Rumbo norte

El (otro) problema del 3%

“Hay una cosa más fuerte que todos los ejércitos del mundo, y que es una idea cuyo tiempo ha llegado”. Víctor Hugo

El sector financiero como otros muchos sectores de la economía se encuentra inmerso en un periodo de grandes cambios pero probablemente los más decisivos estén por llegar en los próximos años. La tecnología, las nuevas formas de producir y la formación de las nuevas generaciones conducirán a cambios tan radicales que algunos sectores apenas serán reconocibles. El sector financiero y en particular algunas áreas del mismo tienen todas las papeletas para ser uno de ellos.

En el área de gestión de activos (fondos, pensiones, tesorerías, etc.) y de la distribución de productos financieros y el asesoramiento que van ligados a ella nos encontramos en el momento presente con una situación estancada nada beneficiosa para el inversor final que, en la realidad, son todas las personas que tengan la fortuna de disponer de unos ahorros, sean estos pequeños o muy elevados. Las razones de dicha situación se encuentran no sólo en la resistencia al cambio que es normal y común a otros sectores y ámbitos ya que el cambio siempre lleva aparejados inevitables sufrimientos y damnificados por el camino. Existen al menos otros dos elementos decisivos por los que la situación se encuentra estancada en estos momentos. Una proviene del ámbito regulatorio y otra de la alarmante falta de una cultura financiera mínima por una gran parte de la población española. Todos estos elementos, donde los conflictos de interés se juntan con la ignorancia, son los que no están permitiendo que todos los avances de los últimos años se estén trasladando al ámbito del ahorro y la inversión en forma de menores costes y por tanto mayores rentabilidades, así como un mejor asesoramiento, gestión y comercialización de productos financieros.

Pero, ¿de qué estamos hablando exactamente? ¿Cuál es esa situación del pasado perniciosa que se mantiene y sigue prosperando? Pues hablamos del 3% y de cómo se consigue ese 3%. Para entenderlo vamos a llevarlo al campo de los fondos de inversión y cuál es el proceso completo habitual por el que un ahorrador termina adquiriendo un fondo o una cartera de fondos. Por supuesto, este proceso es perfectamente replicable con otros productos financieros como Sicavs, acciones, bonos, productos estructurados, cuentas gestionadas o cuentas depósito. Vayamos a ello.

A día de hoy la inmensa mayoría de los españoles tienen como punto de contacto principal para hacer sus inversiones una entidad financiera, sea esta una entidad bancaria o una sociedad de valores, que realiza al mismo tiempo las tres funciones necesarias para poder completarlas: asesoramiento, comercialización & depósito y gestión. Este modelo que pervive ya por décadas antepone la generación de comisiones e ingresos varios a los intereses del inversor final. Además, al mezclarlo todo, no existe transparencia sobre dichos ingresos hasta el punto de que no es inhabitual encontrarnos con inversores que dicen o creen no pagar nada o poco y resulta que en realidad han venido pagando hasta un descomunal 4% de sus ahorros de forma anual.

En un ejemplo típico un ahorrador llega a su banco o sociedad de valores y se le recomienda un fondo de inversión o varios fondos de inversión (o fondos de pensiones) de la casa. Resulta que dicho banco o sociedad de valores tiene también una gestora de fondos propia de forma que, nunca mejor dicho, todo queda en casa. El desglose habitual es que con una comisión de gestión del fondo o fondos recomendados media del 1,5% o superior la entidad ya se asegura unos excelentes ingresos de entre el 1,5% y 2% del dinero invertido por el cliente. Ahí no acaba todo. La gestora tiene que realizar inversiones en bonos, acciones, etc. que a través de su también (como no) propio bróker o sociedad de valores genera abundantes comisiones de intermediación. A mayor rotación de la cartera (más compras y ventas) mayores comisiones generadas. No es extraño que se puedan llegar a generar un 1% de comisiones anuales a través de intermediación y depósito. El resultado final es que sin realmente saberlo el ahorrador está entregando un 3% de sus ahorros de forma anual a la entidad financiera. Hagan cálculos y se darán cuenta que se trata de un verdadero dineral. Modelos de arquitectura abierta o guiada, donde las inversiones se dirigen a fondos externos o de terceros y a otros productos financieros, no cambian demasiado el panorama de costes totales.

España 3 Inglaterra 1... pero pierde España

Ahora vayamos al nuevo, deseable y posible modelo: la separación de comercialización & depósito, gestión y asesoramiento. Este modelo ya se está implantando en países europeos como Inglaterra y Holanda. Así, en Reino Unido, con la prohibición de los inventivos y retrocesiones por la comercialización de productos financieros, incluyendo fondos, nos encontramos que cada una de las tres funciones se realiza por tres entidades diferentes y separadas. La comercialización, intermediación y depósito de los activos (fondos y otros) se realiza a través de bancos o plataformas (brókeres) cuya especialización, economías de escala, empleo intensivo de las nuevas tecnologías y competencia en este área les ha llevado a cobrar por término medio un 0,25% anual de los activos depositados. La gestión se realiza por gestoras de fondos nacionales e internacionales que compiten en igualdad de condiciones por ser los mejores en cada clase de activo y cobran una comisión de gestión limpia de costes de distribución (son las clases de acciones limpias o clean share classes). Estas comisiones por término medio se sitúan en el entorno del 0,75% anual pero para carteras conservadoras puede bajar hasta el 0,50%. Por último, nos encontramos con las empresas especializadas sólo en asesoramiento (IFAs) y que pueden llegar a cobrar una fee o tarifa del entorno del 0,40% anual sobre el patrimonio asesorado proporcionando un servicio de alta calidad, de nuevo gracias a la especialización y el uso de la tecnología. El cobro de esta tarifa como ingreso exclusivo y por tanto sin ningún tipo de incentivo o comisiones de terceros es lo que permite al cliente tener también la seguridad de que el interés del asesor se encuentra perfectamente alineado. Así, el coste total del proceso completo que lleva aparejado invertir el ahorro (asesoramiento, depósito e intermediación y gestión) puede apenas superar el 1%.

Las comisiones son claves en los resultados de la inversión

No es de extrañar que en un entorno como el español, donde los conflictos de interés y los altos costes que llevan aparejados siguen imperando, sean tantos los ahorradores que terminan teniendo la sensación de que al final no ganan apenas nada con sus fondos de inversión o planes de pensiones o con sus cuentas gestionadas. Algunos también tienen la sensación (absolutamente fundada) de que una de las razones para ello es que las ganancias brutas se quedan en el entramado de comisiones y gastos del sector. En la actualidad y previsiblemente en los próximos años el tema de los costes será un elemento todavía más decisivo si cabe en lo que atañe al objetivo de obtener una rentabilidad real positiva. Los tipos de interés se encuentran en mínimos históricos y previsiblemente seguirán bajos o muy bajos en los próximos años. Un 1% anual en una cartera de inversión conservadora es la diferencia entre el día y la noche.

Terminemos justamente con una reflexión sobre lo que está sucediendo actualmente con no pocos fondos de inversión de renta fija flexible o fondos mixtos que son precisamente la tipología de fondos donde está entrando más dinero en los últimos meses. No pocos de estos fondos soportan una ratio de gastos corrientes totales (incluye comisión de gestión y deposito más otros gastos operativos cargados al fondo como auditoria, legales, etc.) de alrededor del 2%. Ello significa que para obtener una rentabilidad anual de 2-3%, lo que es un objetivo ambicioso pero demandado por muchos ahorradores, estos fondos tienen en realidad que obtener una rentabilidad bruta (sin descontar los gastos) del 5%. Les puedo asegurar que en el entorno actual para obtener ese 5% estos fondos se ven obligados a tomar unos riesgos demasiado elevados. Unos gastos más ajustados permitirían a los gestores no verse forzados a tomar esos riesgos excesivos que en caso de materializarse termina pagando el inversor final.

Renueve de coche “gratis” cada cinco o diez años

El problema de los porcentajes y el argot de las comisiones con sus puntos básicos (centésima de un uno por ciento) es que los ahorradores pueden llegar a perderse en el verdadero significado e impacto de pagar unas menores comisiones. Adicionalmente, el hecho de que estas comisiones se descuenten previamente del valor del fondo no significa que no sean tan reales como hacer una transferencia de su cuenta todos los meses o años.

Por ello, un ejemplo vale más que mil palabras. Tomemos el ejemplo de una persona o familia que dispone de 200.000 euros de ahorros líquidos que no piensa tocar durante mucho tiempo ya que van destinados a una mejor jubilación futura o a dejarlos en herencia o a cualquier otro objetivo. A continuación veamos el impacto real que un 1% anual de comisiones pagadas por la gestión del ahorro tienen en dinero “contante y sonante”. El cálculo para el primer año es sencillo y son 2.000 euros que no están nada mal. Estos 2.000 euros de ahorro pueden lógicamente añadirse al principal y en caso de rentabilidades positivas generar un rendimiento adicional. Por ello en el segundo año volverá a ahorrase otros 2.000 euros y potencialmente una cantidad adicional proveniente de los rendimientos de los 2.000 euros ahorrados el primer año. Así, por efectos del interés compuesto, al cabo de cinco años tendrá como mínimo 10.000 euros más y posiblemente más. Al cabo de diez años tendrá en su cuenta como mínimo 20.000 euros en el improbable supuesto de que la rentabilidad anual de las inversiones durante el periodo haya sido cero. Para un supuesto de una rentabilidad anualizada del 3% la cantidad ahorrada al cabo de una década sube a los 23.000 euros aproximadamente.

Ahora imagínese lo que podría hacer con ese dinero. Una de las múltiples opciones podría ser por ejemplo renovar un coche utilitario cada cinco años o una berlina de gama media cada diez. ¿Hay algo más real y tangible que eso?


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