Res Pública

El nuevo gobierno ¿nos sacara del euro?

Para muchos lectores, que estarán reflexionando sobre su voto o abstención, la pregunta puede resultar extemporánea o inverosímil; yo, por mi parte, creo que es una hipótesis que no se debe desechar teniendo presente el colapso y el desgobierno de las instituciones europeas y las actuaciones que se requieren en España para superar la crisis política y económica que nos tiene sumidos en la incertidumbre y en el miedo por el porvenir. Nuestro país, como ya he dicho en anteriores ocasiones, necesita un gobierno sólido, que puede salir de las elecciones o de la decisión de las nuevas Cortes, entre cuyos objetivos principales estarían: ordenar y unificar los poderes del Estado, plantear la renegociación de la deuda pública y reestructurar el sistema crediticio. Es lo que sugiere la situación de emergencia nacional en la que nos encontramos, que demanda decisiones ambiciosas de carácter político e institucional. Ese gobierno debería constituirse con carácter inmediato, en breves días, como ha ocurrido con los gobiernos de emergencia de Grecia e Italia. Pasado el domingo, en que volveremos a escuchar lo de la fiesta de la democracia y las alabanzas al maduro pueblo español, tiene que empezar la marcha de la reconstrucción material y moral de España.

No creo que haya dudas sobre la necesidad de que el gobierno nacional disponga de respaldo y de margen de maniobra suficientes para implantar y ejecutar todas aquellas políticas de interés general que las convulsas circunstancias exigen. También creo que no es disparatado afirmar que la estructura jurídico-constitucional de España, el Estado autonómico, impide que el poder central pueda actuar con la presteza y con la eficacia requeridas, si no se desbroza la selva competencial o se deshace la tela de araña tejida por los diferentes poderes públicos a lo largo de los años de bonanza económica y del desvarío autonómico. Nuestra situación interna es muy parecida a la de las instituciones europeas, también muchas y variadas y, por tanto, incapaces de decidir. Como ha dicho expresivamente, con una leve sonrisa, el presidente norteamericano, Obama, han hecho crack.

Es por eso por lo que vengo sosteniendo que, si antes era aconsejable ordenar y unificar los poderes del Estado, ahora resulta inaplazable, si en verdad se pretende salir del atolladero en el menor tiempo posible. Lo apropiado sería hacer la revisión constitucional, ahora que con la última reforma aprobada ha caído el tabú de la imposibilidad de la reforma de la Constitución. Si, por razones de oportunidad, se quiere tener más tiempo para encarar una revisión constitucional de mayor alcance, el gobierno podría aprovechar, transitoriamente, la ley orgánica de desarrollo de la reforma recién aprobada para dar los primeros pasos en pro de la recuperación de competencias y poder, sin perjuicio de otras actuaciones que la propia Constitución contempla. La urgencia no permite abrir debates región por región sobre cómo y quienes han de ejecutar las decisiones gubernamentales. La crisis ha devorado todo, incluidas las políticas centrífugas que han dominado nuestro país.

El volumen y el coste de la deuda pública, ambos disparados, nos hacen pensar que los compromisos asumidos no podrán ser cumplidos, porque nuestra estructura económica y fiscal, a diferencia de la de otros países más endeudados que nosotros, no va a permitir, en largo tiempo, generar recursos suficientes para ello, salvo que alguien piense que se puede sacrificar en el altar de la deuda la parte del león del gasto público, porque aparte de injusto no es realista. Precisamente, la falta de realismo de las políticas depresivas impuestas ya vemos dónde conducen; de hecho, algunos de los inductores de tales políticas se sorprenden ahora de su resultado y proponen cierta templanza. Mientras tanto, la presión de los prestamistas crece en una escalada insoportable, sin que nadie defienda a los países atacados. Por eso, si un gobierno español serio y decidido, con planes y políticas creíbles, plantease la renegociación de la deuda para disminuir su peso en las cuentas públicas, se vencerían las resistencias iniciales de cualquier prestamista, que de verdad quiera cobrar.

Todo el mundo afirma que sin un sistema crediticio en funcionamiento resulta casi imposible pensar en la regeneración de la actividad económica. Nuestras entidades crediticias, o al menos la mayoría de ellas, siguen constreñidas por el enorme caudal de activos dañados e improductivos y la incertidumbre sobre la evolución de las operaciones de renegociación de deudas, dada la parálisis de la actividad económica. Algunas entidades significativas ya han pasado a propiedad del Estado y otras las seguirán en breve. Sin embargo, el Estado, de momento, no ha planteado ningún modelo homogéneo de gestión de las mismas ni de los importantes activos inmobiliarios y participaciones industriales que poseen. Es algo parecido a un Instituto Nacional de Industria sobrevenido con el que no se sabe qué hacer. Son las paradojas de un país mal administrado, cuyos dirigentes públicos se quejan de los bancos y de la escasez de crédito, sin caer en la cuenta de que tienen en su mano instrumentos muy valiosos con los que actuar. Para acometer su saneamiento y garantizar la liquidez del sistema, el Banco de España tiene que funcionar de nuevo como Banco Central, utilizando las políticas monetarias y cambiarias que sean necesarias, combinadas con normas contables que faciliten digerir el impacto de las pérdidas.

La labor del próximo gobierno, que no debe estar encorsetado ni en el interior ni en el exterior, comprenderá otras materias, pero la pretensión de éste comentario es esbozar las columnas básicas de un proyecto, autónomo y nacional, que viene justificado por dos convicciones: la primera es que no se puede continuar sin enfrentar de raíz los problemas estructurales, políticos y económicos, que nos atenazan y la segunda demostrar que la democracia tiene vías y resortes para dar salida a las situaciones de crisis sin tener que apelar a las viejas fórmulas autoritarias de las que España tiene experiencia y que se avecinan, más o menos edulcoradas, en Europa.

Algunos o muchos pensaran que todo esto se podría hacer dentro del euro. Se puede probar llamando a Bruselas o a Francfort a ver quien atiende el teléfono. No nos engañemos, la Unión Monetaria y el euro están en fase terminal, a causa de sus contradicciones y el ataque inmisericorde de los operadores financieros. No pueden defender a nadie, tampoco lo quieren quienes mandan. Cada país tendrá que ver qué camino tomar en un horizonte de políticas proteccionistas y de restricción de la globalización. Los Estados habrán de recuperar las políticas y la soberanía perdidas en beneficio de sus pueblos. Que haya suerte.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba