Rumbo norte

Las comisiones no son la solución

El uso de comisiones para el pago de un bien o un servicio ha quedado para los libros de historia del siglo XX.  Quien pretenda construir un proyecto empresarial centrado en el engorde del precio de venta a través de costes poco transparentes o desconocidos para el consumidor tiene, simplemente, poco futuro.

Con todo lo que hemos vivido, podría afirmar que el concepto de comisión ha entrado en un cuarto oscuro en la relación comercial y financiera que demuestra poca capacidad para vender valor, calidad y servicio. Generalmente, existen los defensores con síndrome de Estocolmo que desarrollan una relación de complicidad con la estructura imperante, quizás por conflicto de interés, quizás por incapacidad para asumir un cambio de maneras y formas o quizás por miedo a quedarse fuera de la nueva empresa. El hecho es que la existencia generalizada de comisiones ha impulsado el desarrollo de tareas y departamentos no rentables que, en su tiempo, perseguían la destrucción de competidores más eficientes a la hora de prestar los servicios o vender los productos, pero, por invertir en desarrollo y calidad de procesos, eran más débiles para resistir los envites de empresarios de copa y puro.

Son las leyes del mercado, lo sé, pero ha llegado el momento de impulsar un cambio de formas para llegar a mejores fondos, por lo menos los suficientes como para promover un nuevo desarrollo económico.  Las ayudas directas o indirectas a sectores específicos de la economía española, que subsisten por la gracia de los ciudadanos españoles, son el lastre que impide que cualquier buena idea o proyecto tenga mayor alcance y fuerza para dinamizar la actividad de una nueva generación de emprendedores. Un proyecto crece por la calidad de todos los procesos instaurados en la empresa, por el uso correcto de los recursos, por la especialización de tareas, por la seriedad y responsabilidad de los empleados con el proyecto y por la apuesta por el valor añadido y calidad del servicio prestado. Y todo ello, es incompatible con la existencia de una cadena de comisiones intermedias que remunera a multitud de empresas o departamentos que perfectamente sobraría si el pagador tuviera un conocimiento transparente de su existencia.

Las comisiones no son la solución. Aplaudir mayores beneficios por esta vía es firmar un final anticipado al proyecto de la entidad. 


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