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En la NBA, el Madrid se arruinaba; en Escocia, desaparecía

Si algunos tuvieran vergüenza se pondrían colorados a diario. O al menos, cada vez que abren un periódico. En España presumimos, con razón, de futbolistas, pero algunos aprovechan los éxitos de una generación excepcional para sacar pecho e intentar pintar de prestigio un envoltorio lleno de manchas y un fondo con incontables agujeros. Con excepciones, la organización del fútbol y su gestión económica son un desastre consentido, una calamidad sólo asumible en países con escasa conciencia social y ciudadana.

En menos de 24 horas, dos ejemplos demoledores. El primero, la multa de 20.000 euros impuesta por la NBA a una de sus estrellas, Kevin Garnett, por no comparecer ante la prensa después de que su equipo, Boston Celtics, perdiera la opción de jugar la final de la Liga tras caer ante Miami Heat. Al igual que sucede en la Liga de Campeones, en la NBA la presencia de entrenadores y jugadores es una obligación especificada en el reglamento.

La Liga de Fútbol Profesional (LFP) no regula eso ni casi nada. Por eso permite que, sin ir más lejos, el entrenador del Real Madrid se haya saltado casi medio centenar de ruedas de prensa antes y después de los partidos de la que, dicen ellos mismos, es la “mejor Liga del mundo”. Multiplíquese cada espantada de Mourinho por 20.000 euros y la cantidad aproximada suena redonda: un millón.

Una nadería comparada con los 3.500 millones de deuda total que, según la asociación de consumidores Facua, arrastran los clubes de la Liga BBVA. De ellos, 752 corresponden a pagos no efectuados a Hacienda y Seguridad Social. Siguiendo con el ejemplo del Real Madrid, el club blanco asegura que no le debe nada a Hacienda, pero reconoce que su deuda a 31 de junio de 2011 era de 170 millones. Un club europeo comparable en historia y tradición a la entidad madridista, el Glasgow Rangers, acaba de desaparecer. Su pecado, deberle a la Hacienda escocesa una minucia: 26 millones.

Aquí los clubes no pagan a nadie, fichan futbolistas y, en último caso, se acogen con alegría a un concurso de acreedores. Pero siguen compitiendo como si tal cosa y engordando el pufo. En Escocia no cuentan 139 años de historia ni las vitrinas llevas de trofeos. Te cierran y tienes que abrir con otro nombre en Tercera. Estos británicos -y los norteamericanos- están locos.  


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