Rumbo norte

Arquitectura guiada a mis ingresos

Los fondos de inversión alimentan el trabajo de tres profesiones: los gestores, los comercializadores y los asesores. Las tres actividades tienen un coste, un ingreso y, por tanto, una cuenta de resultados.

El desarrollo de los mercados financieros, la globalización de la inversión, la especialización de producto y el desarrollo de una normativa defensora de mayor transparencia e información ha empujado a las sociedades gestoras a competir en calidad y en precio, obligando a muchas entidades a abandonar la gestión de lo que no saben, a delegar en otras entidades, o bien, a destinar recursos para especializarse en categorías y productos muy concretos.

La pérdida de producto propio en un mercado más transparente ha empujado el desarrollo generalizado de modelos de distribución con mayor o menor acceso a productos de otras entidades. El modelo tiene el nombre de arquitectura abierta pues permite al cliente acceder libremente a fondos de inversión de otras entidades y al comercializador de producto obtener ingresos directos de la venta de producto propio y producto de terceros. Cuanto más abierto es el modelo, aceptando otras casas de gestión, más independiente tenderá a ser la estructura de distribución. Cuanto menos abierto más guiada será la distribución de los productos distintos de los propios de la entidad.

Los asesores comprenden a todas aquellas personas que se dedican a buscar la mejor opción para el cliente entre el universo de fondos disponible. Esta actividad se desarrolla por todas las empresas de servicios de inversión que tratan con cliente final y, por supuesto, a la denominada banca personal y banca privada de las entidades financieras. Sin embargo, podría decir que los asesores tenderán a ser más independientes cuanto menos participen en la comercialización de productos de inversión, sean propios o de terceros y, por ello, cuantas menos líneas tengan escritas en el denominado libro de conflictos de interés. Los conflictos son muchos, pero los párrafos más gordos tienen que ver con la dificultad de asesorar y comercializar al mismo tiempo. Por ello, el asesoramiento tiende a especializarse en el cliente, analizando independientemente los fondos de inversión que, desde cualquier visión cualitativa o cuantitativa, pueda ajustarse más a los objetivos del mandato firmado.

La especialización desarrollada por las actividades de gestión y de asesoramiento está poniendo en cuestión la validez de los modelos de distribución de fondos de inversión. En realidad, no existe un mercado verdaderamente abierto que permita a todo inversor acceder al fondo de inversión con la comisión de gestión libre de costes escondidos fijados por la cadena de comercializadores e intermediarios. Si el gestor cobra por delante un precio por gestionar y los asesores cobran por delante otro precio por asesorar, entonces, los comercializadores de fondos de inversión deberían ser capaces de fijar un precio explícito por su trabajo. Pero esto, obligará, también a ellos, a especializarse, a buscar una cadena de valor más óptima para su actividad y, finalmente, a adecuar su estructura a un escenario de menores ingresos.


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