Rumbo norte

Lo de las preferentes volverá a suceder

Quien dice la estafa de las preferentes dice cualquier nuevo producto financiero de riesgo y/o de muy dudosa bondad bajo cualquier análisis mínimamente profesional y objetivo, que se comercializa entre ahorradores no aptos para dicho producto y que responden fundamentalmente a los intereses de las entidades comercializadoras. Para los escépticos que piensen que esto es poco probable, por el calor del momento generado con todo el ruido, demandas y pleitos en torno a este producto y otros como convertibles obligatorios, bonos estructurados ligados a activos de alto riesgo o 'Madoffs', les recuerdo que la memoria humana es muy débil y la caída en los mismos errores muy probable, por no decir segura, si las condiciones de cultivo para que vuelvan a producirse siguen vigentes.

Precisamente ahí se encuentra en mi opinión la verdadera clave, porque sorprendentemente las condiciones siguen no sólo vigentes sino intactas. Está muy bien pedir responsabilidades como se hacía desde este medio este lunes en su editorial y desde luego si no se exigen responsabilidades judiciales dentro de las diferentes partes implicadas en su diseño y comercialización diría muy poco de la calidad de nuestras instituciones. En Estados Unidos, algo equivalente habría derivado ya con seguridad en numerosas multas millonarias y procesos judiciales. No obstante, al unísono es fundamental cambiar las reglas de juego y las formas de hacer negocio para que este tipo de desmanes tengan muy pocas probabilidades de volver a producirse. Regular este cambio no sólo es necesario sino que es bastante sencillo aunque ello desde luego implique un vuelco importante en los negocios de los diferentes agentes en el sector financiero.

Los fundamentos del nuevo modelo son muy claros y consisten en separar las tres actividades que hacen posible la inversión financiera: gestión o fabricación de producto, asesoramiento y distribución o comercialización. Esta es la única manera de romper verdaderamente con los fuertes conflictos de interés que al final son la causa última de todas estas malas prácticas. Así, tendremos entidades especializadas en análisis y asesoramiento que cobran un precio transparente (unas tarifas) por este servicio, entidades que producen y gestionan productos como fondos de inversión por ejemplo y que cobran una comisión transparente por dicha gestión y por último entidades como bancos, sociedades de valores o plataformas que hacen posible la operativa, es decir, la compra/venta y custodia de los productos financieros y que cobran una comisión o tarifa clara y trasparente por dicha actividad.

La situación actual donde dos o los tres de estos tipos diferentes de actividades se mezclan en una misma entidad sólo puede conducir a obvios conflictos de interés con perjuicio final para el ahorrador o inversor final. El conflicto más obvio es el de comercialización y asesoramiento y es que más urge separar. El final de las retrocesiones que los comercializadores pagan a mal llamados asesores y que a su vez aquellos cobran de los gestores de producto (ver mi post sobre el reto de las "retro" cesiones) sería desde luego un avance capital en dicho sentido.

Les resumo el escenario habitual actual frente al posible y deseable con un ejemplo fácil de comprender. Una entidad financiera bajo el modelo actual crea un producto (digamos un fondo) con unas características de coste y calidad claramente peores a las que están potencialmente disponibles en el mercado, de manera que los márgenes son más altos para beneficio de la propia entidad ya que esta también es la que lo comercializa, es decir, lo hace contratable a través de sus sistemas o plataforma y lo envuelve en un supuesto asesoramiento en favor del cliente cuando en realidad el interés que preside la relación es la de la entidad que lo guisa todo en casa (gestión, comercialización y asesoramiento). En sus versiones más demoledoras - que suelen coincidir con periodos de dificultades para las entidades y donde precisamente más necesaria es la protección del ahorrador – puede llevar al desarrollo de un producto como las acciones preferentes que viene a servir las necesidades perentorias de capital de la entidad (de nuevo fíjense que son los intereses de la entidad los que mandan que además de producir producto comercializa y “asesora” y no los del cliente) y que terminan pagando en muchos casos inversores que no sabían exactamente lo que estaban comprando porque no estaban verdaderamente asesorados.

En el modelo posible y deseable habría entidades que se dedican sólo a producir y gestionar productos como por ejemplo los fondos de inversión y compiten con otras gestoras en calidad de gestión, resultados, precio, información, servicio al cliente, etc. De entre esta oferta las entidades financieras de asesoramiento que sólo se dedican a esta actividad, cobran sólo del cliente y por tanto se deben sólo a los intereses del mismo se preocupan de seleccionar los mejores productos, construir carteras de inversión y adaptarlas a las características de cada cliente. Aquí las entidades financieras asesoras compiten libremente en aspectos como la calidad de sus análisis, sus recursos y habilidades para construir carteras, la calidad de la información que proporcionan o la calidad de la atención y servicio al cliente y por supuesto el precio que al ser finalmente transparente cada uno tendrá que justificar bien sus niveles de tarifas. Finalmente, llega el momento de ejecutar las recomendaciones de las entidades asesoras que se harán por entidades sólo dedicadas a la distribución e intermediación y que competirán en campos como la eficiencia, la calidad y fiabilidad de la ejecución, la información o herramientas que proporcionen y de nuevo, como en todos los casos anteriores, en precio.

Cuando comentamos y defendemos con nuestros colegas del sector financiero la conveniencia del nuevo modelo en su inmensa mayoría nunca falta la expresión “así es como debería de ser”.  Pues que sea y que las autoridades comiencen a trabajar de verdad en ello, sabiendo que toda transición importante genera algunos efectos colaterales dolorosos y lleva algún tiempo.


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