Res Pública

Los preferentistas, nuestros chipriotas

El temido ministro de finanzas alemán, Schäuble, acaba de declarar que el rescate de Chipre debe servir de modelo para rescates futuros, o sea, que el estropicio continuará. ¡Qué éxito! Se le ha olvidado aludir a un experimento anterior, el de España, donde también se ha echado mano de los depositantes para cubrir parte de la capitalización bancaria. Ya sé que la apariencia jurídica no es la misma, porque lo de España son las preferentes, pero, con todos los eufemismos y la sofisticación financiera que se quieran, estamos hablando de lo mismo: depositantes y ahorradores modestos que han confiado en sus entidades de crédito y que ahora se encuentran defraudados en su buena fe. Nadie duda de que haya sido un engaño monumental. El Gobierno español, que ha heredado éste y otros problemas de la gestión anterior, dice que quiere arreglarlo pero el asunto pinta mal y va cayendo en manos de los jueces. Mientras, la ira justificada de los cientos de miles de afectados amenaza con varar el funcionamiento de las cajas/bancos capitalizados, generando un problema de confianza que contaminará al resto del sistema crediticio. La técnica de la dilación con procedimientos administrativos supone echar más gasolina al incendio español. Hay quien piensa que se trata de eso, de averiguar hasta dónde se puede exprimir el limón del aguante social y cuando estalle, más policía. Ojalá no.

El abuso de los débiles con la complicidad de las autoridades

Ya he comentado en otras ocasiones que el sistema bancario español se distingue por tener una fortaleza granítica en el segmento minorista, en gran parte por el crecimiento de las cajas de ahorros a lo largo de tres décadas. Desarrollo acompasado a la evolución económica del país y al aumento de la riqueza de las clases medias y populares. La llamada bancarización de España, que ahora parece tocar a su triste fin, ha sido un fenómeno inédito por la intensidad y también por la falta de ordenación: el conjunto de las instituciones crediticias se preocupó muy mucho de hacer crecer sus activos, aprovechando el endeudamiento fácil en los mercados financieros y la fiebre inmobiliaria que inundó el tejido económico español. Las banderas tradicionales de operar sólo con los pasivos minoristas estables fueron arriadas con la complacencia de todos, poderes públicos incluidos, pensando que entrábamos en una nueva era de éxito, de poco esfuerzo y de grandes oportunidades especulativas. Vamos, la piedra filosofal del siglo XXI.

Cuando el edificio empezó a agrietarse por mor del cierre de los mercados financieros, en España se empezó a utilizar como argamasa para taponar las primeras grietas a los depositantes de bancos y cajas, en función de las necesidades de cada entidad, con el beneplácito de las autoridades. Así crecieron las preferentes. La mina de la confianza funcionó con la ayuda inestimable de las redes de oficinas y parecía que lo que se creía una tormenta de verano en los mercados financieros no pasaría a mayores: autoridades, gestores y clientes se encontraban a gusto en la prolongación de las inercias. Si algún lector tiene interés en profundizar en el fenómeno puede consultar el trabajo de los expertos Prosper Lamothe, Catedrático de la UAM, y Miguel Pérez, vicepresidente de LFC, titulado Las participaciones preferentes. La génesis del “corralito español”. Pero las inercias acabaron, los problemas continuaron y las grietas se convirtieron en agujeros insondables. Para taparlos, las autoridades españolas han puesto grandes cantidades de recursos públicos, propios y ajenos a través del rescate, y, utilizando como excusa infundada los condicionantes de éste último, se pretende cargar parte de la factura sobre los tenedores de preferentes o híbridos, clientes minoristas abrumadoramente. Una decisión muy arriesgada y especialmente dañina e injusta para los afectados, así como para el crédito y buen funcionamiento de las entidades capitalizadas.

El autismo político desemboca en los juzgados

El proceso de canje que se va a iniciar está sujeto a todas las incertidumbres jurídicas que acompañan a una operación muy discutible tanto en términos mercantiles como desde la perspectiva del derecho en general. Por si fuera poco, ya se han producido resoluciones judiciales declarando la nulidad de contratos de preferentes, lo que hace pensar con fundamento en el aumento de resoluciones de igual tenor, sin descartar el planteamiento de cuestiones de inconstitucionalidad por parte de algunos jueces. No es difícil predecir que el experimento a lo chipriota naufragará y que el gobierno tendrá que reconocerlo, lo mismo que acaba de hacer con sus previsiones macroeconómicas de 2013, sin que nadie se tome ya la molestia de pedir explicaciones. Da igual lo que digan, crédito cero. Pero en el caso que comentamos, el naufragio significará aumentar los costes de la capitalización y haber perdido más tiempo para activar la gestión dinámica de la banca pública, porque nadie, con un mínimo de experiencia empresarial, puede pensar en la gestión, asediado por los pleitos y la desconfianza de tu base natural de clientes.

Desconozco qué hipótesis barajan los responsables de la idea; quiero pensar que entre ellas esté cambiar el rumbo antes de estrellarse contra las rocas de la realidad. Creo que los costes de seguir adelante destruyendo el esfuerzo de saneamiento ya realizado son infinitamente mayores que los derivados de revisar el esquema propuesto. Al fin y al cabo, en el guirigay europeo que durará por lo menos hasta después del verano, el Gobierno se puede permitir una mínima discrecionalidad. Inflar el globo, a sabiendas de que explotará pero que serán otros los que carguen con los destrozos es, a mi juicio, hacer lo que tanto se critica del gobierno anterior. Vaya usted a saber en ésta ruleta rusa ¡Menos mal que el Rey anuncia su vuelta! En fin, la semana que viene hablaremos de Italia con la que deberemos concertarnos para lo inexorable: la salida ordenada del euro.


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