Res Pública

El señuelo político del otoño: País Vasco y Galicia

Durante años la política española ha venido girando alrededor de los asuntos que preocupaban a la llamada clase política, convertida en oligarquía, con escasas concesiones a lo que preocupaba a la gente. Y ese sistema funcionaba porque había pan y circo abundante por mor de la burbuja especulativa. Pero, al desaparecer ese escenario virtual, los oligarcas, y quienes les acompañan, tienen que rizar el rizo de su impostura y empiezan a inundarnos con señuelos para desviar la atención de la realidad. Después de las idas y venidas de las reformas, que no son tales, sino recortes de derechos a los débiles, se hace necesario distraer la atención con lo que gusta a nuestros dirigentes, lo suyo: sus congresos, sus convenciones y, por supuesto, las elecciones con listas cerradas y bloqueadas para mantener la endogamia. Este otoño tocan las del País Vasco y Galicia y, cuando pase su efecto, quizá Cataluña. Un triste divertimento como prólogo del nefando rescate.

El desamparo de los españoles

Desde que quedó al descubierto el tinglado de la farsa, los españoles han modificado aceleradamente sus hábitos de consumo y ahorro, prescindiendo de lo que digan o dejen de decir los gobernantes y, cuando se les pregunta en las encuestas, manifiestan abrumadoramente su desconfianza en el presente y el porvenir, así como su preocupación por el paro creciente; pero poco o nada pueden hacer para superar el bloqueo del mundo político, ensimismado en la defensa de sí mismo y de las apetencias de poder de cada cual. Es la factura a pagar por tener un modelo oligárquico de partidos y sindicatos, sostenido casi exclusivamente por los presupuestos públicos y perfectamente acorazado para resistir los embates, si los hubiere, de la opinión pública. Todo adobado con el sometimiento e imbricación con el capitalismo rancio español, el de siempre, aunque algunos hablen inglés. Un sistema que nada tiene que ver con la democracia, pero que la daña considerablemente en España, poco acostumbrada a su conocimiento y ejercicio.

El miedo y la preocupación se han adueñado de las familias, que son la verdadera malla de seguridad de la sociedad ante la dejación y la incompetencia de los poderes públicos. Y estos, no conformes con ello, las siguen castigando con recortes y nuevos impuestos: el principio de curso se ha convertido en un calvario para la colmena española. Ese estado de ánimo es un muro para el cambio, aunque parezca contradictorio: prima la preocupación por la supervivencia del individuo o de su grupo familiar; lo demás es secundario. Desde mi punto de vista, es lo que explica el mantenimiento del actual estado de cosas que parece bastante irracional a ojos de cualquier observador de la realidad española. Todo un país prácticamente secuestrado por minorías políticas y financieras, muy vigilantes de sus propios intereses y poco pendientes de las penurias de la mayoría.

Resulta difícil proponer a la sociedad temerosa las innovaciones políticas y económicas que se requieren para salir de la ciénaga: saneamiento de la vida pública, participación democrática y recuperación del poder del Estado para dirigir con seriedad y exigencia las políticas de interés general, procurando la disciplina y control de los agentes económicos y financieros que han demostrado un uso obsceno de algo tan serio como es la libertad de mercado. Por eso, es urgente combatir el miedo no con proclamas frívolas carentes de fundamento, con las que se nos inunda a diario, sino con la expresión de la verdad y la exigencia autocrítica de quienes han disfrutado de todo el poder hasta vaciarlo de contenido y dejarlo en la ruina. Probablemente, nuestra sociedad sería indulgente y se conformaría con el relevo o jubilación de los responsables. Por el contrario, si continúan creciendo el miedo y la desafección política, no saldremos bien librados de la tormenta. No olvidemos que, contra lo que se está vendiendo con los aplaudidos rescates, cada país tendrá que superar los problemas con su propio crédito y esfuerzo.

La frivolidad política de los sátrapas

Sucintamente esa es, en mi opinión, la realidad en la que se producen las convocatorias electorales vascas y gallegas, cuya pretensión es mantener un modelo profundamente desacreditado y, si se puede, aumentar la dosis de alejamiento del Estado. Me refiero desde un punto de vista formal, porque, en lo material, resulta muy ventajoso disfrutar de todas las ventajas de disponer de un Estado propio financiado por el Estado al que se ignora o se aborrece. En el caso de las regiones con gobernantes nacionalistas, esto es mucho más visible, pero, salvo contadísimas excepciones, esa es la tónica general del celebrado Estado de las Autonomías, verdaderas satrapías. La carrera grotesca de los llamados rescates autonómicos es prueba irrefutable de ello.

En muchos medios pancistas, el tiempo que falta hasta esas elecciones estará dedicado a cábalas y elucubraciones diversas: en Galicia para probar si el PP se debilita, ¡qué más da!, y en el País Vasco para constatar hasta dónde llegan los independentistas. Llegarán hasta donde les dejen y si pueden seguir sin pagar el cupo, mejor que mejor. Al fin y al cabo esa es la lógica del sistema político. ¿Alguno de sus integrantes ha propuesto cambiarla? Pues eso. El que tenga interés que siga esos procesos electorales y el que se preocupe del porvenir del país que dedique su fuerza y su inteligencia para ver de qué forma pacífica y democrática se acaba con esta locura.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba