Res Pública

Otra vez, Grecia y la troika a la greña

Ese es el panorama con el que se enfrenta el Consejo Europeo a los tres años del comienzo de los rescates, iniciados con el de Grecia en abril de 2010 y en sesión continúa desde entonces. Rescates que, entre otras cosas, pusieron de manifiesto los errores de diseño y ejecución del euro que va dando tumbos en los mercados financieros, con efectos multiplicadores muy negativos en la economía real de los países de la eurozona. Estos días vivimos otra de las tormentas financieras acostumbradas. Por supuesto, los miembros del Consejo Europeo se van a hacer poco eco de la realidad y seguirán lanzando brindis al sol y órdagos burocráticos para continuar ese viaje a ninguna parte en el que nos han embarcado a los ciudadanos sin pedirnos opinión alguna. Solo las disputas entre los integrantes de la troika, autores destacados de los fiascos recientes como el de Chipre, salpimentarán las reuniones de Bruselas sin que llegue la sangre al río. Así inauguraremos el verano de poco calor y mucho humo a mayor gloria de la decadencia europea.

La selva burocrática diluye responsabilidades

En la selva de las instituciones europeas resulta cada vez más complicado averiguar quién o quiénes son los responsables del ahondamiento de los problemas. Lo ideal sería trasladar al estudio de los mismos los conceptos de la contabilidad analítica para conocer con detalle dónde están los fallos y si estos son susceptibles de arreglo. Confieso la imposibilidad de hacerlo y no conozco a nadie que se lo plantee; por ello, a fuer de ser injusto, hay que sobrevolar por el gallinero institucional y burocrático y observar el vademécum de intereses y de recetas que, convenientemente mezclados, producen el monstruoso Frankestein que nos tiene indignados y confundidos. Ni los más crédulos, que todavía quedan, apuestan por resoluciones eficaces del Consejo Europeo: está atado de pies y manos por sus contradicciones, que agravan su debilidad. Es verdad que se esperan cambios, pero estos no saldrán de las instituciones europeas, más bien serán provocados socialmente por el hartazgo de tanto fracaso y tanta estulticia.

No creo que se requiera demasiado esfuerzo para justificar lo afirmado. Simplemente un recordatorio de las proyecciones y previsiones que hacían los que ahora se tiran los trastos a la cabeza, la troika, cuando iniciaron el gran invento del TBO de los rescates: estimaban caídas pequeñas del PIB y leves incrementos del paro en los países objeto de ellos. La realidad de las cifras oficiales, que no significa que sean las reales, probablemente peores, nos dice que tales pronósticos no se han cumplido en ningún caso; el trofeo se lo lleva Grecia con una caída de más del 20% del PIB y un nivel de paro que ronda el 30%. Pero qué vamos a decir nosotros los españoles, que con un rescate oficioso nos acercamos a las tasas griegas de paro y nuestro PIB se contrae a ojos vista. Al fin y al cabo, Grecia y España, la primera con su modestia económica y con las trapacerías de sus dirigentes y la segunda con su modelo económico especulativo adobado de corrupción, son expresivas del desmadre europeo, que es motivo de asombro y preocupación de los observadores foráneos.

El laboratorio de los países del Sur y el totalitarismo

La ruptura de los acuerdos parlamentarios en Grecia por la defección de uno de los partidos de la coalición de gobierno no debería sorprender a nadie, lo raro es que haya tardado varios meses en suceder. El primer ministro, Samaras, dice que no pasa nada y que no anticipará las elecciones. Está en su derecho de creer que él es de una pasta distinta a la de su antecesor Papandreu que, a pesar de su honradez política al reconocer los problemas de su país en el otoño de 2009, recibió como recompensa el ataque de la caballería de la troika que ha destruido el Estado griego y, por supuesto, a Papandreu y a su partido. Este es ahora un comparsa minúsculo del gobierno de Samaras sobre cuya duración se pueden cruzar apuestas. Y en medio de ésta nueva crisis gubernamental griega a los portavoces de Bruselas no se les ocurre otra cosa que echar más leña al fuego, exigiendo a Grecia que siga adelante con los recortes y el adelgazamiento del Estado, pero ¿qué Estado? Todo es de una lucidez turbadora.

Se puede pensar que lo que viene sucediendo forma parte de un gran experimento  político, cuyo laboratorio de pruebas son los países del Sur, para comprobar hasta dónde llega el aguante de sus pueblos sin hacer alguna “Defenestración de Praga”. Es posible que sea así, pero sea o no sea así no existe Plan B si se pierde el control de la situación en términos democráticos. Y eso alimenta la sospecha de que, consciente o inconscientemente, se esté nutriendo una suerte de totalitarismo, aunque ahora sin camisas negras, pardas o rojas, que, con la aquiescencia de los países dominantes, trate de controlar a los díscolos mediterráneos. El fracaso de los gobiernos técnicos de Papademos y de Monti sin el ejercicio de la más leve autocrítica por parte de sus inductores, es preocupante. En Europa se decide, una vez más, entre la democracia, con todas sus debilidades, y la dictadura, con todos sus horrores. Sobre eso debería reflexionar el Consejo Europeo.


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