Res Pública

Las ruedas de prensa del silencio

Me refiero a las del Consejo de Ministros: desde mi punto de vista, deberían ser las más importantes para pulsar el estado de la gobernación del país y conocer la opinión del Ejecutivo sobre los asuntos que interesan a la opinión pública. Son el instrumento normal de comunicación cercana en los sistemas democráticos; en España, sin embargo, las cosas no son así y por eso conviene reflexionar, una vez más, sobre la gran impostura democrática que emana de la mayoría de las instituciones y de los poderes públicos. Y ejemplo destacado son las comparecencias semanales de la portavoz del Gobierno: hace poco más de un año inició su andadura con el propósito de ser contrapunto abierto de sus antecesores, pero el transcurso del tiempo, los incumplimientos programáticos y el embarramiento producido por los escándalos propios y ajenos, la ha reducido a la nada, o al silencio, para ser más exactos. El español que desee informarse de primera mano no sólo no conseguirá su propósito, sino que se inquietará ante el vacío. No digo que no haya excepciones, una de ellas la del Ministro de Economía, pero poco más. Cuanto antes hay que romper el silencio.

La incomunicación arruina la democracia y deslegitima al poder

En los sistemas democráticos tanto las instituciones como los medios de comunicación están obligados a ser el paradigma del pluralismo y de las preocupaciones de la sociedad. Es lo que los separa del autoritarismo. En el caso de España, país con poca experiencia democrática y asociativa, el esfuerzo debe ser mayor, para conseguir que los usos y costumbres de otros lugares que nos aventajan en calidad democrática se consoliden. Después de más de treinta años de régimen constitucional era de esperar que lo hubiéramos conseguido, pero no ha sido así: los objetivos de educación y de exigencia cívica, que llevan su tiempo, han sido preteridos por muchas instituciones y medios de comunicación en beneficio del interés casi único del poder, de su ejercicio y de su mantenimiento. Los frutos amargos los estamos recogiendo cuando la plaga de los problemas económicos y de las corrupciones diversas ha caído sobre los españoles indefensos y poco informados, a los que se pretende mantener en la minoría de edad de la libertad civil y de la práctica democrática. Cada día se vuelca sobre nosotros el caudal de los despropósitos y de las malas noticias, sembrando el miedo y acentuando la indefensión, porque los que lo hacen saben que carecemos de instrumentos e instituciones que nos defiendan. El lector puede hacer un repaso sumario y llegará a certificar lo que expongo. No somos un país democrático... somos una caricatura democrática.

Las ruedas de prensa gubernamentales, convertidas en un no sabe no contesta, merecerían el plante de los informadores que asisten a las mismas, aunque solo sea para no verse escarnecidos por los portavoces públicos. Todo se andará al paso que van las cosas. Los protagonistas del poder van cerrando filas, como comentaba Javier Benegas recientemente, y no parecen dispuestos a ceder lo más mínimo. Saben que pueden aguantar y resistir, porque enfrente predominan el temor y la desorganización. Aun con todo, no las tienen todas consigo y, progresivamente, echarán mano del guion del autoritarismo, una de cuyas bases fundamentales es la desinformación. En esas estamos, por supuesto hay otras, y confío no tener que comentarlas. El ejercicio del poder, sin contrapesos ni división del mismo, ha sido la divisa de estas décadas y el origen verdadero de los abusos y corrupciones, parcialmente conocidos ahora, que amenazan nuestro provenir. La democracia se ha encogido como la piel de zapa, por la utilización y falseamiento que han hecho de aquella quienes estaban más obligados a recuperarla para el conjunto de la nación.

El contrapunto positivo del Ministro de Economía

Comentaba al principio, como excepción, las maneras del Ministro de Economía, siempre presto a dar explicaciones allá donde le son requeridas. Y ello es independiente de que se comparta o no el contenido de sus respuestas: su caso es singular en un Ejecutivo prácticamente mudo y merece ser destacado, entre otras cosas, porque su ámbito de competencia abarca el terreno de las grandes preocupaciones del momento, la economía nacional y todo lo relacionado con la restauración del sistema crediticio español. Ya sé que no es un brote verde, pero es una brizna bienvenida en el páramo de la comunicación pública. Por lo menos su colega, la portavoz del Gobierno, podría tomar nota y decidirse a ejercer de forma abierta y dialogante, sin refugiarse en absurdas excusas competenciales para no contestar a lo que se le pregunte. Se olvidan de que son actores de un régimen político que se proclama parlamentario y democrático y que, con sus silencios y excusas, lo niegan.

La desmoralización y el abandono de los españoles son de tal magnitud que hay que estrujarse las meninges para buscar puntos de apoyo de esperanza. La actitud de las minorías dirigentes, autista y pobremente arrogante, no puede cegar los deseos de una mayoría ansiosa, aunque desvalida, para sacar al país, y a sus propias vidas y haciendas, de éste trance. Hay que transformar los silencios en la demanda creciente de explicaciones que termine convirtiéndose en una gran ola de libertad.

P.S.

Cuando termino el artículo se ha producido en la U.E., con la complacencia de gobiernos débiles, una decisión sobre Chipre que crea más sombras sobre el Continente: el nazismo financiero, que ha destruido a Grecia y Portugal y que ha puesto a España en el lazareto de la depresión económica y social, ha avanzado un paso más sobre las espaldas débiles de los chipriotas. El Estado de Derecho ha sido sustituido por un estado legal de excepción y la democracia se da por desaparecida. Nunca fue más evidente que los dioses ciegan a quienes quieren perder. Lo malo es que nos arrastrarán a todos en su perdición. Atentos al futuro inmediato.


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