Res Pública

Los manifiestos regeneradores: el de UPyD

La llamada crisis de los sobres ha convertido la España oficial y mediática en un verdadero carnaval: ríos de tinta en los medios, persecuciones tumultuosas de fotógrafos y periodistas a los afectados, Bárcenas & cía, desde sus domicilios a los tribunales, investigaciones de la fiscalía, calígrafos y un largo etcétera, adobado con las noticias del proceso del yerno real, que forman un mosaico entre cómico y dramático, para recreo o vergüenza de un país, que mira el juego de los poderosos como si fuera una partida de ping pong. Juego en el que la política, en su vertiente parlamentaria, parece desaparecida, porque el partido del gobierno tiene el instrumento de su mayoría para alejar al Congreso del asunto. Bien es verdad que los demás actores se han quedado en la superficie de los hechos, sin tomarse la molestia de preguntarse por qué la gente está tan indignada. Por eso, surgen manifiestos con los que se trata de romper el corsé de la política oficial y de proponer fórmulas para superar los problemas: hace unos meses comenté los titulados Somos Mayoría y Reconversión y hoy lo haré con el de UPyD- Manifiesto por la Regeneración de la Democracia y la Refundación del Estado – que, a mi juicio, pretende poner razón en la turbamulta carnavalesca de los últimos días. Una iniciativa desde dentro del régimen para situar el problema en el plano que le corresponde.

La eclosión de la desconfianza

La eclosión de la crisis de confianza, que protagoniza la vida nacional desde hace dos semanas, no ha nacido por partenogénesis. Los sobres, ciertos o inventados, han sido el catalizador del desaliento y del hartazgo acumulados en años de duro castigo, infligido a los españoles por muchos de quienes están en el origen y en la responsabilidad de los males sobrevenidos, la nefanda crisis, en cuyo nombre se están produciendo todo tipo de atropellos a las clases medias y populares, sin prometerles siquiera un mañana mejor. De repente, todo el mundo cavila sobre la gravedad de la situación, empezando por el jefe del gobierno, obligado a proclamar su honradez en una alocución pública. Pero iniciativas o propuestas reales para cambiar no abundan. Hay retraimiento y queda la sensación de que la crisis española sin control nos deja flotando al albur en un mar sin fondo y sin orillas. Me imagino que eso es lo que ha movido a UPyD a salir a la palestra.

Su manifiesto, que demuestra la honda preocupación por la deriva nacional, carga la mano en la necesidad de acometer reformas legales importantes, orientadas al saneamiento de la vida pública y de sus protagonistas, personas y organizaciones, junto con la revisión de las normas electorales, atribuyéndoles dosis mayores de proporcionalidad; todo ello encaminado a reconstruir, refundar es la palabra que utilizan, el Estado para superar su quiebra. Según los autores, los españoles deberían ser convocados a las urnas, después de aprobadas las normas propuestas en el manifiesto: hablan de un año o año y medio, aunque insisten en que no es tanto el plazo como la voluntad política de ejecutar lo propuesto, para que la consulta electoral de carácter constituyente sea eficaz.

Las propuestas y la acción política en campo abierto

Es un conjunto de propuestas a las que hay que dar la bienvenida. Bastantes de ellas coinciden con las de los otros manifiestos anteriores. A mi juicio, están cargadas de razón y de patriotismo, que no es poco. Pero se echa en falta la referencia a las políticas sociales y económico-financieras, que figuran entre los epicentros de la crisis, y a la Unión Monetaria, que tiene mucho que ver con ellas. No creo que haya sido un olvido, pienso más bien en la premura del pronunciamiento y en el deseo de enriquecerlo con aportaciones posteriores. Al fin y al cabo, UPyD es el primero, y de momento el único grupo parlamentario, que certifica la crisis constitucional y promueve la iniciación de un período constituyente. Acontecimiento muy relevante que, por su propia naturaleza, requerirá de otras iniciativas más allá de la mera proclama en el seno del Parlamento o en una rueda de prensa. El escaso eco obtenido demuestra, en mi opinión, que los promotores del manifiesto tendrán que salir a campo abierto, como ocurrió en otra época memorable de España, para darlo a conocer a los españoles y convocarlos a la regeneración democrática.

El complejo institucional del régimen se nos aparece como una colección de estatuas de sal, que esperan su disolución. Pero todavía, no hay que engañarse, disponen de capacidad para acallar voces y comprar voluntades. Los autores de éste manifiesto, como los de los anteriores, tienen la prueba: el desdén oficial y el tratamiento frívolo o la mera ignorancia en la mayoría de los medios de comunicación. Pero la iniciativa está en marcha y no se me ocurre mejor manera de concluir el comentario sobre ella que recordar lo que dijeron unos españoles ilustres en febrero de 1931- Manifiesto dirigido a los intelectuales- cuando España buscaba un futuro mejor: “En los meses, casi diríamos en las semanas, que sobrevienen, tienen los españoles que tomar sobre sí, quieran o no, la responsabilidad de una de esas grandes decisiones colectivas en que los pueblos crean irrevocablemente su propio futuro(…)El Estado español llega ahora al grado postrero de su descomposición. No procede ésta de que encontrase frente a sí la hostilidad de fuerzas poderosas, sino que sucumbe corrompido por sus propios vicios sustantivos(…)La tarea enorme e inaplazable de remozamiento técnico, económico, social e intelectual que España tiene ante sí no se puede acometer si no se logra que cada español dé su máximo rendimiento vital. Pero esto no es posible si no se instaura un Estado que, por la amplitud de su base jurídica y administrativa, permita a todos los ciudadanos solidarizarse con él y participar en su alta gestión(…) Importa mucho que España cuente pronto con un Estado eficazmente constituido, que sea como una buena máquina en punto, porque, bajo las inquietudes políticas de estos años, late algo todavía más hondo y decisivo: el despertar de nuestro pueblo a una existencia más enérgica, su renaciente afán de hacerse respetar e intervenir en la historia del mundo”.


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