de abuchearte. La gente es buena, demasiado buena, pero consideran que es hora de decir basta. Resulta dramático, pero el ciudadano no está para premios ni demás gaitas. Ni en Asturias ni en el resto de España. Dicho en forma de pancarta: “La España real no tiene nada que celebrar”.               


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