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Fernando Alonso, un llorón

Si las declaraciones que hizo Fernando Alonso tras su desahogo emocional en lo más alto del podio de Valencia hubieran salido de otra ilustre boca –hay tantas que pueden elegir ustedes la que prefieran: Nadal, Pau Gasol, Lorenzo, Casillas, Xavi…- , el protagonista de tan sentido discurso estaría ya al borde de la santidad. El piloto asturiano, no.

"Me emocioné por la gente española que está pasando momentos difíciles", explicó Alonso tras haber llorado como nunca después de ganar una carrera en la que arrancó undécimo. Sus detractores son tantos que una frase, un sentimiento sobre la crisis que afecta a tantos compatriotas hasta ahora jamás expresado por ningún deportista de élite parece haber pasado, en el mejor de los casos, desapercibido. Porque sus críticos más cerriles incluso se atreven a vislumbrar tras las palabras del ovetense “demagogia”, “populismo” o “falsedad”.

La razón de ser de ese nicho de vituperadores de Alonso es tan española como la bandera que él ondeó en su Ferrari por el circuito urbano de Valencia tras ganar el GP de Europa: nadie se atreve a dudar de su extraordinaria categoría como piloto y deportista, “pero es un antipático”. Y le dan más valor a lo segundo, accesorio, que a lo primero. Lleva esa etiqueta pegada en su casco desde hace años y colgará los guantes sin desprenderse de ella. 

Yo, que apenas he cruzado con Alonso un par de preguntas en rueda de prensa, conozco muy bien esa vertiente del carácter asturiano. El ovetense es reservado en público, si habla dice lo que piensa y solo despliega su cara más alegre, guasona incluso, en los círculos íntimos o de cierta confianza.

Lo que de verdad criminalizó para siempre a Fernando Alonso fue su relación con la prensa en los primeros tiempos de su carrera en la F1. Llevando la lealtad a un punto extremo, el piloto y su entorno premiaron con descaro a aquellos periodistas y medios que les habían apoyado cuando era un chaval desconocido. El Nano se entregó sin freno a quienes considera aliados sinceros y partícipes de sus éxitos e ignoró a los que no le abrieron la puerta o, peor aún, a quienes él considera que le maltrataron cuando más amparo precisaba. Una elevada factura que no tiene pinta de prescribir nunca.

A Fernando le ayudó mucho el punto de vista de su exmujer, Raquel del Rosario. Acostumbrada a promocionar los discos de su grupo, El sueño de Morfeo, y, por tanto, experta en fomentar las buenas relaciones con los medios, durante los años de convivencia de la pareja el piloto dulcificó su vínculo con los periodistas. Con casi todos. Tras la separación amistosa de Raquel, el asturiano ha encontrado una herramienta para exponer ante el mundo su perfil más amable: Twitter.

Con más de 731.000 seguidores en menos de cuatro meses de existencia, @alo_oficial descubre al Alonso más bromista, irónico y abierto de forma inusitada a la relación directa con sus seguidores. Desconozco si tiene algún community manager o similar que le echa una mano a la hora de escribir los mensajes oficiales, pero la sensación general que transmiten sus tuits más numerosos es la de una cuenta manejada de forma personal, directa y sentida por el propio bicampeón del mundo. Con abundantes fotos, chistes, macro entrevistas e interacciones varias. 

Le va a dar igual. Aquellos que siempre han puesto su forma de ser más o menos simpática por encima de su prodigioso talento al volante, no van ahora a dejarse engatusar por el fenómeno Twitter. Ni por sus emotivas reflexiones flotando sobre las lágrimas de Valencia. Para sus enemigos, Fernando Alonso es un llorón. Lo que no saben es que su carácter también trae de serie otro accesorio: la indiferencia ante los ataques personales. En la vida, como en la pista, el asturiano acelera sin mirar por el retrovisor más que lo imprescindible.         


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