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Aborrecidos por broncas, no por portugueses

Esos que se dicen amigos españoles de Pepe, los que le llevan de caza, comen con él y luego cuentan todo eso y más cuando les entrevista algún lavandero de imagen deberían decirle la verdad al futbolista portugués nacido en Brasil.

Además de disfrutar de la compañía de “una bella persona” –dicen- tendrían que explicarles que a él y a sus paisanos del Real Madrid no se les persigue. Simplemente se les aborrece. Para que no haya equívocos, la Real Academia de la Lengua Española define aborrecer así: “Tener aversión a alguien o algo”. Y, por si acaso, aversión: “Rechazo o repugnancia frente a alguien o algo”.

Lo que muchos españoles rechazan es la retahíla de acciones macarras y violentas de Pepe, la colección de gestos chulescos de Cristiano y el verbo faltón de Mourinho. Y lo que repugna es la actitud de matasiete de alguno de los miembros del cuerpo técnico blanco. Nada más.

Por supuesto, actitudes todas ellas exhibidas sobre el único escenario de los campos de fútbol. Como sólo unos pocos privilegiados tienen la fortuna de gozar de la amistad de estas estrellas portuguesas del deporte universal, la inmensa mayoría de los españoles nos limitamos a tener simpatía o antipatía según su comportamiento en el ámbito profesional.

Pepe es un defensa excepcional; Cristiano, un futbolista superior; y Mourinho, un entrenador ‘top’. Además, dicen, son tres tipos simpáticos y afables en la intimidad. Si muchos españoles les aborrecen es por su condición de broncas en los estadios o las ruedas de prensa, no por ser portugueses. Sería deseable que alguno de sus amigos españoles se lo comentara. Para que esa manía, lejos de seguir creciendo, mengüe en lo posible.     


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