Rumbo norte

MiFID o la revolución del sector financiero

La puesta en práctica de la directiva sobre Mercados de Instrumentos financieros o MiFID (Markets in Financial Instrument Directive) está empujando las estructuras del sector financiero hacia un camino definido por la protección del inversor, objetivo único y central en toda prestación de servicios de inversión. Sin embargo, su desarrollo supone reconfigurar la organización de las empresas del sector hacia entramados más transparentes y eficientes que desencadenan por sí mismos una estructura global más competitiva y, por ello, con menores márgenes e ingresos por unidad.Si preguntáramos qué se necesita para acceder de forma eficiente al mercado de acciones y deuda la respuesta sería, para una gran mayoría ahorradores, aquella que contempla la inversión a través de los fondos de inversión. Si, a partir de esto, buscáramos promover la mejor opción en rentabilidad y riesgo, entonces tendríamos que preocuparnos por la configuración y estructura de los tres principales actores del sector de la inversión colectiva, Gestor, Distribuidor y Asesor.

Podemos afirmar dos líneas evidentes: Cuanto más independientes sean las empresas encadenadas en la línea de inversión – gestor, distribuidor, asesor – más alto será la probabilidad de mejorar el par rentabilidad riesgo. Cuanto más transparente sea la formación y composición del precio pagado por el inversor final, más alta será la probabilidad de encontrar alternativas de inversión que mejoren el par rentabilidad riesgo.Por todo ello sería muy razonable pensar que la obligada protección al inversor provoque la reducción de márgenes en cada una de las empresas que conforman el sector de fondos de inversión, especialmente en aquellas empresas con menor capacidad para aportar valor al inversor.


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