Res Pública

Y llegó el segundo aviso

En la gran corrida de toros del Ruedo Ibérico, que empezó el año pasado por estas fechas, se ha producido el segundo aviso de los electores a los dos partidos turnantes, al PP ahora en el gobierno y al PSOE en la oposición. Ambos cosechan caídas importantes de votos, aunque siguen conservando bases electorales significativas no se sabe por cuánto tiempo dada la velocidad de los cambios que van tomando cuerpo en el mapa político español. Ya advertía en mi comentario de la semana pasada que, si se producían movimientos no esperados entre los abstencionistas, habría cambios, y eso es lo que ha ocurrido en las regiones ricas o núcleos urbanos importantes, junto con el retraimiento en las demás. Con ello han quedado desmentidas de un plumazo las tesis acerca de la inconsistencia y falta de solidez de los movimientos políticos nacidos de la insatisfacción. De momento, cuentan con el apoyo de segmentos amplios de electores, sobre todo urbanos, y es previsible que su vis atractiva los incremente con vistas a las elecciones generales si no cometen errores de bulto y los partidos dinásticos permanecen instalados en sus prácticas inveteradas.

Por encima de la propaganda, de la macroeconomía, de la jerigonza de los mercados y, en fin, de toda esa parafernalia importada, la realidad que viven y sufren los españoles no hay manera de ocultarla

La realidad no hay forma de ocultarla

Las poderosas inercias y la abrumadora intoxicación mediática no han tenido los efectos deseados, aunque es verdad que incluso a los que analizamos la evolución de los acontecimientos españoles nos asaltaban dudas acerca de la dirección de aquellos. Y es que resulta que por encima de la propaganda, de la macroeconomía, de la jerigonza de los mercados y, en fin, de toda esa parafernalia importada, la realidad que viven y sufren los españoles no hay manera de ocultarla. Raro es que exista alguna familia que no haya sufrido los zarpazos de la crisis, en especial el del paro, o que no haya visto succionados sus ahorros y rentas por la fiscalidad desbocada, en beneficio de un tinglado institucional manejado a su antojo por las oligarquías partidarias, sin la menor concesión al decoro público y a la honradez democrática. Han sido demasiados abusos y corrupciones que hasta para un país tan olvidadizo y paciente como el nuestro resultan imperdonables.

Los folios de la sentencia de la nación se siguen rellenando sin prisa pero sin pausa. En este sentido es digno de admiración el civismo con el que los españoles están utilizando el bisturípara ir sajando, elección tras elección, el enorme tumor de corrupciones e inepcias que ha devuelto a España a la línea de salida de sus primeros balbuceos democráticos. No cabe engañarse, casi todo está por hacer para oprobio de quienes han defraudado la confianza del pueblo español y para acicate de esos nuevos partidos que se van implantando en el territorio nacional. Más allá de la expectación que despiertan, habrá que conocer cuáles son sus pretensiones para aplaudirlas o criticarlas. Pronto comprobaremos su grado de inteligencia política para administrar las primeras paletadas de confianza recibidas, así como su impermeabilidad ante los cantos de sirena y la llegada en tropel de arribistas mil.

No es revolución, es una simple revuelta política

Contra lo que se quiere hacer ver, los hipotéticos acuerdos de gobierno no serán rápidos ni fáciles, porque tanto Ciudadanos como Podemos se imaginan el riesgo que corren dando sus votos a gobiernos o consistorios que ellos no presidan o en los que participen. Probablemente sus exigencias serán sencillas y claras, difíciles de tragar para los instalados, como se está comprobando en Andalucía, razón por la que deberán acompañarlas de pedir en algunos casos las alcaldías o presidencias regionales que correspondan, no por conseguir sillones, sino por ejercer el control directo de las tareas de gobierno. Ya lo he dicho otras veces, pasar el fielato de las investiduras tiene en el sistema español una importancia trascendental, porque la remoción de los investidos suele ser casi misión imposible, más o menos como intentar reformar la Constitución.

No se alarmen: ahora no existe ningún Miguel Maura que arrastre a sus compañeros del Gobierno Provisional a tomar Gobernación ni un Alcalá-Zamora que pida la marcha del Rey antes de la puesta de sol

Sobre el papel el mapa político de las grandes ciudades españolas parece más radical que el del 14 de abril de 1931 cuando la conjunción-republicano socialista ganó en las capitales de provincia, pero no se alarmen: ahora no existe ningún Miguel Maura que arrastre a sus compañeros del Gobierno Provisional a tomar Gobernación ni un Alcalá-Zamora que pida la marcha del Rey antes de la puesta de sol. De momento, el objetivo es mandar a casa a un tropel de alcaldes y presidentes regionales del Partido Popular, acompañados de sus cohortes de cesantes. Algunos ya están entonando el canto De profundis.

En días sucesivos iremos conociendo más cosas, porque el ruedo está en ebullición, aunque no creo que estemos ante un proceso revolucionario, sino ante una revuelta política entre partidos decrépitos y otros que nacen, que alcanzará su clímax en las nuevas Cortes Generales cuando se miren a la cara unos y otros y se pregunten cómo hincar el diente a la crisis española ¡Casi nada! 


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