Res Pública

Éramos pocos y apareció el FMI

Cuando estábamos en la resaca de un debate parlamentario que tan mal sabor de boca había dejado a los españoles interesados en esos asuntos, cada vez menos a tenor de las encuestas, reaparece el FMI con sus cantinelas de siempre y sus recetas rancias y fracasadas por doquier. Según los casos, suelen ser utilizadas para atacar al gobierno de turno o para enaltecerlo; ahora ni lo uno ni lo otro: el grado de descreimiento es de tal calibre que sus informes han pasado a ser más literatura económica que, pasados unos años, será estudiada por algún doctorando que desee hacer una tesis sobre cómo la ceguera y la rapiña de unos pocos causó tantos estragos a millones de gentes en las primeras décadas del siglo XXI. Los que estamos viviendo el fenómeno carecemos de la perspectiva y de la frialdad del estudioso que se acerque a él en el futuro, pero sí tenemos la certidumbre de que las cosas van cambiando en dirección contraria al progreso y al bienestar: nos adentramos en una época oscura, de fin de ciclo, que suelen caracterizarse por la desaparición de la seguridad, la dificultad económica y la concentración del poder en pocas manos que lo usan para defender sus privilegios a capa y espada. Esa capa y espada son los informes tipo FMI que tratan de amedrentar a los pobres mortales, negándoles el pan y la sal de la esperanza. Ésta vez espero que nuestro Gobierno, que bastante tiene con lo que tiene, se limite a ignorar educadamente las recetas de la señora Lagarde, apoyándose en la vieja expresión de que “manos blancas no ofenden”.

Claroscuros del FMI

No es éste el lugar para hacer un recorrido por la historia del FMI: sus orígenes se remontan a los acuerdos de Bretton Woods, de 1945, que proyectaban una nueva estructura financiera para el mundo de la posguerra, con el fin de evitar los desmanes que provocaron la crisis del 29 y los errores de las recetas inapropiadas para combatirla que concluyeron en la Segunda Guerra Mundial. Las intenciones, por tanto, eran buenas, pero la trayectoria del FMI está llena de claroscuros por su falta de previsión y el escaso acierto a la hora de enmendar las crisis de países o regiones que han necesitado de su atención: América del Sur y ahora la Europa comunitaria son ejemplos de ello. En el subcontinente americano las políticas del FMI han colaborado activamente en el crecimiento de los populismos, como consecuencia del empobrecimiento y la diáspora de las clases medias, y en Europa, azotada por la crisis financiera desde hace seis años, los expertos del Fondo, unidos a los de la Comisión Europea y a los del Banco Central Europeo, han diseñado las políticas de rescate de Grecia, Irlanda y Portugal, con resultados que se comentan por sí mismos. Tan es así que recientemente el FMI ha culpado a sus compañeros de la Troika de los errores de planteamiento de los rescates, que han sido malamente ejecutados, sin reparar en su responsabilidad en ellos.

A pesar de lo anterior, el FMI sigue produciendo informes en los que, sin abjurar del crecimiento, propone medidas que lo anulan irremisiblemente. Son las típicas contradicciones de un organismo poco sensible a los intereses de la sociedad en su conjunto, ya que no responde ante ella, y muy preocupado por contentar a sus fuentes de poder, que son los grandes grupos financieros que ordenan el funcionamiento de los famosos mercados de capitales. Puede sonar a tópico, pero conviene decirlo para que no haya equívocos a la hora de enjuiciar la literatura de aquellos informes. Desde nuestra perspectiva e interés nacionales, deberían ser puestos en cuarentena en vez de rendirles una pleitesía provinciana para bien o para mal. En ellos se nota que no conocen el país, sólo sus estadísticas, y les falta saber que España está inmersa en una crisis política y social que es la que en verdad está cegando la salida hacia la resolución de los problemas que les preocupan a los hombres del FMI. Por eso, no me extraña que yerren aquí o en Grecia y Portugal, y resulta extraño que los gobernantes, que lo saben, no combatan esa impostura. A lo más, piden excusas, proponen dilaciones, nunca ponen en cuestión los componentes de las recetas.

Lo nuestro va para largo

Los que seguimos de cerca los avatares de los problemas nacionales no necesitamos que los expertos internacionales nos echen más cenizas; sabemos que lo nuestro va para largo, que los discursos oficiales tienen un alto contenido de propaganda y de voluntarismo, que el calendario va destruyendo muchas promesas y que, en suma, hacen falta cambios, que no son los preconizados por el FMI, para que España empiece a tomar un rumbo distinto. También sabemos que los que tienen el Poder no están por la labor: como dice el profesor Josep Fontana “a la gente se la está castigando cada vez más. Acabarán por protestar. El problema será articular la protesta para darle forma de alternativa política. Esto, hoy, no está nada claro. Y es un mal asunto porque mientras no haya la amenaza de una alternativa será muy difícil obtener concesiones. Ni siquiera se logrará que los que han de ceder se avengan a negociar. Hoy, el nivel de protesta es controlable: basta la policía. No hacen falta concesiones”.

Por eso, pedimos un poco de indulgencia, que cesen las amenazas a las clases medias y que, si queda algún gramo de patriotismo, se mire a la colmena española para verter sobre ella un poco de ilusión por el porvenir para superar el umbral de la mera supervivencia. Me parece que sobran informes y falta sentido de la medida.


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